Los desacuerdosdel acuerdo

PANORAMA ECONOMICO por Marcelo Batiz. Las tensiones que se generan en el mercado por la demanda de carne vacuna. Desde fines de 2001, el precio de los alimentos creció alrededor del 101%.

18 Diciembre 2005

BUENOS AIRES.- Hace casi medio siglo, el ex presidente de la Sociedad Rural, Faustino Fano, elaboró una ecuación que, a su juicio, debía seguirse a pies juntillas si la Argentina pretendía conservar su rol exclusivo en el mundo de ser al mismo tiempo el principal consumidor y exportador de carne vacuna.
El cálculo de Fano consistía en que hubiera cuatro vacunos por habitante. Se podrá criticar, y con toda razón, la visión más sectaria que sectorial de subordinar la cantidad de personas al número de vacas, pero habrá que admitir que cualquier propuesta que busque superar esa ecuación debería partir de modificar absolutamente la estructura económica de un país que hace más de un siglo exporta lo que consume.
Precisamente, lo que no se hizo, más allá de algunos intentos aislados en más de cien años. Hoy la Argentina es el país que mayor grado de correlación tiene entre consumo interno y exportaciones, por lo que para evitar cuellos de botella en uno u otro flanco habrá que optar entre aumentar la existencia de ganado bovino o despoblar el país.
Dicho de otro modo, para rescatar la ecuación de Fano: 100 millones de vacas más o 25 millones de habitantes menos.
Después de décadas de improvisación y descapitalización, la primera de las opciones es inalcanzable y la segunda una locura que ni merece ser considerada.
El cuadro de situación dista bastante del deseable: 1,4 vaca por persona, con un consumo que, si bien es bajo respecto del de hace medio siglo, se ubica entre los más altos del planeta y una demanda creciente de mercados externos.
La tensión entre las dos demandas (la interna y la externa) y una oferta prácticamente estancada desde hace décadas sólo puede derivar en el aumento de precios del producto.
Pero hay aspectos del problema que exceden lo puramente ganadero. Desde diciembre de 2001, el precio de la carne aumentó 140,75%, mucho más que el 72,21% de la inflación general y el 101,34% del rubro Alimentos y bebidas en el mismo lapso.
Esos aumentos, a pesar de ser considerables, son inferiores en comparación con la evolución de otros. Por ejemplo, la cotización del dólar, al que artificialmente se lo mantiene a un nivel que representa un incremento del 202%. O la circulación monetaria, que en el período analizado tuvo una suba de nada menos el 324,72%.
En una suerte de comedia de equivocaciones, en la que se vale de un parche para remendar a un parche anterior, se impulsa una devaluación y luego se critica el aumento de precios que esa devaluación genera.Posteriormente, se establece un discurso proexportador, pero se imponen retenciones a las exportaciones de productos para atenuar la renta de los que venden a otros países generada por la misma devaluación. Las consecuencias se hicieron notar este mismo año, en el que el aumento de las exportaciones de la Argentina fue inferior al que registraron Brasil y Chile.Ningún acuerdo de precios -de carne o de lo que fuere- tendrá éxito si no se parte de reconocer esas disparidades provocadas por las propias políticas oficiales de los últimos años. (DYN)

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