Personalidad, mar sin orillas

(De "¿Quién eres? De la personalidad a la autoestima", Enrique Rojas, Planeta, Buenos Aires).

05 Abril 2002
"Los innumerables matices, ingredientes y ángulos de la personalidad convierten este tema en un mar sin orillas. Todos y cada uno de ellos van construyéndola poco a poco, desde la infancia, y las vivencias, los aspectos congénitos y los adquiridos se amontonan lentamente. Tres son las caras de la personalidad: herencia, ambiente y experiencia de la propia trayectoria. Llegar a ser una persona libre, independiente, con una cierta madurez y equilibrio es la meta hacia la que debemos dirigir nuestros esfuerzos. Hemos de ser capaces de pilotar nuestro mundo personal. La clave para lograrlo suele estar en una síntesis de planos, entre los que se destaca tener claro el propio modelo de identidad.
Cuando yo era un adolescente pensaba que había una serie de personas dignas de imitación. Más tarde, ya en la universidad, me sucedió lo mismo, pero entonces podía afinar más y no quedarme sólo en lo que veía, sino bucear en su interior. Los psiquiatras, expertos en la conducta, tenemos muy presente lo importante que es crecer entre personas sólidas, fuertes, firmes, consistentes, que nos atraen a seguir en una dirección similar. En la sociedad de la comunicación en la que vivimos nos sentimos traídos y llevados, bombardeados por una ingente cantidad de información y de datos que, a la larga, aportan poco al crecimiento personal. Se suceden las imágenes negativas, las noticias sombrías, los personajes sin mensaje... Y no es que no haya gente emulable, sino que los grande medios tienden a escoger sujetos vulgares, de escaso interés.
Es preciso saber mirar por debajo de las apariencias para traspasar el límite entre la superficie y la profundidad. Así es posible conocer a fondo a las personas, saber qué encubren, por qué han seguido esa travesía y no otra, cuáles han sido sus motivaciones... Los psiquiatras constatamos a diario que el comportamiento resulta equilibrado cuando hay coherencia entre lo que dice y lo que hace un sujeto. Al entrevistarnos con alguien, con el fin de saber qué le pasa, sobre todo hemos de escucharle, un arte que necesita tiempo y oficio. También debajo del discurso verbal hay un subsuelo que es menester descubrir.
En los niños la exploración de la conducta es más sencilla, pues todavía no han aparecido los mecanismos de camuflaje. En la adolescencia se produce un desbordamiento de vivencias: todo sube y baja, se vive apasionadamente, el ánimo se entristece sin saber por qué, los sentimientos carecen de una arquitectura fuerte y resultan muy influenciables... Ya en la primera juventud nos encontramos con más elementos de juicio; la vida se pone delante con todo su realismo y nos hace saber que, si uno quiere avanzar, tiene que saber en qué dirección, ya que de lo contrario se sentirá perdido. Por su parte, el adulto empieza a obtener resultados de todo lo que ha ido haciendo. Los argumentos de su existencia han ido dejando un poso que puede estudiarse con cierto rigor; estamos ante una biografía más elaborada.
En cada etapa de la vida, marcada por sus notas peculiares y sus inquietudes propias, la personalidad funciona como centro rector del patrimonio psicológico. Si se tiene una buena armonía, se irá construyendo un castillo amurallado en el que protegerse de los enemigos y las dificultades exteriores".

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