Aislaron al líder de la mafia, pero el miedo no se disipa en San Pablo

La Policía, que retomó el control de la ciudad, afronta denuncias de excesos y de abusos. "Marcola" cumple tratamiento carcelario riguroso por haber amenazado de muerte al gobernador.

INSEGURIDAD. Los paulistas vuelven a sus casas tan pronto como pueden, por temor a nuevos ataques. REUTER
INSEGURIDAD. Los paulistas vuelven a sus casas tan pronto como pueden, por temor a nuevos ataques. REUTER
20 Mayo 2006
SAN PABLO.- Con el preso Marcos "Marcola" Camacho, promotor de la ola de violencia que causó 170 muertos en San Pablo, trasladado a otra cárcel y aislado rigurosamente, la metrópoli emergió ayer de su primera noche en siete días sin ataques de bandas armadas ni de las fuerzas policiales. "Las agresiones a la sociedad y a la Policía cayeron prácticamente a cero", dijo el vocero de la Policía, pero indicó que, no obstante, los 130.000 efectivos desplegados en todo el Estado permanecerán en las calles.
"La Policía está en las calles: pueden por lo tanto salir y divertirse", dijo a la población el comandante de la Policía Militar del Estado de San Pablo, coronel Elizeu Eclair. Sin embargo, el temor no se ha disipado y los habitantes de la urbe trataban ayer de regresar lo más pronto posible a sus casas, al término de la jornada laboral. Es que se han multiplicado en las últimas horas las denuncias de excesos de la Policía durante la represión, por parte de la prensa y de entidades de derechos humanos.

Tres meses en silencio
"Marcola", líder del Primer Comando de la Capital (PCC), una poderosa organización delictiva que ejecutó desde el viernes más de 200 ataques y atentados contra las fuerzas de seguridad, además de unos 100 motines carcelarios y ataques incendiarios contra ómnibus del servicio público, comenzó a cumplir 90 días de aislamiento riguroso por amenazar de muerte al gobernador del Estado, Claudio Lembo. El jefe mafioso, que purga condena por asaltar bancos, amenazó hace una semana a Lambo, mientras era trasladado de presidio junto con más de 700 internos, luego de que las autoridades interceptaron un plan masivo de fuga. Paralelamente, los teléfonos celulares de seis cárceles paulistas quedaron bloqueados, en cumplimiento de una orden judicial para evitar las comunicaciones entre los presos y el exterior. (AFP-NA-Reuter)


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