BUENOS AIRES.- La rueda de la política, implacable, marcó esta última semana un ascenso rutilante y una bancarrota sin retorno. Impulsado, por la necesidad del Gobierno, hacia responsabilidades cada vez más protagónicas, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, ascendió al podio. En tanto, el diputado electo por la Capital Federal, Eduardo Lorenzo (Borocotó), quien se burló torpemente de la democracia, se precipitó, de una vez y para siempre, rumbo a la muerte civil. En ambas cuestiones, y como ocurre habitualmente en esta administración de Presidente sin red, el riesgo de hacer girar esa peligrosa rueda de fortuna tan esquiva lo tomó, en ambos casos, Néstor Kirchner, y a él habrá finalmente que, como le gusta, reconocerle los méritos o pasarle las facturas.
Ambas situaciones se dieron apenas tres semanas después de un resultado electoral casi plebiscitario en todo el país que, por obra de las circunstancias, se ha ido diluyendo, al menos en la consideración de la complicada clase media capitalina, un término que repitió varias veces en campaña el Presidente para referirse a los porteños y que muchos interpretaron de modo peyorativo.
Esta sensación de licuación de capital político -que habrá que ver si luego se reproduce en otros lugares del país- se observa hoy claramente en un distrito donde apenas acompañaron a Kirchner en las elecciones nada más que 14 de cada 100 empadronados. Muchas de las cosas que han venido ocurriendo desde el 23 de octubre hasta ahora, sin solución de continuidad, le han agregado a este electorado tan particular un nuevo rosario de críticas hacia el Gobierno. Los taxistas porteños, generalmente buenos referentes del humor de la ciudad, fueron en estos días -como en los mejores tiempos de la presencia piquetera en la calle- una usina de mala onda antigubernamental. Sus principales desvelos hoy pasan por la inseguridad, los cortes de calles y la marcha de la inflación.
Los episodios que se sumaron como lastre a aquella performance electoral, que ya parece tan lejana, tuvieron que ver, desde el lado de la seguridad, con los incidentes en Haedo y en Mar del Plata, con la tardanza policial en el primer caso y con la presunción de "zona liberada" que explicitó el intendente Katz, en el segundo.
Desde círculos algo más intelectuales también se escucharon fuertes críticas hacia el manejo de la política exterior, pero no tanto en el fondo, sino en las formas (base y sentido de la diplomacia), con la percepción de muchos sobre ciertos dobles mensajes emitidos en la Cumbre de presidentes, situación que por haber sido denunciada descarnadamente por el presidente Vicente Fox, casi provocó un incidente diplomático con México. Entre esas ostensibles dualidades que se mencionaron pueden contabilizarse el haber publicitado un "no" rotundo al ALCA de la boca para afuera, mientras que en la realidad se propiciaba en los papeles una negociación que convenga a la Argentina y, sobre todo, en la contribución ideológica, monetaria y televisiva con el show anticumbre de Hugo Chávez, en paralelo a la recepción oficial.
Otros puntos negros que sumaron bronca y estupor en la última semana tuvieron que ver con la distinción que habitualmente hace el Gobierno entre la "nueva" y la "vieja" política. En este rubro pueden contabilizarse la retirada estrepitosa de la Legislatura porteña de los cinco miembros del bloque kirchnerista y el deleznable episodio que tuvo como centro el pase de Borocotó a las filas oficiales.
En el primer caso, con los diputados escondiéndose para no votar en contra de la pretensión de los familiares de las víctimas de Cromagnon de promover el juicio político y la suspensión de Aníbal Ibarra, hoy nuevamente un protegido del Gobierno, situación que potenció los incidentes del final y con los insultos terribles que le propinaron a Kirchner, como nunca antes se habían escuchado por TV. Y en el caso del diputado electo por el macrismo, repentinamente converso, con el involucramiento personal del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y del propio Kirchner.
La preocupación de la gente por la inflación, tema al que el Presidente ordenó prestarle prioritaria atención, lleva la mirada hacia el otro personaje de la semana, Roberto Lavagna, en claro ascenso desde la Cumbre de Mar del Plata.
