30 Octubre 2005 Seguir en 
WASHINGTON.- El caso de la filtración de la identidad de una agente encubierta de la CIA, Valerie Plame, pondrá a la oficina del vicepresidente, Dick Cheney, en el centro de los procesos judiciales, y podrían golpear políticamente al presidente George W. Bush. Lewis Libby, quien renunció el viernes como jefe del gabinete de Cheney después de ser acusado por obstrucción de la justicia, perjurio y por mentirles a los agentes del FBI durante la investigación de este escándalo, irá a la Corte la próxima semana, para notificarse de los cargos en su contra.
Libby, de 55 años, que enfrenta una posible condena de 30 años de prisión, seguramente se declarará inocente, a partir de lo cual el juez del caso fijará una fecha para el juicio.
Otra figura clave bajo la lupa es Karl Rove, principal asesor político del presidente George W. Bush. El propio Cheney y otros altos funcionarios de la Casa Blanca mencionados en la acusación podrían ser llamados a testificar. El caso tiene visos de represalia contra un ex embajador de EE.UU que cuestionó la guerra en Irak. (Reuter)
Libby, de 55 años, que enfrenta una posible condena de 30 años de prisión, seguramente se declarará inocente, a partir de lo cual el juez del caso fijará una fecha para el juicio.
Otra figura clave bajo la lupa es Karl Rove, principal asesor político del presidente George W. Bush. El propio Cheney y otros altos funcionarios de la Casa Blanca mencionados en la acusación podrían ser llamados a testificar. El caso tiene visos de represalia contra un ex embajador de EE.UU que cuestionó la guerra en Irak. (Reuter)







