MIAMI.- Angelina Jolie le ha puesto demanda de divorcio a Billy Bob Thornton. Estos dos se tatuaron sus nombres en la epidermis; llevaban al cuello relicarios con sangre intercambiada, y adoptaron un niño en Cambodia, 10 días antes de separarse definitivamente. De nada valió todo lo anterior, porque ella se había ganado un Oscar.
A la chismografía de Hollywood, no hay que darle mucho pie para que se invente una nueva leyenda. Pero el divorcio de Angelina ha puesto de moda otra de las maldiciones que le atribuyen al premio de la Academia. Inmediatamente surgieron investigaciones detectivescas acerca de los matrimonios de recientes "oscareadas??.
Un informe especial sobre el tema publicó ayer el diario de esta ciudad "El Nuevo Heraldo".
De Hilary Swank se rumora que se ha entrevistado con consejeros conyugales para salvar su relación con Chad Lowe, amenazada porque la carrera de ella está en alza.
A Halle Berry le descubrieron una separación temporal con el cantante Eric Benet, surgida cuando él tuvo una cita romántica con su ex novia, Julia Riley. Halle se enteró y decidió perdonarlo, pero no antes de que Benet ingresara en una clínica para tratamientos a la adicción sexual. Demasiado pintoresco para ser enteramente verosímil, pero las coincidencias entre divorcios y los Oscar también son demasiadas.
Del amor a la pelea
Kim Basinger andaba bien con Alec Baldwin hasta que la premiaron por "L.A. Confidential". A partir de entonces empezaron a pelear y ella terminó mudándose a un hotel. Helen Hunt había vivido durante años con Hank Azaria. La noche en que obtuvo el trofeo por "As Good as it Gets", Helen le dio las gracias por su amor y su apoyo, públicamente, desde el escenario. Helen y Hank no se habían preocupado de casarse, porque la unión les parecía tan sólida que no necesitaba confirmación de papeleo. Poco después del Oscar, decidieron formalizar promesa ante notario. A los ocho meses ya estaban separados y, al año, divorciados.
Julia Roberts se pasó cuatro años junto a Benjamin Bratt. Proclamaba que era el amor de su vida y que su relación, a pesar de su fama de novia arrepentida ante al altar, esta vez iba en serio. Fue Ben quien la acompañó casi hasta el borde del escenario cuando a ella la premiaron por "Erin Brockovich". Pronto estalló el bombazo. Roberts y Bratt andaban cada uno por su lado.
Seguían siendo amigos, pero él confesó que no le era posible adaptarse a vivir rodeado de reporteros y fotógrafos, persiguiéndolo en compañía de Julia. Por aquel entonces, Ben filmó con Talia Soto, se enamoraron y se casaron. Julia, por su parte, no se iba a quedar así como así, compuesta y sin novio. Rápidamente apareció en su vida el camarógrafo Danny Moder, casado con una maquilladora que, con igual rapidez, desapareció de su lado. (Especial)
La fama nació con la segunda entrega
MIAMI.- La leyenda nació desde muy temprano, en 1929, cuando la Academia entregó por segunda vez su estatuilla, a la que entonces ni siquiera habían bautizado con el nombre de Oscar. Douglas Fairbanks era presidente de la recién fundada Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, título algo rimbombante para algo que no era más que un club de gente de cine, interesada en premiarse unos a otros.
En 1928 la primera ganadora fue Janet Gaynor y en 1929 fue Mary Pickford por Coquette. Pickford era la esposa de Fairbanks y corrieron rumores de que no se merecía el premio y de que su marido, desde su posición de poder, había exigido adjudicárselo.
El matrimonio de las dos grandes luminarias parecía inconmovible, tanto como la enorme mansión que construyeron con el nombre de Pickfair, que unía las primeras sílabas de sus apellidos.
La estatuilla del hombre desnudo, espada en mano, se anotó el primer sablazo: Doug y Mary se divorciaron al año siguiente.
