26 Mayo 2006 Seguir en 
Si hasta hace un mes las hipótesis sobre lo ocurrido a Paulina Lebbos eran decenas, a tres meses de la desaparición de la estudiante la mayoría de los investigadores coincide en que se trata de un hecho circunstancial, cometido por un psicópata. Y casi con seguridad creen que puede haber sido el mismo conductor del remise que abordó con su amiga la mañana del 26 de febrero en la esquina del pasaje Gutiérrez y avenida Alem. Por ese motivo, la situación del remisero Juan Pedro Cruzado, que afirma haber sido él quien manejaba el auto, es complicada.
Los investigadores advierten que los datos más concretos de que se dispone en la causa son dos relatos: el de Virginia Mercado, la joven que viajó con Paulina en el remise hasta calle La Rioja 453, donde vive, y el de Cruzado. Aunque la joven Mercado no reconoció a Cruzado cuando declaró ni en la reconstrucción del hecho, quienes más apuntalan la hipótesis de que Cruzado está vinculado son los tres ex comisarios que el Gobierno contrató para que colaboren con el caso. Alfredo Jiménez, Marcial Escobar y Luis Santana realizaron un informe en el cual reflejaron sus sospechas sobre Cruzado y le pidieron al fiscal Carlos Albaca que lo detenga, propuesta que por el momento fue rechazada.
Ellos advierten que Cruzado modificó el aspecto de su auto, un Fiat Duna bordó, similar al descripto por Mercado: dicen que la pintura antióxido que se observa en los guardabarros y en las puertas traseras le fue aplicada al auto con posterioridad al 26 de febrero, y no a principios de año, como afirma el remisero. También dijeron que quitó las alfombras, el cubreasiento y hasta el botón para abrir la puerta trasera por la que, según afirma, subieron las estudiantes.
Aseguraron que Cruzado presionó a un pariente -su sobrino- para que denunciara el accidente en la seccional 3a como si hubiera ocurrido en los últimos días de diciembre. Y afirman que en su relato hay muchas contradicciones. También dicen que les resultó llamativo que el remisero se haya presentado a declarar el 6 de marzo, horas después de que el Gobierno anunció que entregaría una recompensa. Hay otro dato, que hasta el momento estaba sólo en poder de los investigadores: al menos cinco personas (tres menores y una pareja) dicen haber visto a un hombre golpeando a una joven dentro de un Fiat Duna bordó, en el parque 9 de Julio, el 26 de febrero a la mañana. Dos de esas personas están identificadas y ya declararon, y aún se busca a los otros tres, cuya versión llegó a la Justicia en forma de rumor.
La otra campana
Pero Cruzado, asesorado por sus abogados, se defiende, y no sólo refuta las versiones dadas por los policías sino que indica que lo único que quiere es colaborar en el caso, y que pretenden involucrarlo a él porque la Policía necesita "un chivo expiatorio". A LA GACETA, en su primera declaración periodística, le aseguró que es inocente. "Tengo todo para demostrarlo. Me gano la vida como remisero, no soy un asesino", afirmó.
La hipótesis de la Policía según la cual el mismo día en que desapareció Paulina la mataron y arrojaron el cuerpo a la vera de la ruta 341, en Tapia, choca contra el informe de Gendarmería Nacional, cuyos peritos indicaron que el cadáver fue colocado a propósito en ese lugar, pocos días antes de que lo encontraran, el 11 de marzo. Los tres investigadores contratados rechazan ese estudio, y afirman que el cuerpo estuvo siempre ahí. En lo que todos coinciden es en la forma en que murió la joven: el asesino la estranguló. Jiménez, Escobar y Santana creen que el crimen se produjo dentro de un auto y que el asesino usó una sola mano para tomar del cuello a la víctima.
Albaca analiza todo. Sabe que gran parte de la resolución del caso depende de lo que se encontró en la mano derecha de Paulina: un pelo que puede delatar al asesino.
"Me quedan muy pocos refugios donde protegerme. La verdad es que ya no sé qué hacer para que se avance con la investigación". Con un dejo de resignación en sus palabras, Alberto Lebbos, el padre de Paulina, transmitió sus sensaciones a tres meses de la desaparición de su hija. "Ya no puedo confiar en los poderes del Estado. De a uno, todos nos fueron abandonando. Primero el Ejecutivo, desde donde se protegió a los encubridores del crimen; después, de la Legislatura, que con su silencio se hizo cómplice y, finalmente, la Justicia, que se niega a investigar a todos los responsables de lo que pasó", enumeró. De todos modos, advirtió que se siente acompañado por muchísima gente, que le da fuerza para seguir luchando. "Un ejemplo de esto es lo que sucede los martes, cuando se acercan personas a quienes no conozco a manifestarme su apoyo. Además, así se conocen cada vez más casos de hechos impunes, por los cuales todos debemos seguir reclamando para que se haga justicia", concluyó.
