12 Noviembre 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El fin de semana ha impuesto un cuarto intermedio en la complejidad de problemas que debe enfrentar el Gobierno después de las elecciones que quedaron congelados por la Cumbre de las Américas. Uno de ellos, muy ruidoso y tan comprometedor para Kirchner y su jefe del Gabinete, como la voltereta de Borocotó desde el macrismo a la Casa Rosada. Otra cuestión, menos ruidosa pero más testimonial, es que la política económica ha entrado en una fase de reorientaciones forzosas, como consecuencia de la sostenida inflación y del lento andar de las inversiones.
Los anuncios del ministro Roberto Lavagna, al que inspiró hasta ahora la heterodoxia, apuntaron más a la ortodoxia, causando malestar en el empresariado con la eliminación de reintegros a la exportación de alimentos para favorecer el abastecimiento interno; también en la CGT, sorprendida por el recorte de las elevadas indemnizaciones por despido que transitoriamente impuso la emergencia laboral. Esas medidas tampoco satisfacen en el Banco Central, donde la decisión ministerial de elevar los encajes bancarios, se trasladaría, dicen en el BCRA, a las tasas de interés.
En líneas generales, se trata de que el consumidor tenga mejor oferta alimentaria, pero el peligro sería que se elevara el consumo. Como suele demostrar la experiencia, con la economía se pueden hacer muchas cosas, salvo violar sus reglas fundamentales.
El caos en la Legislatura porteña -ahora en cuarto intermedio hasta el lunes- señala con el caso Borocotó a la Casa Rosada, interesada en sostener al alcalde Aníbal Ibarra; pero el anuncio del diputado mutante -hasta el 10 de diciembre, con banca en el Parlamento local- de que mantendrá su adhesión al juicio político, ha demostrado que la seducción del volátil legislador apunta a integrarlo al futuro bloque kirchnerista de Diputados.
De ello habría sido advertido por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, antiguo amigo, para evitar que su voltereta lo complique en la Legislatura porteña.
Antes de viajar a El Calafate -donde analiza, lejos del mundanal ruido, la recomposición ministerial- el Presidente no ocultó su molestia por la forma grosera de los anuncios de Borocotó, en los que apareció su cambio de filas como otro testimonio de compraventa política.
En el macrismo, como es público, se apeló a una acción judicial para impedir la llegada de Borocotó a la banca, pero los expertos consideran que no es una alternativa válida. Sí podría serlo, en cambio, otra variante más ambiciosa: convocar al electorado porteño ante el Congreso para que, como en el caso Blumberg, se exija un comportamiento parlamentario proporcional a la circunstancia, mediante un planteamiento de privilegio en la Cámara de Diputados. (De nuestra Sucursal)
Los anuncios del ministro Roberto Lavagna, al que inspiró hasta ahora la heterodoxia, apuntaron más a la ortodoxia, causando malestar en el empresariado con la eliminación de reintegros a la exportación de alimentos para favorecer el abastecimiento interno; también en la CGT, sorprendida por el recorte de las elevadas indemnizaciones por despido que transitoriamente impuso la emergencia laboral. Esas medidas tampoco satisfacen en el Banco Central, donde la decisión ministerial de elevar los encajes bancarios, se trasladaría, dicen en el BCRA, a las tasas de interés.
En líneas generales, se trata de que el consumidor tenga mejor oferta alimentaria, pero el peligro sería que se elevara el consumo. Como suele demostrar la experiencia, con la economía se pueden hacer muchas cosas, salvo violar sus reglas fundamentales.
El caos en la Legislatura porteña -ahora en cuarto intermedio hasta el lunes- señala con el caso Borocotó a la Casa Rosada, interesada en sostener al alcalde Aníbal Ibarra; pero el anuncio del diputado mutante -hasta el 10 de diciembre, con banca en el Parlamento local- de que mantendrá su adhesión al juicio político, ha demostrado que la seducción del volátil legislador apunta a integrarlo al futuro bloque kirchnerista de Diputados.
De ello habría sido advertido por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, antiguo amigo, para evitar que su voltereta lo complique en la Legislatura porteña.
Antes de viajar a El Calafate -donde analiza, lejos del mundanal ruido, la recomposición ministerial- el Presidente no ocultó su molestia por la forma grosera de los anuncios de Borocotó, en los que apareció su cambio de filas como otro testimonio de compraventa política.
En el macrismo, como es público, se apeló a una acción judicial para impedir la llegada de Borocotó a la banca, pero los expertos consideran que no es una alternativa válida. Sí podría serlo, en cambio, otra variante más ambiciosa: convocar al electorado porteño ante el Congreso para que, como en el caso Blumberg, se exija un comportamiento parlamentario proporcional a la circunstancia, mediante un planteamiento de privilegio en la Cámara de Diputados. (De nuestra Sucursal)







