Entre el realismo y la ilusión

Se deben superar los obstáculos que condicionan el crédito externo.

05 Abril 2002
El Presidente de la Nación ha instado a los argentinos a recuperar el espíritu de sacrificio demostrado hace veinte años por los compatriotas que defendieron la soberanía nacional en las islas Malvinas, advirtiendo que durante los próximos meses habrá momentos duros para el país. No serán de dolorosa guerra como en aquella instancia, sino de dificultades para acceder a la confianza internacional en la reconstrucción de la economía y del orden social, sin los cuales no será posible recuperar el progreso ni la paz en la República.
El doctor Eduardo Duhalde ha rectificado así su pronóstico de semanas atrás, cuando aseguró que el 9 de julio próximo se podría anunciar la salida de la crisis. No es difícil advertir los motivos de ese cambio de perspectiva del jefe del Gobierno nacional, si se observan algunas de las circunstancias que están demorando la ayuda financiera externa, cuyo significado ha impedido, inclusive, hasta el momento dar por iniciada formalmente la negociación con el Fondo Monetario.
Como es notorio, el organismo internacional constituye una virtual llave maestra sin la cual ningún país requerido de confianza externa para asegurar su crédito puede aspirar al mismo. Por otra parte, el FMI está gerenciado por la casi totalidad de gobiernos integrados en las Naciones Unidas, entre los que los más poderosos disponen de la mayoría de votos a la hora de decidir las ayudas de orden fiscal solicitadas. Más allá del juicio político de valor que pueda merecer el sistema, lo real es que funciona aplicando principios que -como se repite en estos días a propósito del "caso argentino"- exigen a los países solicitantes de crédito cumplir con los fundamentos de la economía clásica.
A esa exigencia deben agregarse en nuestra situación algunos factores propios que desde hace algo menos de un año han sumado graves motivos de desconfianza, de orden político; entre ellos, la incertidumbre sobre si sus gobiernos sucesivos podrán asegurar los compromisos asumidos.
El Pacto Federal suscripto en febrero con las provincias y su lenta ejecución es uno de los obstáculos más serios, pues aparte de esa demora, es objetado como insuficiente para asegurar un rumbo firme hacia el equilibrio fiscal de la Nación. En ese marco, la proliferación de seudomonedas disfraza una inflación real también cuestionada, aunque inevitable en el presente para poder soportar el costo social de pésimas administraciones provinciales del pasado.
Otro factor que conspira contra el acuerdo de ayuda es el llamado corralito, destructor del sistema financiero sin el que no es posible recuperar la marcha productiva, amén de haber provocado situaciones excepcionales de inseguridad jurídica que, junto a la precipitada declaración de insolvencia ante la deuda, oscurecen el desenlace de la negociación con el FMI.
No menos perturbador es el mantenimiento de la ley de subversión económica, concebida para la lucha fratricida de hace décadas, y que desplaza la normalidad del Código Penal, al igual que la reforma del régimen de quiebras que privilegia al deudor afectando la seguridad del sistema financiero.
De ninguna manera excluyentes, las situaciones mencionadas están condicionando la marcha del crédito externo que demanda el país y constituyen las causas de fondo de ese nuevo pronóstico presidencial que augura esta vez tiempos difíciles, pero sin mayor eco entre quienes se resisten ilusoriamente a aceptar la realidad.

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