Los investigadores advierten que los datos más concretos de que se dispone en la causa son dos relatos: el de Virginia Mercado, la joven que viajó con Paulina en el remise hasta calle La Rioja 453, donde vive, y el de Cruzado. Aunque la joven Mercado no reconoció a Cruzado cuando declaró ni en la reconstrucción del hecho, quienes más apuntalan la hipótesis de que Cruzado está vinculado son los tres ex comisarios que el Gobierno contrató para que colaboren con el caso. Alfredo Jiménez, Marcial Escobar y Luis Santana realizaron un informe en el cual reflejaron sus sospechas sobre Cruzado y le pidieron al fiscal Carlos Albaca que lo detenga, propuesta que por el momento fue rechazada.
Ellos advierten que Cruzado modificó el aspecto de su auto, un Fiat Duna bordó, similar al descripto por Mercado: dicen que la pintura antióxido que se observa en los guardabarros y en las puertas traseras le fue aplicada al auto con posterioridad al 26 de febrero, y no a principios de año, como afirma el remisero. También dijeron que quitó las alfombras, el cubreasiento y hasta el botón para abrir la puerta trasera por la que, según afirma, subieron las estudiantes.
Aseguraron que Cruzado presionó a un pariente -su sobrino- para que denunciara el accidente en la seccional 3a como si hubiera ocurrido en los últimos días de diciembre. Y afirman que en su relato hay muchas contradicciones. También dicen que les resultó llamativo que el remisero se haya presentado a declarar el 6 de marzo, horas después de que el Gobierno anunció que entregaría una recompensa. Hay otro dato, que hasta el momento estaba sólo en poder de los investigadores: al menos cinco personas (tres menores y una pareja) dicen haber visto a un hombre golpeando a una joven dentro de un Fiat Duna bordó, en el parque 9 de Julio, el 26 de febrero a la mañana. Dos de esas personas están identificadas y ya declararon, y aún se busca a los otros tres, cuya versión llegó a la Justicia en forma de rumor.
La otra campana
Pero Cruzado, asesorado por sus abogados, se defiende, y no sólo refuta las versiones dadas por los policías sino que indica que lo único que quiere es colaborar en el caso, y que pretenden involucrarlo a él porque la Policía necesita "un chivo expiatorio". A LA GACETA, en su primera declaración periodística, le aseguró que es inocente. "Tengo todo para demostrarlo. Me gano la vida como remisero, no soy un asesino", afirmó.
La hipótesis de la Policía según la cual el mismo día en que desapareció Paulina la mataron y arrojaron el cuerpo a la vera de la ruta 341, en Tapia, choca contra el informe de Gendarmería Nacional, cuyos peritos indicaron que el cadáver fue colocado a propósito en ese lugar, pocos días antes de que lo encontraran, el 11 de marzo. Los tres investigadores contratados rechazan ese estudio, y afirman que el cuerpo estuvo siempre ahí. En lo que todos coinciden es en la forma en que murió la joven: el asesino la estranguló. Jiménez, Escobar y Santana creen que el crimen se produjo dentro de un auto y que el asesino usó una sola mano para tomar del cuello a la víctima.
Albaca analiza todo. Sabe que gran parte de la resolución del caso depende de lo que se encontró en la mano derecha de Paulina: un pelo que puede delatar al asesino.
Lebbos afirmó que los poderes del Estado lo abandonaron
"Me quedan muy pocos refugios donde protegerme. La verdad es que ya no sé qué hacer para que se avance con la investigación". Con un dejo de resignación en sus palabras, Alberto Lebbos, el padre de Paulina, transmitió sus sensaciones a tres meses de la desaparición de su hija. "Ya no puedo confiar en los poderes del Estado. De a uno, todos nos fueron abandonando. Primero el Ejecutivo, desde donde se protegió a los encubridores del crimen; después, de la Legislatura, que con su silencio se hizo cómplice y, finalmente, la Justicia, que se niega a investigar a todos los responsables de lo que pasó", enumeró. De todos modos, advirtió que se siente acompañado por muchísima gente, que le da fuerza para seguir luchando. "Un ejemplo de esto es lo que sucede los martes, cuando se acercan personas a quienes no conozco a manifestarme su apoyo. Además, así se conocen cada vez más casos de hechos impunes, por los cuales todos debemos seguir reclamando para que se haga justicia", concluyó.
Todas las cifras
4.800
fojas tiene la causa.
3
imputados hay: los policías García, Yapura y Lencina.
3
fiscales investigaron el caso: Noguera, Albaca y Marranzino.
520
fojas tiene el informe que remitió Gendarmería Nacional.
4.800
fojas tiene la causa.
3
imputados hay: los policías García, Yapura y Lencina.
3
fiscales investigaron el caso: Noguera, Albaca y Marranzino.
520
fojas tiene el informe que remitió Gendarmería Nacional.









