En "Opereta", la revolución amenaza a la aristocracia

El Elenco Estable de la Provincia estrenó la segunda obra de la temporada. Los conflictos que plantea Witold Gombrowicz son universales, pero lo hace desde un humor con el que retrata a una clase social. La propuesta es provocadora.

UNA PLEBEYA ACOSADA. En una de las escenas, aparecen Andrea Barbá (Albertina), Oscar Zamora (Néstor Fior) y Marcos Acevedo (Agenor).
UNA PLEBEYA ACOSADA. En una de las escenas, aparecen Andrea Barbá (Albertina), Oscar Zamora (Néstor Fior) y Marcos Acevedo (Agenor).
13 Junio 2006
Cuando se ingresa en la sala, los sones del himno de la Internacional se confunden con las primeras notas con que arranca la banda en vivo; hay personajes que ya están desplazándose en los costados de la platea: se advierte que la obra ya se inició cuando los espectadores buscan sus asientos. Entre la estupidez y la inteligencia, y entre la máscara y la desnudez, la pieza de Gombrowicz permite abordar, desde la banalidad, relevantes cuestiones sociales y la dificultad del ser humano de asumirse tal como es.
"Opereta" de Witold Gombrowicz, bajo la dirección de Rodolfo Pacheco, fue el segundo estreno del Teatro Estable en la temporada: en ella todo respira a revolución. Y se trata de una propuesta provocadora: tanto desde el texto como de la propia puesta. Los sucesos que ocurren en ese lugar imaginario llamado Himalay no sólo dan cuenta de un proceso revolucionario en marcha, sino que plantean un retrato de clase: la aristocracia, con sus príncipes y princesa, condes, barón y marquesa, y su séquito (donde no faltan el banquero, el cura y el general). Mientras esa clase ocupa el espacio central del escenario, con sus disquisiciones cotidianas plenas de frivolidades tales como la moda, en el espacio marginal (en los costados de la platea) surge la amenaza de la revolución, a través de ciertos personajes. Al director le basta incorporar algunas fotografías en la acción para dar cuenta de este proceso. Con diálogos escatológicos, desfachatados e irreverentes, otro de los nudos que se plantean en la estructura es la situación de Albertina, deseada por el conde Agenor y el barón Firulet: la hija del tendero, finalmente, no pertenecerá a ninguno de ellos y resucitará, desnuda, al final de la puesta.
Beatriz de Parolo destacó el esfuerzo del director Rodolfo Pacheco: "es un gran trabajo que se sostiene mucho, pero evidentemente es una obra para un público joven que busca nuevos lenguajes y que no se escandaliza". "Opereta -prosiguió- es una pieza densa que entra por el intelecto; desde allí se pueden observar distintos registros de lengua. Creo que, a pesar de ser una obra muy literaria, podría agilizarse el ritmo en algunos momentos, y Pacheco atreverse a intervenir más en el texto". Eduardo Vardiero dijo que la actuación de Oscar Zamora le gustó, pero opinó que le pareció forzado el uso de los medios audiovisuales (proyecciones de textos y de escenas sobre la pared de fondo del escenario). A Raúl Reyes le pareció muy bueno que se rescate a Gombrowicz, y que el Estable "se meta en este trabajo". "La puesta fue interesante y poderosa; estuvo muy jugada, al igual que el dispositivo escénico, y el manejo de los actores y actrices", precisó.

ACTUAN: Oscar Zamora, Andrea Barbá, Héctor Marcaida, Gonzalo Véliz, Marcos Acevedo, Jorge García, Ricardo Podazza, Iván Balsa, Noé Andrade, Andrés D?Andrea, Nelson Alfonso, Marcelo Bianco, Marta Montolfo, Rubén Avila y Facundo Vega Ancheta.

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