No era claro quiénes eran los extranjeros, pero el gobierno iraquí liderado por los chiítas reprimió a los combatientes sunnitas extranjeros de los países árabes, porque los acusa de perpetrar los bombardeos suicidas que mataron a miles de personas, en su mayoría iraquíes chiítas.
Las tropas de Estados Unidos ya habían encontrado el año pasado 173 prisioneros -en su mayoría sunnitas- escondidos en un búnker del Ministerio del Interior; los hombres mostraban signos de tortura y malnutrición.
Líderes árabes sunnitas acusan a las fuerzas del Ministerio del Interior de trabajar junto con las milicias chiítas que se organizan en escuadrones de la muerte, una acusación que el ministerio niega.
En otro hecho bélico, al menos 18 iraquíes murieron como consecuencia de un choque entre tropas de EEUU y una milicia chiíta. La policía dijo que los enfrentamientos se produjeron cuando el llamado Ejército del Mehdi, leal al clérigo Moqtada al Sadr, intentó impedir a tropas estadounidenses que entraran a una mezquita. Un médico dijo que se encontraron unos 18 cuerpos en los alrededores del templo. Un alto asesor de Sadr acusó a las tropas norteamericanas de haber matado a más de 20 devotos desarmados, durante las oraciones de la noche.
En otro incidente registrado ayer, una mujer iraquí murió y tres de sus familiares resultaron heridos al explotar una bomba cerca de su casa, en un suburbio del este de Bagdad.
Encontraron cadáveres decapitados
El ejército iraquí informó ayer que 30 cadáveres, la mayoría de ellos decapitados, fueron encontrados cerca de la localidad de Baquba, en la afueras de Bagdad. Los cuerpos fueron descubiertos en la principal carretera en la localidad de Mulla Eed, 60 kilómetros al noreste de la capital iraquí.
Suman ya cientos los cadáveres encontrados en Irak desde el ataque a un santuario chiíta en Samarra, ocurrido el mes pasado, que provocó represalias y empujó al país al borde de una guerra civil sectaria. Se calcula que una gran mayoría será víctima de esa violencia sectaria, que no tienen visos de solución.
Baquba, una ciudad poblada por musulmanes sunnitas y chiítas, es una de las localidades que más sufrió la intolerancia sectaria y donde perdurán hoy algunos resabios.
En tanto, un escritor kurdo fue sentenciado ayer a un año y medio de prisión por acusar al líder Masoud Barzani de abuso de poder. El caso suscitó polémicas sobre la situación de la libertad de prensa en Irak tras la caída de Saddam Hussein.
Kamal Karim, que nació en Irak pero que también tiene ciudadanía austríaca, originalmente fue sentenciado a 30 años de prisión. acusado de haber difamado a Barzani, pero fue liberado y su causa revisada.
"Juro por Dios que no soy culpable. No estoy de acuerdo con este veredicto. Soy una víctima", dijo Karim, luego de pronunciada la sentencia. (Reuter-DPA-AFP)







