El culto al monólogo

Por Angel Anaya.

15 Noviembre 2005
BUENOS AIRES.- Al término de una masiva protesta, el jefe del gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, resolvió rápidamente recibir a las organizaciones opuestas a una decisión gubernamental que restringe la enseñanza religiosa, para dialogar sobre las diferencias.
Al mismo tiempo, se supo en la Jefatura del Gabinete de la Nación que el presidente Néstor Kirchner no ha previsto ninguna audiencia ni diálogo con el episcopado católico, a pesar del severo documento de la Iglesia. No es probable tampoco que el jefe del Gobierno abra juicio sobre esa cuestión y, si lo hace, sería mucho después, en ocasión de alguna circunstancia ajena al tema, como es su estilo.
Las circunstancias que están irrumpiendo en nuestra vida pública - ese mensaje tan casuístico y premonitorio, el juicio político al alcalde porteño donde el poder no logra esconder su mano, y los retoques a la política económica para enfrentar la inflación- no parecen ser suficientes para que Kirchner renuncie a mantenerse encerrado con su muy reducido gabinete para manejar los problemas.
El diálogo pluralista es algo en lo que no cree, y cada vez son también menos los intermediarios de quienes se vale para comunicarse con la sociedad. Esa modalidad crea una situación de incertidumbre que, probablemente, haga eclosión en la Cámara de Diputados si el Poder Ejecutivo no consigue los 129 votos requeridos para la aprobación -antes que el Presupuestos 2006- de la ley impositiva remitida por Lavagna.

La situación de Lavagna
Mañana el ministro de Economía se reunirá con autoridades de los bloques kirchnerista y radical, para tratar de lograr seguridades sobre el financiamiento para el próximo ejercicio; si no las consigue, el debate quedaría postergado más allá de lo previsto. Se trata de asegurarse la continuidad por un nuevo ejercicio de la actual presión tributaria, que representa $ 40.000 millones.
En caso contrario, Lavagna entraría en dificultades, agregadas a las que ha comenzado a tener con los sectores empresariales afectados por sus recientes anuncios, ya comentados aquí. Es por ello que se lo ha incorporado a la lista de posibles cancilleres para suceder a Rafael Bielsa.
El jefe del Palacio de Hacienda está atravesando un estado de ánimo que preocupa a sus colaboradores inmediatos, pues, a raíz de la Cumbre de las Américas, el panorama que ahora presenta la esperada negociación con el Fondo Monetario no cuenta ya con el aliento de Washington sino, más bien, con su frialdad.
Si ese acuerdo, que permitiría reestructurar la deuda con el FMI no se concreta, deberán producirse más reformas en la política fiscal, que representarán nuevos cambios en la económica, demorando la recuperación del clima de confianza requerido para las inversiones. (De nuestra Sucursal)

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