26 Mayo 2006 Seguir en 
Primero aparecieron el desconcierto y la búsqueda. Días después, la desolación. A los amigos de Paulina Lebbos les cuesta procesar que ella ya no volverá a compartir con ellos las horas de estudio ni las salidas de los sábados a la noche. “Aún no lo puedo creer. Lo que le pasó a Paulina es todavía como un sueño, como si fuera una mentira”, cuenta Pamela Pavón, compañera y amiga desde que ingresaron a la Facultad de Filosofía y Letras a estudiar Ciencias de la Comunicación. “Además de dolor, siento bronca. Ella no está descansando en paz, porque no se hizo justicia. Pasaron tres meses y aún no sabemos la verdad”, agrega y asegura que por ese motivo el reclamo callejero va a seguir. El movimiento se hizo más grande, y marcha tras marcha se fueron sumando carteles y fotos de víctimas de muertes violentas. “El fin de semana anterior habíamos salido juntas -recuerda-. El domingo en que desapareció, Vicky (Virginia Mercado, la amiga con la que tomó el remise) me avisó que Paulina no había llegado a su casa. En un primer momento pensé que se había quedado con el novio, sin avisar en su casa. Nunca creí que podía haberle pasado algo tan grave”.
El martes 28 ya se sabía que la joven estaba desaparecida. “Ese día rendíamos un parcial de Publicidad. Antes del examen, pedí permiso al profesor para comentar a mis compañeros lo que estaba pasando. Decidimos cortar la avenida Benjamín Aráoz y marchar a la plaza Independencia. De alguna forma teníamos que colaborar con la familia para encontrarla”, cuenta.
Así surgió, de manera casi espontánea y con no más de 80 personas, la primera movilización. Pronto se sumaron alumnos de otras carreras, convocados por el Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras.
Los martes
“Conservamos la costumbre de convocar a la marcha los martes, aunque las primeras dos semanas también marchamos los viernes, con la esperanza de que eso sirviera para encontrarla. Repartimos volantes e hicimos afiches con su cara, por si alguien podía aportar datos”, cuenta Pamela.
“La única consigna en esas primeras marchas fue ‘Paulina, ¿dónde estás?’ -recuerda Gustavo Sáenz, delegado de la carrera de Ciencias de la Comunicación-. Nos juntamos en un anfiteatro a discutir qué hacer. Uno de los chicos hizo un panfleto y lo fotocopió. Otros pusimos afiches, con la idea de que los ciudadanos se enteraran”.
El 11 de marzo cambió todo: Paulina fue encontrada en un zanjón de Tapia, estrangulada.
El lunes siguiente, cientos de personas asistieron conmovidos al velatorio y al entierro. Además de sus familiares, sus compañeros y amigos, fueron alumnos de otras carreras y autoridades de la facultad. Una gran bandera negra con la leyenda “Justicia por Paulina” encabezó la marcha del día siguiente. También ese día se encendieron las primeras velas en su memoria, sobre las escalinatas de la Casa de Gobierno.
Elena Soria, presidenta del Centro de Estudiantes, sostiene que lo que le pasó a Paulina le podría haber sucedido a cualquiera. “La inseguridad nos toca a todos. Viene de arriba; es un problema del Estado, que permite que estas cosas pasen, que no responde a las denuncias, que encubre ”, afirma.
“El reclamo principal sigue siendo el esclarecimiento del crimen de Paulina. Pero esto ya nos sobrepasó. El martes se sumó el caso de impunidad número 52 -dice Soria-. Y en un gran porcentaje de esos casos están involucrados policías”.
Por eso, asegura, la solución no está en poner más policías en las calles, en cerrar los boliches temprano ni en endurecer las penas para los delincuentes. “Las marchas además sirvieron para hacer presión respecto de otros casos de impunidad. Muchos familiares nos cuentan que sus causas empezaron a avanzar a partir de que se sumaron a nosotros con las fotos y los carteles de sus víctimas”, afirma. Ellos, como los padres y los amigos de Paulina, también buscan que sus seres queridos puedan descansar en paz.
PUNTO DE VISTA I
El asesino sabe que tiene suerte
Eduardo Moreno
Defensor de César Soto
A pesar de que han pasado tres meses de la desaparición de Paulina, hay muy pocos elementos que permitan suponer que se está cerca del esclarecimiento. Es uno de esos casos en los que el autor bien puede ser un psicópata que vive con un fuerte sentimiento de impunidad y sabe que hasta ahora la suerte lo está acompañando.
