02 Octubre 2005 Seguir en 
En su inmortal obra "César y Cleopatra", el escritor irlandés George Bernard Shaw (1856-1950) dice que la legendaria biblioteca de Alejandría es "la memoria de la humanidad". Eso mismo dijo Jorge Luis Borges del libro, y agregó que, además de la memoria, es también la imaginación y el sueño. No puede decirse lo mismo de las nuevas tecnologías informativas. Internet, celulares, weblogs y, por supuesto, la televisión a la carta, están hoy acaparando las preferencias de los jóvenes, en detrimento de la lectura de libros y periódicos, que ha dejado de ser una prioridad en muchas sociedades.
Ante esa encrucijada, el desafío de la tecnología y la necesidad de captar al público joven se encuentran hoy en los diarios de papel. "Si esperamos que un joven tenga 18 años para convertirlo en lector de diarios ya será demasiado tarde", señaló James Abbott, vicepresidente de la Newspaper Association of America Foundation de EE.UU. en la 6a Conferencia Mundial de Jóvenes Lectores, que se realizó en Buenos Aires días atrás, con la organización de la Asociación Mundial de Periódicos y de la que LA GACETA participó como entidad asociada.
De hecho, esta idea motriz generó ricos debates entre los más de 300 editores, consultores y educadores de todo el mundo, que analizaron las experiencias y estrategias editoriales de distintos diarios para conquistar a los jóvenes como lectores asiduos. Una de las exposiciones más comentadas fue precisamente la de Abbott, que señaló que los diarios deben hacer su apuesta por la educación como un seguro para garantizar lectores futuros. La propuesta no deja de ser ambiciosa en un país como la Argentina, en el que la deserción escolar sigue registrando niveles muy altos. Fue Roxana Morduchowicz, directora de Educación para los Medios del Ministerio de Educación de la Argentina, la encargada de dejar al descubierto esta realidad desconcertante.
Según la funcionaria, la lectura es lo que hoy se llama "primera alfabetización". Y es la herramienta que permite acceder a un segundo nivel de formación, incluyendo la lectura de los medios virtuales, hoy imprescindible para el desarrollo social y laboral de cualquier individuo.
En este sentido, los diarios son los textos más actualizados, ya que se renuevan cada 24 horas. Son los únicos escritos que acompañan al individuo durante toda su vida y los únicos en los que siempre un joven o un adulto encontrará lo que necesita para su derrotero existencial. El hecho de que un diario sea leído y debatido en el seno de una familia o en las escuelas permite a los padres y a los docentes fomentar eficazmente el aprendizaje, el pensamiento crítico y la inventiva entre alumnos de cualquier edad. Pero si algo quedó en claro en esta asamblea mundial fue justamente el hecho de que la lectura no debe ser considerada nunca como una obligación, sino más bien como un goce. "No hago nada sin alegría", escribió Michel de Montaigne (1533-1592) para destacar que la lectura obligatoria es un concepto falso. Y agrega que si él encuentra un pasaje difícil en un texto, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad. Este mismo concepto debería prevalecer también en estos tiempos vertiginosos y virtuales. Un texto no debería requerir un esfuerzo de la misma manera que la felicidad no requiere ningún esfuerzo.
Hoy más que nunca se habla de la desaparición de los textos escritos, agobiados por el vértigo de la televisión y de internet. Pero, según los conferencistas de la Asociación Mundial de Periódicos, esta no es una etapa de desapariciones, sino de cambios. El texto escrito, dicen, no desaparecerá por la sencilla razón de que un diario, al igual que un libro, se escribe para la memoria. En cambio, las imagénes de la TV, los textos radiales, los chats y los mensajes de texto de los celulares son concebidos para el olvido. Así las cosas, el texto escrito tiene, afortunadamente, cierta santidad que no puede, que no debe, que decididamente no conviene perder.
Ante esa encrucijada, el desafío de la tecnología y la necesidad de captar al público joven se encuentran hoy en los diarios de papel. "Si esperamos que un joven tenga 18 años para convertirlo en lector de diarios ya será demasiado tarde", señaló James Abbott, vicepresidente de la Newspaper Association of America Foundation de EE.UU. en la 6a Conferencia Mundial de Jóvenes Lectores, que se realizó en Buenos Aires días atrás, con la organización de la Asociación Mundial de Periódicos y de la que LA GACETA participó como entidad asociada.
De hecho, esta idea motriz generó ricos debates entre los más de 300 editores, consultores y educadores de todo el mundo, que analizaron las experiencias y estrategias editoriales de distintos diarios para conquistar a los jóvenes como lectores asiduos. Una de las exposiciones más comentadas fue precisamente la de Abbott, que señaló que los diarios deben hacer su apuesta por la educación como un seguro para garantizar lectores futuros. La propuesta no deja de ser ambiciosa en un país como la Argentina, en el que la deserción escolar sigue registrando niveles muy altos. Fue Roxana Morduchowicz, directora de Educación para los Medios del Ministerio de Educación de la Argentina, la encargada de dejar al descubierto esta realidad desconcertante.
Según la funcionaria, la lectura es lo que hoy se llama "primera alfabetización". Y es la herramienta que permite acceder a un segundo nivel de formación, incluyendo la lectura de los medios virtuales, hoy imprescindible para el desarrollo social y laboral de cualquier individuo.
En este sentido, los diarios son los textos más actualizados, ya que se renuevan cada 24 horas. Son los únicos escritos que acompañan al individuo durante toda su vida y los únicos en los que siempre un joven o un adulto encontrará lo que necesita para su derrotero existencial. El hecho de que un diario sea leído y debatido en el seno de una familia o en las escuelas permite a los padres y a los docentes fomentar eficazmente el aprendizaje, el pensamiento crítico y la inventiva entre alumnos de cualquier edad. Pero si algo quedó en claro en esta asamblea mundial fue justamente el hecho de que la lectura no debe ser considerada nunca como una obligación, sino más bien como un goce. "No hago nada sin alegría", escribió Michel de Montaigne (1533-1592) para destacar que la lectura obligatoria es un concepto falso. Y agrega que si él encuentra un pasaje difícil en un texto, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad. Este mismo concepto debería prevalecer también en estos tiempos vertiginosos y virtuales. Un texto no debería requerir un esfuerzo de la misma manera que la felicidad no requiere ningún esfuerzo.
Hoy más que nunca se habla de la desaparición de los textos escritos, agobiados por el vértigo de la televisión y de internet. Pero, según los conferencistas de la Asociación Mundial de Periódicos, esta no es una etapa de desapariciones, sino de cambios. El texto escrito, dicen, no desaparecerá por la sencilla razón de que un diario, al igual que un libro, se escribe para la memoria. En cambio, las imagénes de la TV, los textos radiales, los chats y los mensajes de texto de los celulares son concebidos para el olvido. Así las cosas, el texto escrito tiene, afortunadamente, cierta santidad que no puede, que no debe, que decididamente no conviene perder.







