27 Marzo 2006 Seguir en 
PARIS.- Francia se prepara para un "martes negro" de huelgas y manifestaciones masivas contra el Contrato Primer Empleo (CPE) que amenazan con perturbar la economía y los transportes del país, en un clima de parálisis política y bajo la amenaza de nuevas violencias en las calles.
Los responsables políticos y sindicales consideran crucial la jornada del martes, la primera de huelgas pero la cuarta de manifestaciones multitudinarias desde hace ocho semanas, para la continuación del movimiento de contestación contra el CPE.
El contrato, destinado a los menores de 26 años y que prevé el despido sin justificación durante dos años, es motivo de enfrentamiento entre el gobierno -sólo dispuesto a algunas modificaciones- y los sindicatos y movimientos estudiantiles, que exigen su retirada.
Las movilizaciones del martes coinciden con el estancamiento del diálogo entre ambas partes y una creciente preocupación por el aumento de la tensión en algunas zonas periféricas desfavorecidas de la capital francesa, ya escenario de enfrentamientos sin precedentes en noviembre de 2005.
Para el principal sindicato francés, la Confederación General de Trabajadores (CGT), el martes será un momento decisivo. Por su parte, la coordinadora nacional estudiantil hizo un llamamiento a una huelga general, el 4 de abril, si el gobierno de Dominique de Villepin no retira el CPE.
Por el momento, el "martes negro" llegará cargado con un total de 135 manifestaciones en toda Francia y una serie de huelgas que afectarán a los servicios ferroviarios, el transporte aéreo y el público --metro y autobús-- de más de 70 ciudades de todo el país, con París a la cabeza.
En la capital francesa está previsto que el metro y los trenes de cercanías funcionen sólo al 50% de su capacidad, con el consiguiente riesgo de caos en los desplazamientos que ello acarreará en una ciudad de más de 11 millones de habitantes, entre el centro y sus barrios periféricos.
Los sindicatos cuentan, además, con la movilización de los funcionarios de la Administración Pública (unos 5 millones de personas), para intentar superar la masiva participación en las últimas manifestaciones, el 18 de marzo, cuando se lanzaron a las calles entre 530.000 y 1,5 millones de personas.
Sin embargo, la gran incógnita y preocupación del "martes negro" es la seguridad y el peligro de violencias como las registradas en días pasados.
Miles de policías serán desplegados en París, donde la manifestación más importante se pondrá en marcha a primeras horas de la tarde.
Manifestantes y policías coinciden, sin embargo, en un solo temor: las agresiones de agitadores, que a veces son menores de edad procedentes de los barrios periféricos parisinos, para robarles, destruir escaparates o quemar coches, como ya ocurriera el jueves pasado.
Estas acciones alimentan el temor de una reanudación de la violencia que asoló en noviembre pasado los barrios periféricos de las principales ciudades francesas, donde viven numerosos jóvenes nacidos en Francia pero originarios del Africa negra y del Magreb y entre los que índice de desempleo alcanza hasta un 50%.
Este lunes, nuevos incidentes -con quema y saqueo de varios coches- se desencadenaron al margen de una manifestación de alumnos de enseñanza secundaria en Saint-Denis, el mismo barrio donde se originó la violencia de noviembre.
En este clima de tensión, un 83% de franceses desean que el jefe del Estado, Jacques Chirac, se implique en el conflicto que, además, alimenta la rivalidad de cara a su sucesión, en las elecciones presidenciales de 2007. (AFP).
Los responsables políticos y sindicales consideran crucial la jornada del martes, la primera de huelgas pero la cuarta de manifestaciones multitudinarias desde hace ocho semanas, para la continuación del movimiento de contestación contra el CPE.
El contrato, destinado a los menores de 26 años y que prevé el despido sin justificación durante dos años, es motivo de enfrentamiento entre el gobierno -sólo dispuesto a algunas modificaciones- y los sindicatos y movimientos estudiantiles, que exigen su retirada.
Las movilizaciones del martes coinciden con el estancamiento del diálogo entre ambas partes y una creciente preocupación por el aumento de la tensión en algunas zonas periféricas desfavorecidas de la capital francesa, ya escenario de enfrentamientos sin precedentes en noviembre de 2005.
Para el principal sindicato francés, la Confederación General de Trabajadores (CGT), el martes será un momento decisivo. Por su parte, la coordinadora nacional estudiantil hizo un llamamiento a una huelga general, el 4 de abril, si el gobierno de Dominique de Villepin no retira el CPE.
Por el momento, el "martes negro" llegará cargado con un total de 135 manifestaciones en toda Francia y una serie de huelgas que afectarán a los servicios ferroviarios, el transporte aéreo y el público --metro y autobús-- de más de 70 ciudades de todo el país, con París a la cabeza.
En la capital francesa está previsto que el metro y los trenes de cercanías funcionen sólo al 50% de su capacidad, con el consiguiente riesgo de caos en los desplazamientos que ello acarreará en una ciudad de más de 11 millones de habitantes, entre el centro y sus barrios periféricos.
Los sindicatos cuentan, además, con la movilización de los funcionarios de la Administración Pública (unos 5 millones de personas), para intentar superar la masiva participación en las últimas manifestaciones, el 18 de marzo, cuando se lanzaron a las calles entre 530.000 y 1,5 millones de personas.
Sin embargo, la gran incógnita y preocupación del "martes negro" es la seguridad y el peligro de violencias como las registradas en días pasados.
Miles de policías serán desplegados en París, donde la manifestación más importante se pondrá en marcha a primeras horas de la tarde.
Manifestantes y policías coinciden, sin embargo, en un solo temor: las agresiones de agitadores, que a veces son menores de edad procedentes de los barrios periféricos parisinos, para robarles, destruir escaparates o quemar coches, como ya ocurriera el jueves pasado.
Estas acciones alimentan el temor de una reanudación de la violencia que asoló en noviembre pasado los barrios periféricos de las principales ciudades francesas, donde viven numerosos jóvenes nacidos en Francia pero originarios del Africa negra y del Magreb y entre los que índice de desempleo alcanza hasta un 50%.
Este lunes, nuevos incidentes -con quema y saqueo de varios coches- se desencadenaron al margen de una manifestación de alumnos de enseñanza secundaria en Saint-Denis, el mismo barrio donde se originó la violencia de noviembre.
En este clima de tensión, un 83% de franceses desean que el jefe del Estado, Jacques Chirac, se implique en el conflicto que, además, alimenta la rivalidad de cara a su sucesión, en las elecciones presidenciales de 2007. (AFP).







