14 Junio 2006 Seguir en 
LONDRES.- El festival de la Isla de Wight, en el Reino Unido, ha vuelto a aparecer en la lista de los más importantes de su tipo, más de 35 años después de que nombres como Jimi Hendrix y The Doors congregaron en ese evento musical a cientos de miles de sus fans.
Cuando unos 600.000 hippies viajaron a la Isla de Wight durante el festival de 1970, la multitud derribó las cercas del recinto del evento como protesta contra los "cerdos capitalistas" que les querían cobrar tres libras esterlinas (U$S 5,53 de hoy) por la entrada. Pero hoy el panorama es otro. Unas 60.000 personas disfrutaron de la modalidad moderna del festival este semana pagando entradas de unos U$S 194 y con la cerca intacta y no demasiados hippies a la vista.
Ambas versiones consisten en un prado con un escenario, pero la calidad del sonido ha mejorado y las pantallas gigantes aparecieron. Los concurrentes proceden hoy de todos los estratos de la sociedad.
Ahora no hubo carencia de comida o bebida ni de pabellones de venta de gastronomía internacional. Quizás algunos de los asistentes a este festival no lo haya notado, pero en las últimas décadas las facilidades sanitarios de los baños también han mejorado.
Un visitante de la década de los setenta se horrorizaría ante la prominencia en el festival de marcas internacionales como Carling, Nokia y Virgin. Hasta la cadena Mark & Spencer tuvo su puesto de mercadería y comida para llevar. Y los cajeros automáticos, los empleados de seguridad y la visión de los automóviles estacionados quizás resulte extraña para alguien proveniente de la era hippie.
Las primeras ediciones fueron en 1968, 1969 y 1970, y hubo una interrupción hasta 2002. Junto con el de Woodstock fue considerado el reflejo de la contracultura y del movimiento hippie. (Especial)
Cuando unos 600.000 hippies viajaron a la Isla de Wight durante el festival de 1970, la multitud derribó las cercas del recinto del evento como protesta contra los "cerdos capitalistas" que les querían cobrar tres libras esterlinas (U$S 5,53 de hoy) por la entrada. Pero hoy el panorama es otro. Unas 60.000 personas disfrutaron de la modalidad moderna del festival este semana pagando entradas de unos U$S 194 y con la cerca intacta y no demasiados hippies a la vista.
Ambas versiones consisten en un prado con un escenario, pero la calidad del sonido ha mejorado y las pantallas gigantes aparecieron. Los concurrentes proceden hoy de todos los estratos de la sociedad.
Ahora no hubo carencia de comida o bebida ni de pabellones de venta de gastronomía internacional. Quizás algunos de los asistentes a este festival no lo haya notado, pero en las últimas décadas las facilidades sanitarios de los baños también han mejorado.
Un visitante de la década de los setenta se horrorizaría ante la prominencia en el festival de marcas internacionales como Carling, Nokia y Virgin. Hasta la cadena Mark & Spencer tuvo su puesto de mercadería y comida para llevar. Y los cajeros automáticos, los empleados de seguridad y la visión de los automóviles estacionados quizás resulte extraña para alguien proveniente de la era hippie.
Las primeras ediciones fueron en 1968, 1969 y 1970, y hubo una interrupción hasta 2002. Junto con el de Woodstock fue considerado el reflejo de la contracultura y del movimiento hippie. (Especial)







