El padre de Conti cree en la inocencia de su hijo

El hombre relató las actividades que realizó con su familia cuando se cometieron los crímenes y discutió con la hermana de una de las víctimas.

SALA DE AUDIENCIAS. Carlos Conti habla ante los magistrados. Atrás, a la izquierda, su hijo, junto a sus abogados. LA GACETA / FRANCO VERA
SALA DE AUDIENCIAS. Carlos Conti habla ante los magistrados. Atrás, a la izquierda, su hijo, junto a sus abogados. LA GACETA / FRANCO VERA
10 Junio 2006
Lo único que no le gustaba a Carlos Conti de su hijo, de igual nombre, eran los amigos. “Esos no son amigos. No me gusta que estés con ellos”, afirmó ayer que le dijo al acusado de haber matado a dos remiseros en los primeros meses de 2004. Luego vendió los autos para comprar droga con el dinero obtenido, según la investigación preliminar que realizó la Justicia. La de ayer fue la última audiencia de la semana; el juicio continuará el viernes.
Conti fue el tercero de los testigos que desfilaron ayer ante los jueces Francisco Ruiz Vargas, Marta Cavalloti y Emilio Páez de la Torre, de la sala VI de la Cámara Penal. A Conti no le tomaron el juramento de rigor respecto de decir la  verdad ya que, como el imputado es su hijo, se lo exime de esa obligación.
La declaración fue seguida atentamente por los familiares de los remiseros Carlos Salazar y Claudio Marcelo Pereyra. Sobre todo los de este último, que estaban sentados en la primera fila. A diferencia de las sesiones anteriores, cuando Conti (h) permaneció inmutable y miró fijamente a los testigos, en la de ayer, mientras escuchaba a su padre, mantuvo la cabeza gacha durante gran parte del testimonio.

Todos los detalles
Conti padre hizo un relato pormenorizado de todo lo que él y su familia hicieron en momentos en los que mataban a Salazar de un disparo en la nuca, presuntamente el 1 de enero. “Aquel día, como a las 2, mientras mirábamos los fuegos artificiales en nuestra casa de Yerba Buena, mi hijo me dijo que lo habían invitado a una fiesta en Río Colorado, donde tenemos la finca, y me convenció de que lo llevara. Yo mismo lo fui a buscar al mediodía, ya que íbamos a subir a nuestra casa de Tafí del Valle”, recordó. Conti dio varios detalles y criticó la actuación de la Policía. “Hacían allanamientos y se paseaban por la casa como si no les importaran los vecinos. No sé si me robaron o si rompieron algo. Fue una situación muy fea”, aseguró. También dijo que un conocido abogado le había pedido $ 20.000 para arreglar la situación de su hijo, cuando ya estaba detenido. “No acepté, ya que estaba seguro de que él no había hecho nada de lo que dicen”, afirmó.
A medida que declaraba, Conti comenzó a enojarse. Tanto que, cuando ya estaba terminando, advirtió que tanto él como sus hijos tenían armas, que sabían usarlas y que no dudarían en defenderse si se sentían avasallados. Ante esto, Silvia Núñez, media hermana de Pereyra, exigió a gritos que Conti (h) sea condenado a perpetua. “Es un asesino”, dijo, y se produjo un enfrentamiento verbal con el padre del imputado. En un primer momento pareció que ambas personas llegarían a agredirse físicamente, pero esto afortunadamente no sucedió. De todos modos, había tres policías en la sala. Mientras tanto, la madre del remisero Pereyra, Eva Pereyra de Núñez, lloraba amargamente, aferrada a la foto de su hijo, que lleva a todas las audiencias.

Pedido denegado
Luego de la pelea, Ruiz Vargas dio por terminado el debate “teniendo en cuenta la hora” (eran las 13). Esto provocó el enojo de la fiscal de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, quien quería que declarara el hermano de Conti, Augusto. Esperaba a que el joven no tuviera oportunidad de dialogar con su padre, quien podría comentarle lo que él había dicho ante los jueces.  Los testigos de una audiencia se mantienen separados, justamente para evitar que las palabras de uno influyan en el otro, o, en casos como este, que puedan llegar a ponerse de acuerdo en lo que declaren. Sin embargo, y luego de mirar nuevamente su reloj, Ruiz Vargas -presidente de la sala- negó el pedido de la fiscal y dio por terminado el debate sin más discusiones.