05 Abril 2002 Seguir en 
Por Marcelo Aguaysol
Los funcionarios comienzan a sentir el desgaste que reveló el secretario general de la Gobernación, José Alberto Cúneo Vergés. Si antes Julio Miranda había decidido no cambiar su gabinete para no acceder a las presiones sindicales -aunque tenía la decisión tomada de relevar ministros-, hoy es difícil que avance sobre los funcionarios cuestionados por la Legislatura. El mirandismo perdió el timón de mando que solía tener en la Cámara.
El proyecto de continuidad está en alta mar, como el viejo Titanic. El gabinete se asemeja a aquella orquesta que tocaba en la cubierta, mientras los pasajeros buscaban un salvavidas para evitar hundirse. Algo parecido les sucede a los tucumanos, que observan cómo los bonos que reciben por sus salarios se deprecian diariamente por la caída del sistema de canje y por la proliferación de papeles pintados. Lo malo es que la tripulación del barco sigue tocando aquella vieja canción llamada reforma -con reelección- sin que den señales claras a la gente de lo que sucederá. Es cierto que en el contexto actual de la economía nacional poco pueden hacer las provincias para obtener financiamiento. Pero no es menos real que, si se quiere recuperar el terreno perdido, hay que practicar los pregonados ajustes del gasto político que demuestren signos de austeridad.
Entre mate y mate, Miranda y el presidente Eduardo Duhalde analizaron la situación socioeconómica del interior, especialmente de Tucumán. Sería bueno que el Gobierno provincial actuara no sólo para la coyuntura, sino que elaborara un plan anticrisis. Aunque la realidad diga que va al fracaso, el intento es lo que vale. Como reza un viejo adagio popular, es mejor una verdad amarga que una dulce mentira.
Los funcionarios comienzan a sentir el desgaste que reveló el secretario general de la Gobernación, José Alberto Cúneo Vergés. Si antes Julio Miranda había decidido no cambiar su gabinete para no acceder a las presiones sindicales -aunque tenía la decisión tomada de relevar ministros-, hoy es difícil que avance sobre los funcionarios cuestionados por la Legislatura. El mirandismo perdió el timón de mando que solía tener en la Cámara.
El proyecto de continuidad está en alta mar, como el viejo Titanic. El gabinete se asemeja a aquella orquesta que tocaba en la cubierta, mientras los pasajeros buscaban un salvavidas para evitar hundirse. Algo parecido les sucede a los tucumanos, que observan cómo los bonos que reciben por sus salarios se deprecian diariamente por la caída del sistema de canje y por la proliferación de papeles pintados. Lo malo es que la tripulación del barco sigue tocando aquella vieja canción llamada reforma -con reelección- sin que den señales claras a la gente de lo que sucederá. Es cierto que en el contexto actual de la economía nacional poco pueden hacer las provincias para obtener financiamiento. Pero no es menos real que, si se quiere recuperar el terreno perdido, hay que practicar los pregonados ajustes del gasto político que demuestren signos de austeridad.
Entre mate y mate, Miranda y el presidente Eduardo Duhalde analizaron la situación socioeconómica del interior, especialmente de Tucumán. Sería bueno que el Gobierno provincial actuara no sólo para la coyuntura, sino que elaborara un plan anticrisis. Aunque la realidad diga que va al fracaso, el intento es lo que vale. Como reza un viejo adagio popular, es mejor una verdad amarga que una dulce mentira.







