01 Junio 2006 Seguir en 
Brandon Lang es un ex jugador de fútbol americano universitario. Las lesiones marcaron su destino deportivo pero no todo está tan mal en su vida, porque tiene una extraña habilidad para acertar los ganadores de los partidos.
Brandon se dedica a grabar pronósticos de partidos para una especie de 0-600 y, como generalmente da en el blanco, llama la atención de Walter Abrams, quien dirige una asesoría de apuestas en Nueva York y ve en él a una gallina de huevos de oro.
Contratado por Walter, Brandon viaja a la gran ciudad y muy pronto demuestra con creces sus condiciones para el negocio.
En el camino, Walter y él entablan una relación compleja signada por las fluctuaciones de carácter del primero, antiguamente un jugador empedernido, y las dudas que la riesgosa actividad generan en el segundo (forzado a adoptar un alter ego de nombre más ganador: John Anthony).
Con programa de televisión propio y toda la plata habida y por haber a su disposición, la dupla goza de las mieles del éxito por un tiempo hasta que la aparición de un magnate apostador (Armand Assante) y algunos pálpitos malogrados de Brandon (o John Anthony, según se quiera) empiezan a mostrar ciertas grietas insalvables entre ambos.
En este contexto la bella y cándida esposa de Walter, Toni (interpretada por la siempre entrañable René Russo), se convierte en una pieza invalorable para interceder, mediar y calmar las aguas cuando la situación así lo demanda. El final es abierto y promete dejar al espectador con la boca abierta.
Brandon se dedica a grabar pronósticos de partidos para una especie de 0-600 y, como generalmente da en el blanco, llama la atención de Walter Abrams, quien dirige una asesoría de apuestas en Nueva York y ve en él a una gallina de huevos de oro.
Contratado por Walter, Brandon viaja a la gran ciudad y muy pronto demuestra con creces sus condiciones para el negocio.
En el camino, Walter y él entablan una relación compleja signada por las fluctuaciones de carácter del primero, antiguamente un jugador empedernido, y las dudas que la riesgosa actividad generan en el segundo (forzado a adoptar un alter ego de nombre más ganador: John Anthony).
Con programa de televisión propio y toda la plata habida y por haber a su disposición, la dupla goza de las mieles del éxito por un tiempo hasta que la aparición de un magnate apostador (Armand Assante) y algunos pálpitos malogrados de Brandon (o John Anthony, según se quiera) empiezan a mostrar ciertas grietas insalvables entre ambos.
En este contexto la bella y cándida esposa de Walter, Toni (interpretada por la siempre entrañable René Russo), se convierte en una pieza invalorable para interceder, mediar y calmar las aguas cuando la situación así lo demanda. El final es abierto y promete dejar al espectador con la boca abierta.







