08 Abril 2006 Seguir en 
Mientras la onza de oro en el mundo alcanzó los U$S 600 -el valor más alto desde enero de 1981- y el barril de crudo siguió también un camino en alza, el dólar cerró en baja con respecto al euro, lo que muestra cómo se protegen los inversores hasta que se aleje del escenario mundial una cierta inestabilidad.
Ayer, cuando en los EE.UU. la tasa de los bonos a 10 años tocó 4,9% anual -que es el máximo en cuatro años-, los títulos públicos nacionales se vieron afectados y cedieron hasta un 1,8%, repitiendo la performance de los mercados emergentes.
Mientras tanto, desde Brasil donde se realizó la asamblea anual del BID, los bancos internacionales -cuyos pronósticos no son los más acertados, pero valiosos como referencia-, advirtieron que la inflación en la Argentina llegaría al 18% en 2007, mientras que vaticinan que el crecimiento del PBI en 2006 quedaría por debajo de los precios.
Esta semana volvió la intervención del Banco Central para sostener el dólar, lo que tendrá su costo, como también lo tendrá el de fijar un precio máximo al valor de la carne que, en lo inmediato, muestra un triunfo político de Néstor Kirchner.
Pero, desde que se sancionó el Código Hammurabi, hace 40 siglos, han fracasado los controles de precios y de salarios, que sólo muestran su éxito en el manejo de la inflación por un corto período, ya que no enfrentan la causa real: el aumento de la cantidad de dinero sobre la oferta de bienes. En el mundo, la decisión política no triunfa sobre el mercado, y en la historia de los controles de precios los gobernantes suponen que pueden hacer ahora lo que no se logró antes y descuidan, así, el control de la pérdida real de valor del dinero en el bolsillo de la gente.
Ayer, cuando en los EE.UU. la tasa de los bonos a 10 años tocó 4,9% anual -que es el máximo en cuatro años-, los títulos públicos nacionales se vieron afectados y cedieron hasta un 1,8%, repitiendo la performance de los mercados emergentes.
Mientras tanto, desde Brasil donde se realizó la asamblea anual del BID, los bancos internacionales -cuyos pronósticos no son los más acertados, pero valiosos como referencia-, advirtieron que la inflación en la Argentina llegaría al 18% en 2007, mientras que vaticinan que el crecimiento del PBI en 2006 quedaría por debajo de los precios.
Esta semana volvió la intervención del Banco Central para sostener el dólar, lo que tendrá su costo, como también lo tendrá el de fijar un precio máximo al valor de la carne que, en lo inmediato, muestra un triunfo político de Néstor Kirchner.
Pero, desde que se sancionó el Código Hammurabi, hace 40 siglos, han fracasado los controles de precios y de salarios, que sólo muestran su éxito en el manejo de la inflación por un corto período, ya que no enfrentan la causa real: el aumento de la cantidad de dinero sobre la oferta de bienes. En el mundo, la decisión política no triunfa sobre el mercado, y en la historia de los controles de precios los gobernantes suponen que pueden hacer ahora lo que no se logró antes y descuidan, así, el control de la pérdida real de valor del dinero en el bolsillo de la gente.







