14 Junio 2006 Seguir en 
El música y la danza santiagueñas tendrán una fiesta de lujo esta noche a las 22, en el teatro Alberdi. Peteco Carabajal, que celebra 30 años con la música, presentará su reciente disco doble, y estará acompañado por “El bailarín de los montes”, Juan Saavedra.
El espectáculo viene siendo presentado en diferentes partes del país, y con notable repercusión.
“La danza tiene que ser felicidad y diversión; y, aunque dominen los intereses profesionales, uno siempre debe sentir placer al bailar”, le dijo a LA GACETA Saavedra en una conversación telefónica. Su presencia en esta ciudad ha despertado una gran expectativa. Y no podría ser menos, ya que con sus 62 años, el santiagueño sigue deslumbrando desde los escenarios en todos los lugares en los que se presenta; en el país o en Europa, donde permaneció gran parte de su vida, hasta cuando regresó a su Santiago natal.
Esta noche, bailará en las dos partes en que está dividido el show: en la primera, cuando se presenten los temas nuevos de Carabajal, y en la segunda, cuando realice el recorrido por sus canciones más conocidas.
“Mientras se tenga un estado emocional permanente y alguna condición física que acompañe, no hay límite de edad para bailar”, respondió ante una pregunta. Agregó que el único límite lo pone la condición corporal “que hace bajar la parte emocional”. De todos modos, admitió: “hay que adaptar la danza en el tiempo en que se expresa. Hoy no puedo hacer las cosas que hacía a los 20 años, pero no porque no pueda físicamente, sino porque soy distinto”.
Forma de ser
Amante de las chacareras y también de los ritmos lentos, pero expresivos y con cierta belleza, “El Bailarín de los Montes”, indica que el folclore siempre está vivo, “porque es nuestra forma de ser como pueblo; y se actualiza porque cada cosa se expresa en relación con su propio tiempo”. En otras palabras, prefiere denominar su trabajo como danza fusión o de proyección.
Como un juego
“¿Cómo se plantea su danza con la contemporaneidad?”, se le preguntó. “Pasa por un estado de vibración y por el dominio y la maestría de los pasos. Uno ha crecido, y esos pasos son realizados más asumidos, más tranquilos, y tomados como un juego. Y eso es lo interesante, poder divertirse, a través de ese estado de liviandad, libertad y espontaneidad”, describió. En ese sentido, aclaró que las coreografías que desarrolla están hechas con un estilo que no responden a lo ortodoxo. “Sí responden a una estética particular, que es la del impulso de las emociones”, afirmó.
Fue en ese momento del diálogo cuando Saavedra aseguró: “la danza tiene que ser felicidad y diversión; tiene que ser un placer. Aunque a veces uno tenga que interpretar situaciones densas, no puede dejar de ser un placer”.
Inicios
El dice que el público lo acepta porque en cada presentación entrega su corazón y su alma.
Cuando tiene que recordar sus inicios, comentó que comenzó a bailar desde muy chico: “debe ser que ya tenía esta herencia, de los sentimientos de mi padre y de mi mamá; ellos vienen de familias amantes del folclore. Mi padre viene de una familia de Loreto; a ellos siempre les ha gustado el folclore y eran parte del acervo cultural santiagueño. Para mi mamá también. El baile era parte de mi familia”, recordó.
El espectáculo viene siendo presentado en diferentes partes del país, y con notable repercusión.
“La danza tiene que ser felicidad y diversión; y, aunque dominen los intereses profesionales, uno siempre debe sentir placer al bailar”, le dijo a LA GACETA Saavedra en una conversación telefónica. Su presencia en esta ciudad ha despertado una gran expectativa. Y no podría ser menos, ya que con sus 62 años, el santiagueño sigue deslumbrando desde los escenarios en todos los lugares en los que se presenta; en el país o en Europa, donde permaneció gran parte de su vida, hasta cuando regresó a su Santiago natal.
Esta noche, bailará en las dos partes en que está dividido el show: en la primera, cuando se presenten los temas nuevos de Carabajal, y en la segunda, cuando realice el recorrido por sus canciones más conocidas.
“Mientras se tenga un estado emocional permanente y alguna condición física que acompañe, no hay límite de edad para bailar”, respondió ante una pregunta. Agregó que el único límite lo pone la condición corporal “que hace bajar la parte emocional”. De todos modos, admitió: “hay que adaptar la danza en el tiempo en que se expresa. Hoy no puedo hacer las cosas que hacía a los 20 años, pero no porque no pueda físicamente, sino porque soy distinto”.
Forma de ser
Amante de las chacareras y también de los ritmos lentos, pero expresivos y con cierta belleza, “El Bailarín de los Montes”, indica que el folclore siempre está vivo, “porque es nuestra forma de ser como pueblo; y se actualiza porque cada cosa se expresa en relación con su propio tiempo”. En otras palabras, prefiere denominar su trabajo como danza fusión o de proyección.
Como un juego
“¿Cómo se plantea su danza con la contemporaneidad?”, se le preguntó. “Pasa por un estado de vibración y por el dominio y la maestría de los pasos. Uno ha crecido, y esos pasos son realizados más asumidos, más tranquilos, y tomados como un juego. Y eso es lo interesante, poder divertirse, a través de ese estado de liviandad, libertad y espontaneidad”, describió. En ese sentido, aclaró que las coreografías que desarrolla están hechas con un estilo que no responden a lo ortodoxo. “Sí responden a una estética particular, que es la del impulso de las emociones”, afirmó.
Fue en ese momento del diálogo cuando Saavedra aseguró: “la danza tiene que ser felicidad y diversión; tiene que ser un placer. Aunque a veces uno tenga que interpretar situaciones densas, no puede dejar de ser un placer”.
Inicios
El dice que el público lo acepta porque en cada presentación entrega su corazón y su alma.
Cuando tiene que recordar sus inicios, comentó que comenzó a bailar desde muy chico: “debe ser que ya tenía esta herencia, de los sentimientos de mi padre y de mi mamá; ellos vienen de familias amantes del folclore. Mi padre viene de una familia de Loreto; a ellos siempre les ha gustado el folclore y eran parte del acervo cultural santiagueño. Para mi mamá también. El baile era parte de mi familia”, recordó.







