10 Agosto 2002 Seguir en 
BRASILIA.- El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) le darán a Brasil hasta U$S3.000 millones en fondos adicionales para ayudar al país a recuperar la confianza de los inversionistas. Los nuevos préstamos forman parte de un rescate gigantesco para la mayor economía de Latinoamérica, constituido principalmente por un acuerdo crediticio con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por una cifra récord de U$S30.000 millones.
A pesar del enorme salvavidas financiero de los prestamistas multilaterales, los mercados cerraron ayer con pérdidas a raíz de una ola de pesimismo alentada -según analistas- por factores políticos. Sólo 24 horas duró la euforia generada por el anuncio del crédito del FMI que, junto al dinero concedido por el BM y el BID, integra un paquete de U$S 47.000 millones. En la Bolsa paulista, el índice Bovespa tuvo un retroceso del 3,2%, mientras que en el mercado de divisas la presión de demanda de dólares fue intensa y, pese a la intervención del Banco Central, la moneda estadounidense cerró en 3,02 reales vendedor, con un aumento del 3,23%.
Varios factores
Según los expertos, el pesimismo ha sido alimentado por los rumores -luego desmentidos- sobre la inminente renuncia del candidato oficialista José Serra a las elecciones presidenciales de octubre. Según sondeos de intención de voto, Serra, el favorito de los mercados, comparte ahora la tercera posición con el ex gobernador de Río de Janeiro Anthony Garotinho, con un modesto 11% de las intenciones de voto, dos puntos menos que a finales de julio. Por otra parte, habrían pesado en los mercados las críticas del candidato socialista Ciro Gomes -segundo en las encuestas- al acuerdo con el Fondo, y los problemas de empresas privadas para renovar sus créditos. Gomes dijo ayer que no entendía cómo se podía celebrar un endeudamiento del país por U$S30.000 millones.
Luiz Inacio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores y candidato de una coalición con los liberales, lidera con el 33% las encuestas preelectorales. En segunda posición marcha el izquierdista Gomes, con el 27%.
La letra pequeña
Los analistas consideran que esta nueva caída del real se debe, además, a las incertidumbres que crea la letra pequeña del acuerdo con el FMI, y a que muchas empresas locales y multinacionales aprovecharon las bajas cotizaciones del jueves, cuando el real cerró a 2,91 por dólar, para comprar la divisa estadounidense con el fin de refinanciar deudas o repatriar beneficios. Esa letra pequeña se refiere sobre todo al modo de intervención del Banco Central en el mercado de cambio. Ahora no tendrá límite de dinero cuando lo crea necesario.
La mitad de los U$S6.000 millones que el FMI concederá este año entrarán en setiembre y el resto en diciembre, mientras que los U$S24.000 millones restantes se podrán girar en tres desembolsos a lo largo de 2003. (AFP&TELAM-SNI/DPA)
ANALISIS
Los dos extremos
Por Mark Egan
WASHINGTON.- Brasil y Argentina han sido tratadas de forma muy diferente por el FMI: uno recibe miles de millones de dólares y el otro sigue abandonado a su suerte. La drástica diferencia deja claro cómo el Fondo ha cambiado sus métodos después de las críticas por la forma en que manejó la crisis financiera en Asia, de 1997 a 1999. Ante la más reciente emergencia financiera internacional, el FMI ha vuelto a recompensar a los países que a su juicio adoptan políticas correctas, mientras que a los que no cumplen sus normas los trata como parias.
Durante la crisis asiática, países como Tailandia, Indonesia, Corea del Sur y otros se precipitaron en masa y recibieron enormes préstamos para ayudarlos a estabilizarse. Pero la diferencia clave entre entonces y ahora es que los inversores se han vuelto más sofisticados. Hoy, las calamidades en una economía emergente ya no significan que otros países caerán en desgracia. A menos que haya contagio.
En 2001, el FMI le concedió a Argentina un préstamo de U$S22.000 millones, en respuesta a una crisis bancaria que provocó un sinfín de promesas de Buenos Aires de que cambiaría sus políticas.
