La agresión sonora

Las autoridades deben encarar una campaña contra los ruidos molestos.

07 Octubre 2005
En estos últimos tiempos, se ha hecho común que muchos negocios del centro comercial emitan música, a alto volumen. A dicha emisión deben sumarse varias otras. Hablamos de las procedentes de vendedores callejeros (música, los que expenden CD truchos, o timbrazos permanentes, que ofrecen relojes despertadores); el fragor de los escapes libres de automotores y motocicletas; la música que sale de los vehículos que efectúan promociones o propaganda política. Hay que convenir, entonces, que ese sector tan concurrido de nuestra ciudad se ve envuelto por un ruido molesto constante, durante toda la jornada hábil.
Es sobremanera conocido el dañoso efecto que esto causa sobre la psiquis de las personas. Como también el hecho de que las ciudades más adelantadas del mundo se empeñan decididamente en la tarea de reducir la agresión sonora. Entre nosotros, se trata de un tema aún no encarado. Sin duda que se debe evitar el ruido nocturno, que sale de bares y boliches, en las zonas residenciales. Pero, de día y en el centro comercial, no puede dársele vía libre, como ocurre actualmente, en un proceso que va en franco crecimiento.

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