04 Abril 2002 Seguir en 
Alguna vez hemos consignado en este comentario el curioso hecho de que en nuestra ciudad no parezca existir un sistema de retiro de los elementos que son colocados en la vía pública con motivo de algún acontecimiento, con posterioridad a este. Entre nosotros, el acontecimiento pasa y los elementos siguen, cada vez más ultrajados por el sol y por la lluvia. Sólo desaparecen cuando alguna tormenta o un viento fuerte los arranca definitivamente.
Un buen ejemplo de lo que decimos puede verificarse en la plaza Independencia. Allí, las farolas todavía tienen adherida la ornamentación que se les colocó con motivo de la Navidad. Han pasado cuatro meses, ya hemos celebrado la Pascua, y a la autoridad municipal no se le ocurre quitar esos adornos.
Todo esto habla de una gran dejadez respecto del mantenimiento de la ciudad capital dentro de mínimas condiciones de buen orden y de estética. Nos parece que se trata de criterios cuya modificación resulta urgente. San Miguel de Tucumán debe revertir ese aire de descuido y de atraso que ha empezado a ser su deplorable característica.
Un buen ejemplo de lo que decimos puede verificarse en la plaza Independencia. Allí, las farolas todavía tienen adherida la ornamentación que se les colocó con motivo de la Navidad. Han pasado cuatro meses, ya hemos celebrado la Pascua, y a la autoridad municipal no se le ocurre quitar esos adornos.
Todo esto habla de una gran dejadez respecto del mantenimiento de la ciudad capital dentro de mínimas condiciones de buen orden y de estética. Nos parece que se trata de criterios cuya modificación resulta urgente. San Miguel de Tucumán debe revertir ese aire de descuido y de atraso que ha empezado a ser su deplorable característica.