Esas promesas nunca se materializaron. El FMI dejó a Argentina a su suerte. El gobierno cayó en medio de sangrientos disturbios, hubo cesación de pagos y una drástica devaluación del peso. Desde hace ocho tortuosos meses Argentina espera una respuesta del FMI, que no ha cerrado las puertas a la posibilidad de que los préstamos se reinicien. (Reuter)
A pesar del enorme salvavidas financiero de los prestamistas multilaterales, los mercados cerraron ayer con pérdidas a raíz de una ola de pesimismo alentada -según analistas- por factores políticos. Sólo 24 horas duró la euforia generada por el anuncio del crédito del FMI que, junto al dinero concedido por el BM y el BID, integra un paquete de U$S 47.000 millones. En la Bolsa paulista, el índice Bovespa tuvo un retroceso del 3,2%, mientras que en el mercado de divisas la presión de demanda de dólares fue intensa y, pese a la intervención del Banco Central, la moneda estadounidense cerró en 3,02 reales vendedor, con un aumento del 3,23%.
Varios factores
Según los expertos, el pesimismo ha sido alimentado por los rumores -luego desmentidos- sobre la inminente renuncia del candidato oficialista José Serra a las elecciones presidenciales de octubre. Según sondeos de intención de voto, Serra, el favorito de los mercados, comparte ahora la tercera posición con el ex gobernador de Río de Janeiro Anthony Garotinho, con un modesto 11% de las intenciones de voto, dos puntos menos que a finales de julio. Por otra parte, habrían pesado en los mercados las críticas del candidato socialista Ciro Gomes -segundo en las encuestas- al acuerdo con el Fondo, y los problemas de empresas privadas para renovar sus créditos. Gomes dijo ayer que no entendía cómo se podía celebrar un endeudamiento del país por U$S30.000 millones.
Luiz Inacio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores y candidato de una coalición con los liberales, lidera con el 33% las encuestas preelectorales. En segunda posición marcha el izquierdista Gomes, con el 27%.
La letra pequeña
Los analistas consideran que esta nueva caída del real se debe, además, a las incertidumbres que crea la letra pequeña del acuerdo con el FMI, y a que muchas empresas locales y multinacionales aprovecharon las bajas cotizaciones del jueves, cuando el real cerró a 2,91 por dólar, para comprar la divisa estadounidense con el fin de refinanciar deudas o repatriar beneficios. Esa letra pequeña se refiere sobre todo al modo de intervención del Banco Central en el mercado de cambio. Ahora no tendrá límite de dinero cuando lo crea necesario.
La mitad de los U$S6.000 millones que el FMI concederá este año entrarán en setiembre y el resto en diciembre, mientras que los U$S24.000 millones restantes se podrán girar en tres desembolsos a lo largo de 2003. (AFP&TELAM-SNI/DPA)
ANALISIS
Los dos extremos
Por Mark Egan
WASHINGTON.- Brasil y Argentina han sido tratadas de forma muy diferente por el FMI: uno recibe miles de millones de dólares y el otro sigue abandonado a su suerte. La drástica diferencia deja claro cómo el Fondo ha cambiado sus métodos después de las críticas por la forma en que manejó la crisis financiera en Asia, de 1997 a 1999. Ante la más reciente emergencia financiera internacional, el FMI ha vuelto a recompensar a los países que a su juicio adoptan políticas correctas, mientras que a los que no cumplen sus normas los trata como parias.
Durante la crisis asiática, países como Tailandia, Indonesia, Corea del Sur y otros se precipitaron en masa y recibieron enormes préstamos para ayudarlos a estabilizarse. Pero la diferencia clave entre entonces y ahora es que los inversores se han vuelto más sofisticados. Hoy, las calamidades en una economía emergente ya no significan que otros países caerán en desgracia. A menos que haya contagio.
En 2001, el FMI le concedió a Argentina un préstamo de U$S22.000 millones, en respuesta a una crisis bancaria que provocó un sinfín de promesas de Buenos Aires de que cambiaría sus políticas.
Esas promesas nunca se materializaron. El FMI dejó a Argentina a su suerte. El gobierno cayó en medio de sangrientos disturbios, hubo cesación de pagos y una drástica devaluación del peso. Desde hace ocho tortuosos meses Argentina espera una respuesta del FMI, que no ha cerrado las puertas a la posibilidad de que los préstamos se reinicien. (Reuter)