En Hollywood, cuando no hay datos para probar una teoría, da lo mismo porque se los inventan. Otros alegados divorcios provocados por Oscares son: Ginger Rogers y Lew Ayres; Joan Fontaine y Brian Aherne; Jane Wyman y Ronald Reagan; Audrey Hepburn y Mel Ferrer; Julie Andrews y Tony Walton; Maggie Smith y Robert Stephens. (Especial)
A la chismografía de Hollywood, no hay que darle mucho pie para que se invente una nueva leyenda. Pero el divorcio de Angelina ha puesto de moda otra de las maldiciones que le atribuyen al premio de la Academia. Inmediatamente surgieron investigaciones detectivescas acerca de los matrimonios de recientes "oscareadas??.
Un informe especial sobre el tema publicó ayer el diario de esta ciudad "El Nuevo Heraldo".
De Hilary Swank se rumora que se ha entrevistado con consejeros conyugales para salvar su relación con Chad Lowe, amenazada porque la carrera de ella está en alza.
A Halle Berry le descubrieron una separación temporal con el cantante Eric Benet, surgida cuando él tuvo una cita romántica con su ex novia, Julia Riley. Halle se enteró y decidió perdonarlo, pero no antes de que Benet ingresara en una clínica para tratamientos a la adicción sexual. Demasiado pintoresco para ser enteramente verosímil, pero las coincidencias entre divorcios y los Oscar también son demasiadas.
Del amor a la pelea
Kim Basinger andaba bien con Alec Baldwin hasta que la premiaron por "L.A. Confidential". A partir de entonces empezaron a pelear y ella terminó mudándose a un hotel. Helen Hunt había vivido durante años con Hank Azaria. La noche en que obtuvo el trofeo por "As Good as it Gets", Helen le dio las gracias por su amor y su apoyo, públicamente, desde el escenario. Helen y Hank no se habían preocupado de casarse, porque la unión les parecía tan sólida que no necesitaba confirmación de papeleo. Poco después del Oscar, decidieron formalizar promesa ante notario. A los ocho meses ya estaban separados y, al año, divorciados.
Julia Roberts se pasó cuatro años junto a Benjamin Bratt. Proclamaba que era el amor de su vida y que su relación, a pesar de su fama de novia arrepentida ante al altar, esta vez iba en serio. Fue Ben quien la acompañó casi hasta el borde del escenario cuando a ella la premiaron por "Erin Brockovich". Pronto estalló el bombazo. Roberts y Bratt andaban cada uno por su lado.
Seguían siendo amigos, pero él confesó que no le era posible adaptarse a vivir rodeado de reporteros y fotógrafos, persiguiéndolo en compañía de Julia. Por aquel entonces, Ben filmó con Talia Soto, se enamoraron y se casaron. Julia, por su parte, no se iba a quedar así como así, compuesta y sin novio. Rápidamente apareció en su vida el camarógrafo Danny Moder, casado con una maquilladora que, con igual rapidez, desapareció de su lado. (Especial)
La fama nació con la segunda entrega
MIAMI.- La leyenda nació desde muy temprano, en 1929, cuando la Academia entregó por segunda vez su estatuilla, a la que entonces ni siquiera habían bautizado con el nombre de Oscar. Douglas Fairbanks era presidente de la recién fundada Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, título algo rimbombante para algo que no era más que un club de gente de cine, interesada en premiarse unos a otros.
En 1928 la primera ganadora fue Janet Gaynor y en 1929 fue Mary Pickford por Coquette. Pickford era la esposa de Fairbanks y corrieron rumores de que no se merecía el premio y de que su marido, desde su posición de poder, había exigido adjudicárselo.
El matrimonio de las dos grandes luminarias parecía inconmovible, tanto como la enorme mansión que construyeron con el nombre de Pickfair, que unía las primeras sílabas de sus apellidos.
La estatuilla del hombre desnudo, espada en mano, se anotó el primer sablazo: Doug y Mary se divorciaron al año siguiente.
En Hollywood, cuando no hay datos para probar una teoría, da lo mismo porque se los inventan. Otros alegados divorcios provocados por Oscares son: Ginger Rogers y Lew Ayres; Joan Fontaine y Brian Aherne; Jane Wyman y Ronald Reagan; Audrey Hepburn y Mel Ferrer; Julie Andrews y Tony Walton; Maggie Smith y Robert Stephens. (Especial)







