Una tregua pactada con la mafia llevó un poco de calma a San Pablo

Los 20 millones de habitantes de la metrópoli tratan de superar el caos. Cesaron los motines carcelarios y los ataques contra objetivos policiales.

TEMOR LATENTE. Cientos de personas se arremolinan en las boleterías del subte. Quieren regresar a sus casas lo más pronto posible. REUTER
TEMOR LATENTE. Cientos de personas se arremolinan en las boleterías del subte. Quieren regresar a sus casas lo más pronto posible. REUTER
17 Mayo 2006
SAN PABLO.- Dos ataques incendiarios contra ómnibus rompieron la calma que apenas despuntaba ayer en San Pablo, tras una impresionante ofensiva de la mafia del narcotráfico contra objetivos civiles y policiales, que dejó más de 130 muertos. La megaoperación atribuida al Primer Comando de la Capital (PCC), la banda más importante del crimen organizado en la región, comenzó el viernes por la noche y tuvo su punto culminante el lunes, con incendios de decenas de ómnibus y atentados contra agencias bancarias.
Los habitantes del Gran San Pablo salieron ayer al trabajo temerosos de que se reanudaran los atentados. La operación organizada por el PCC incluyó decenas de motines carcelarios, y obedeció a una represalia por el traslado de más de 700 presos, entre ellos sus principales líderes, a dos prisiones de máxima seguridad.
Según versiones, el gobierno estadual acordó una tregua con el líder de la organización mafiosa, Marcos Williams Herbas Camacho (a) "Marcola", que se halla en una de las prisiones de máxima seguridad. "Ponemos a todos en conocimiento de que las ?facultades? (como llama el PCC a las cárceles) que se hallan en nuestras manos se irán normalizando a partir de las nueve de la mañana", fue la orden literal dada por Marcola a sus "soldados", según la agencia de noticias brasileña Estado. Después de que Marcola, teléfono móvil en mano, dio la orden de acabar con las rebeliones en las cárceles y los atentados en las calles, los 55 motines (de un total de 82 registrados durante la operación criminal) que aún se mantenían, cesaron, al igual que los ataques.

Quieren ver el Mundial

Las condiciones que los líderes del grupo habrían puesto para la tregua serían que los presos vinculados al PCC trasladados a un penal de máxima seguridad bajo un rígido régimen carcelario obtuvieran algunos beneficios que ese sistema de prisión les niega, y que la Tropa de Choque de la Policía Militar no ingresara a las cárceles amotinadas. Los beneficios exigidos por los presos incluyen el derecho a tomar baños de sol, a visitas privadas y a televisores en las celdas para ver el Mundial de fútbol. "Otra vez están negociando con Marcola. Es por eso que el Estado perdió el control de la situación. Si el gobierno cede esta vez, es mejor entregarle (a Marcola) las llaves del Estado", se quejaron agentes penitenciarios. (AFP-NA-Télam-Reuter)






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