La maratón de la lectura

Elogiosa iniciativa de la Fundación Leer.

14 Noviembre 2005
En nuestra edición del sábado, dedicamos una amplia nota a la Tercera Maratón Nacional de Lectura, que se realizó simultáneamente en 86 establecimientos escolares de la provincia, con una participación de 35.200 chicos. La Fundación Leer, organizadora de la jornada, donó más de un centenar de libros para alumnos del cuarto año de las escuelas participantes. Todo se desarrolló en un marco creativo: canto, poesía, obras de teatro y números artísticos se incorporaron a la actividad cumplida, y se contó con la colaboración de varias fundaciones y grupos independientes.
De todo esto pueden surgir varios comentarios. El principal es un elogio a la iniciativa de la maratón, por el enriquecimiento espiritual que indudablemente significa, para las mentes jóvenes, la posibilidad de un acercamiento verdadero al libro. En estos tiempos en que la cultura electrónica parece haberlo invadido todo, con sus indiscutibles maravillas y sus también indiscutibles miserias, tiene alta significación el hecho de que no se descarte al libro. Y es sabido que el hábito de frecuentarlo, como tantos otros, arraiga verdaderamente cuando se lo adquiere en los años de la niñez.
Por otro lado, las características de la jornada de referencia están mostrando lo que tantas veces hemos señalado en este comentario. Ello es que el niño, lejos de rechazar la lectura, en la inmensa mayoría de los casos está alejado de ella porque no se la promueve de una manera lo suficientemente atractiva y sistemática. La mente infantil es capaz de absorber todo: la cuestión está en la forma en que los adultos les entregan el respectivo material. Por ello es que nunca se insistirá lo suficiente en la necesidad de que, en las escuelas y colegios, se insista en este costado fundamental de la formación. Como también en la necesidad de que, en el hogar, se produzca el mismo impulso. Si ello se practica con la suficiente constancia e intensidad, quedará claro, en las mentes jóvenes, que esas hojas encuadernadas tienen mucho para decirles, y que en muchos terrenos su contenido supera, por lejos, lo que pueden ofrecerles las computadoras o la televisión.
También hemos puntualizado en otras ocasiones, y no es ocioso repetirlo, la urgencia de que los docentes reciban una formación enderezada al logro de los citados objetivos. En efecto, parece obvio decir que, para que quien enseña sea capaz de transmitir a sus alumnos el amor por la lectura, debe tener clara conciencia de lo que ella significa, y estar dotado de las estrategias necesarias para despertar la correspondiente inclinación. En una palabra, quien no lee no puede estimular eficazmente a leer.
Durante muchos años, no se ha tenido en cuenta el requerimiento de ofrecer, a los alumnos, lecturas que verdaderamente piquen su interés. Y así es como grandes obras de la literatura han quedado, en la mente de primarios y de secundarios, como cosa aburrida y fastidiosa, ya que el docente no se había preocupado por seleccionar los textos convenientes de acuerdo con las edades y con las inquietudes. Por lo que puede advertirse, la maratón que elogiamos ha utilizado todos los recursos necesarios para capturar la atención de sus lectores.
Así, es de esperar que jornadas como la que comentamos, de tan indiscutible signo positivo, se multipliquen bajo las más diversas formas, en los establecimientos escolares, con el correspondiente eco en la casa familiar. A pesar de todas las novedades que ofrece el mundo moderno y de las profecías que se han hecho acerca de la desaparición del libro, este sigue siendo el vehículo por excelencia para formar, para educar, para excitar la imaginación y para hacer viajar la mente por los mundos más fascinantes.

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