"Radicalitis"

Por Federico Abel. La interna de la UCR puso en peligro al Frente Cívico.

16 Noviembre 2005

Sólo un insólito e infrecuente milagro podría hacer que del poco coherente proceso político en marcha surja en 2006 una Constitución digna y útil para 50 años, como publicita el oficialismo. Se trata de una aventura retorcida por donde se la mire. Una prueba: a sólo tres meses de las elecciones para convencionales no se sabe cuántos partidos participarán de la contienda y, como resulta lógico, si no hay certeza acerca de esto, mucho menos respecto de las ideas que tiene cada uno, en el supuesto de que las tuvieran. Lo único que está claro, como la mañana, es que el gobernador José Alperovich, embriagado por los 383.000 votos que consiguió el 23 de octubre, no dejará pasar la oportunidad de destrabar el cerrojo jurídico que le dé la posibilidad de ser reelegido en 2007, aun cuando en la Convención Constituyente tenga que sentar a sus muchachos a que discutan consigo mismos. Pero, entonces, estará haciendo bussismo sin saberlo, como sucedió en 1990. El oficialismo planteó las cosas como si se tratara de una única, onerosa y darwinista carrera electoral, que comenzó en octubre y que concluirá el 19 de febrero. Sólo importa la prisa, los recursos económicos, ser el más fuerte, borrar a la oposición y meter votos en la maleta. Hasta aquí fue tan eficiente que, salvo él, casi nadie queda en pie.
Amén de la catástrofe que sufrió en octubre, el principal partido de la oposición por la cantidad de legisladores y de concejales, Fuerza Republicana (FR), atraviesa por una crisis existencial que puede convertirse en terminal. Jamás supo articular un discurso sensato sobre la reforma. Se aferró obstinadamente a que no había que tocar la (su) Constitución de 1990, pese a su precaria legitimidad de origen. Hoy, sin votos para defenderla y despechada, porque los otros partidos no quisieron formar un gran frente opositor con ella, FR optó por la abstención. Esto equivale casi a un destierro autoimpuesto.
El segundo frente más votado en octubre, Pueblo Unido, se quebró: Gumersindo Parajón (Pueblo Unido), aún de luto, hará lo mismo que su enemiga, FR, y Alejandro Sangenis (Tres Banderas) volvió a quedar solo.
El Frente Cívico corrió el riesgo de haber sido una entelequia radical más. El sector que encabezan el legislador Roberto Palina y Ariel García, siempre mirando más afuera que adentro -y siempre más hacia la derecha-, soñaba con reeditar Unión por Tucumán, de 2003, con Esteban Jerez (Recrear) de talismán. Pero a los parlamentarios Roberto Robles y Jorge Mendía, que llegaron a las bancas por un sublema y arrastrados por Jerez, les vino un ataque de radicalitis y amenazaron con asistir a las internas abiertas del 19 de diciembre con precandidatos propios, para desbaratar la lista de consenso, que los otros habían tramado con Recrear y con Ciudadanos Independientes. Unos y otros se acusaron mutuamente de ser funcionales al oficialismo. Y algo de razón tienen: la UCR, de cuya (in)coherencia son responsables por igual, en 2004, ya parecía un apéndice del Poder Ejecutivo, cuando proponía charlas sobre la reforma cuando el Ministerio de Gobierno ni se animaba a hacerlo aún en canchas de bocha. Quizás, por eso, anoche ambos bandos olvidaron las desavenencias y se trenzaron en un abrazo radical.
¡Cuán anarquizantes fueron los efectos de la Ley de Lemas sobre las fuerzas políticas! El caso testigo es la UCR, donde no hay comunión entre los órganos del partido, y los legisladores y ediles, que muchas veces actúan como librepensadores dieciochescos. Cada uno pacta por su cuenta. ¿Qué tienen en común Alperovich, Parajón, Alfredo Neme Scheij y Carlos Courel? Que militaron en la UCR hasta que adquirieron vuelo propio y emigraron, atraídos por los efluvios de algún cargo o proyecto más personal que ideológico. Lo cómico es que, en FR, surgió un sublema rebelde (el de José Luis Bussi) cuando FR pelea contra su disolución y cuando ya no hay Ley de Lemas. ¡Cómo andarán de desfasados! Sólo queda en pie el gran lema oficialista. Esto es desaconsejable en una democracia.

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