Nadie vio al asesino ni hubo testigo presencial del homicidio. Por eso hay muy pocos elementos probatorios en la causa. Se debe hacer un trabajo de Inteligencia muy exhaustivo, que permita que alguna persona se quiebre y pueda decir la verdad. Tengo esperanzas de que se esclarezca el caso y creo que es exactamente la misma que tiene toda la sociedad. Pero desde ya, todos tienen que tomar conciencia de que esto no será sencilla y llevará bastante tiempo.
PUNTO DE VISTA II
Se desperdició información
Mario Leiva
Defensor de Enrique García
En la causa no existe ninguna pista firme que indique quién puede ser el asesino de Paulina. Durante las primeras semanas de investigación se desperdició mucha información porque no había una sola teoría concreta sobre cómo había ocurrido el hecho.
No se le tomó declaración al personal del boliche adonde fue a bailar a Paulina con sus amigos, quienes tampoco dieron a conocer su testimonio. Lo que aún no está claro es si se obró así por negligencia o si realmente se pretendía esconder algo. El caso también desnudó la ausencia de prevención policial en la zona del ex Abasto, y la falta de control y el desorden que reina en el ámbito de los remises. Espero que el caso se esclarezca, pero tengo muchas dudas que así ocurra, porque está claro que aquí hay muchísimos intereses mezclados.
PUNTO DE VISTA III
Algo se está ocultando
Tomás Robert
Defensor de la familia González-Acevedo
No es imposible que no se pueda descubrir la verdad porque haya encubrimiento. No es descabellado pensar que el autor pueda estar vinculado a un estrato cercano del poder o tener algún tipo de contacto con la Policía.
Después de analizar la causa, Alberto Lebbos parece tener razón cuando dice que los errores que se cometieron a lo largo de toda la investigación pueden haber sido cometidos a propósito.
Lamentablemente, tengo toda la sensación de que será muy difícil descubrir al asesino de Paulina. A tres meses de su desaparición, no hay ninguna pista firme que permita esclarecer el caso.
Y, lo que es peor aún, no hay ninguna prueba material para inculpar a algún sospechoso y por eso los investigadores buscan involucrar a inocentes.
PUNTO DE VISTA IV
Deben tomarse más medidas
Claudia Ramírez
Codefensora de Juan Cruzado
No existen pruebas que ayuden a sostener una hipótesis firme que ayude a esclarecer el caso, pero no es imposible que surjan aún elementos que ayuden a encontrar al responsable
El problema se plantea porque no se tomaron medidas que eran clave para tratar de encontrar al homicida. Por ejemplo, hasta el momento, la Justicia no ordenó un careo entre el remisero Juan Cruzado y Virginia Mercado.
La causa puede seguir avanzando hasta que se sepa la verdad, siempre y cuando se tomen testimonios para llegar a encontrar algún elemento, porque, evidentemente aquí hay gente que no quiere hablar o que no dijo todo lo que sabía.
Además, pienso que los resultados de los estudios toxicológicos pueden ser importantes.
PUNTO DE VISTA V
La pesquisa se demoró
Eduardo Guerineau
Defensor de Diego Nieva
Tengo la sensación de que, como en todos los casos importantes que se desencadenaron en la provincia, se está tratando de ocultar algo.
En esta causa se demoraron en tomar medidas clave, que hubieran favorecido el esclarecimiento del caso. Por ejemplo, recién ahora, a tres meses de haberse producido el hecho, se está hablando de las escuchas telefónicas. Si el Gobierno hubiera querido, hubiera podido pedirle a la Side colaboración, y en poco tiempo la Justicia habría tenido estas pruebas en su poder.
Creo que es muy difícil que se encuentre al culpable de este horrendo crimen. Ha pasado mucho tiempo desde que ocurrió y es poco probable que se investiguen cosas que no se analizaron durante las primeras 48 horas.
PUNTO DE VISTA VI
Demasiadas hipótesis
Alvaro Zelarayán
Abogado de la familia Jiménez
Creo que todavía no se llegó a descubrir al autor del homicidio a causa de la infinidad de hipótesis que se manejaron. Y como si eso fuera poco, no existe prueba contundente alguna contra las personas que, de una manera u otra, fueron involucradas en la causa.
Pienso que otro error que se cometió es haber hecho participar a tantas personas en la investigación.
La Dirección de Investigaciones, el D2, los ex comisarios, la Policía Federal y la Gendarmería trabajaron en el caso y, en muchos aspectos, no hay ningún resultado importante para el esclarecimiento del caso.
Por el bien de la familia de Paulina, y el de toda la sociedad tucumana, el asesino tiene que ser atrapado y condenado. Sería atroz que quede impune.









