En enero, para graficar lo dramático del momento, el presidente Eduardo Duhalde dijo que había que evitar el derrumbe del país. A tres meses, Argentina sigue agrietándose, atenazada por la crisis. El lunes pasado, el gobernador Julio Miranda advirtió que sobrevendrán tiempos todavía más difíciles para Tucumán.
¿Qué se puede esperar entonces en los próximos meses en la provincia? Sin decirlo, Miranda vaticina nuevos atrasos salariales, recaudación en caída, menos recursos nacionales, más protestas y conflictos gremiales, y los efectos negativos de una acción social limitada sólo al 10% de la población con necesidades básicas insatisfechas. El otro 90% de tucumanos marginados (más de 350.000) sufrirá los efectos del derrumbe y de los nuevos males que augura el mandatario.
Pesimistas
Los mensajes del poder a la ciudadanía, pese a palabras sueltas sobre esperanza y optimismo, son pesimistas. Lo peor está por verse, parece decir la jerarquía política, y para todos, sin exclusiones. Con ese horizonte que avizora desalentador, se entiende que Miranda no haya deslizado ni una línea sobre la reforma de la Constitución durante la apertura de las sesiones ordinarias en la Legislatura. Evitó introducir un elemento de conflictividad a las dificultades económicas y sociales que ya padece. ¡Para qué enrarecer aún más el clima! Es más, hasta es posible que altere la fecha de la elección de convencionales constituyentes, anunciada para el 7 de julio.
"La primavera podría ser un buen momento", deslizó ayer un funcionario de la Casa de Gobierno. Por ahora, de reforma no se habla.
Lo primero es atender y soportar la crisis para atenuar las secuelas políticas. Y la única forma es dando paliativos a la gente con hambre. Pero los fondos son escasos para frenar todas las exteriorizaciones de descontento, por más que se hable de transparencia y eficiencia en la aplicación de los programas sociales para apaciguar los ánimos.
En el Gobierno se intuye que las cosas pueden empeorar, por lo que la reelección es todavía un sueño muy lejano.
Lo que Miranda necesita en forma urgente es dinero. Por eso se reunirá hoy con Duhalde, porque sin recursos no hay futuro político para nadie, especialmente cuando está de por medio la paz social. Lo que se viene no es bueno para nadie; tampoco para el Gobierno.