Cuentan los periodistas que siguieron de cerca la sesión final del sábado anterior, que el ministro de Economía se comportó allí como el verdadero canciller de la República y que su protagonismo en los cuartos intermedios fue excluyente. Pese a que el "scrum" de conciliábulos lo formaban el Presidente, Alberto Fernández, Rafael Bielsa y él, nada se hizo, nada se propuso, ni nada se escribió sin su opinión ni su consentimiento. A estas alturas, Lavagna es el funcionario con mayor experiencia en negociaciones económicas internacionales, ya que estuvo en la Ronda Uruguay del GATT; fue Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la Unión Europea (Bruselas) en tiempo de negociaciones bilaterales y también, ante los Organismos Económicos Internacionales (Ginebra).
Más allá del currículum, el titular de Economía es el natural representante argentino ante la Organización Mundial de Comercio, ya que la Argentina no tiene ministro de Comercio, y será él quien encabece la misión ante la OMC, el mes próximo en Hong Kong.
Por otra parte, Lavagna piensa desde hace mucho tiempo -porque es además una política de la Cancillería que, con matices, viene desde Raúl Alfonsín y Carlos Menem, y que él siguió en sus destinos diplomáticos- que las negociaciones con Europa y Estados Unidos tienen que ser de toma y daca (la Argentina firma, si hay un horizonte de baja de los subsidios agrícolas).
El protagonismo del ministro se exacerbó durante la semana, tras la venia presidencial para salir a enfriar la economía, tanto que salió a marcar territorio a varias puntas. Quizás a Lavagna no le gusten los shocks, ni los planes de muchas medidas en paquete, como dicen, pero lo que quedó claro es que a la hora de ocupar espacios no se anda con chiquitas.
Con la excusa de la espada afilada para luchar contra la inflación, y dentro de su mejor ortodoxia dirigista, el ministro le pasó por encima a su colega de Trabajo y a la CGT en el caso de la Ley de reforma de las ART y de la baja del plus indemnizatorio; a la subsecretaría de Defensa de la Competencia, con un registro propio de denuncias oligopólicas, y apuntó al corazón de la autonomía del Banco Central, al sugerirle por televisión una suba de los encajes bancarios y la instauración de un régimen de liberaciones condicionadas para los bancos que se animen a dar crédito a cuatro o cinco años de plazo.
Además, y en línea con la política de retenciones, Lavagna anuló reintegros a exportaciones de los bienes que más se consumen y se expuso a que esos 200 productos suban sus precios internos por traslado de los mayores costos derivados del retoque del tipo de cambio que sufrieron.
Sabedor de que la economía entrará en un desfiladero angosto, donde habrá que tomar decisiones muy finas sobre caminos de equilibrio entre metas de crecimiento, tipo de cambio, nivel de exportaciones y precios internos, el próximo round del ministro tendrá que ver con los aumentos que se están planteando en carnes y lácteos, sectores donde quizás vuelvan a subirse las retenciones.
También deberá lidiar el jueves en el Congreso, cuando vaya a solicitar la prórroga de impuestos para abordar el Presupuesto 2006, antes de la renovación del 10 de diciembre. Como moneda de cambio, allí los duhaldistas y la oposición le están pidiendo el aumento en el mínimo no imponible de la cuarta categoría de Ganancias y la duplicación de la base de cálculo del Impuesto a los Bienes Personales.
El desdoblamiento de Lavagna hacia temas comerciales y macroeconómicos quizás tenga su premio si el Presidente avanza en los cambios en el Gabinete que madura en El Calafate por un camino que no parece alocado. Que la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería pase a Economía y que el nuevo jefe del Palacio San Martín (¿Alberto Fernández?) se ocupe sólo de las cuestiones políticas. La variante sólo la autorizará Kirchner, pero una fuente del Gobierno, sin negarlo, prudentemente le dijo a DyN: "¿por qué no?".
13 Noviembre 2005 Seguir en 







