Por el escándalo, la popularidad de Bush flaquea

El Presidente de EEUU vivió su peor semana.

EN APUROS. Cheney, el vicepresidente, y Bush, están el ojo de la tormenta.
EN APUROS. Cheney, el vicepresidente, y Bush, están el ojo de la tormenta.
31 Octubre 2005
Washington.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quiere "empezar de nuevo", tras la acusación formal presentada contra el jefe del gabinete de su vicepresidente, por revelar la identidad de una agente de la CIA.
Como primer paso, tal vez hoy Bush podría nominar a un nuevo candidato para juez de la Corte Suprema. La propuesta para ese cargo de la asesora legal del presidente Harriet Miers fracasó por la presión de los republicanos y, en particular, de la derecha religiosa.
Según un sondeo publicado ayer y elaborado por el diario "The Washington Post" y por la cadena de televisión ABC, un 39% de los estadounidenses siguen considerando buena su gestión, la cifra más baja desde que Bush llegó a la Casa Blanca en 2001.
Lewis Libby, hasta ahora jefe de gabinete del vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, fue acusado formalmente el viernes de cinco cargos incluyendo perjurio, falso testimonio y obstrucción de la Justicia, en la investigación acerca de la presunta filtración por parte de una fuente de la Casa Blanca de la identidad de la agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense, Valerie Plame.
Libby, que el viernes presentó su renuncia, deberá comparecer por primera vez ante el tribunal esta semana. El gran jurado investiga si la Casa Blanca filtró la identidad de la agente encubierta Valerie Plame a la prensa.
Plame es esposa de un ex embajador estadounidense que puso en duda públicamente los argumentos esgrimidos por Bush para invadir Irak. El esposo de Plame, Joseph Wilson, afirma que la Casa Blanca expuso a su mujer en venganza. Libby, el político de mayor confianza de Cheney, pertenece al grupo de neoconservadores dentro del gobierno de Bush y fue uno de los estrategas y arquitectos de la guerra de Irak.
Desde la Casa Blanca se apuntó ayer que Bush no tiene previsto hacer más cambios como consecuencia del escándalo. Así, queda en su cargo el estrecho colaborador de Bush, Karl Rove, que también está bajo sospecha de haber contribuido a descubrir a la agente Plame aunque por el momento no fue acusado formalmente. (DPA-Reuter)

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