Iniciarían acciones legales contra NOA Ferrocarriles

El convoy en el que habían partido desde Buenos Aires se quedó en Santa Fe. Los pasajeros estaban indignados. Dijeron que nadie les dio explicaciones. Odisea.

CONSTERNACION. Los pasajeros, al lado del trén, poco después de que se detuvieron en Rafaela.
CONSTERNACION. Los pasajeros, al lado del trén, poco después de que se detuvieron en Rafaela.
29 Julio 2002
Más de 600 tucumanos llegaron ayer a la provincia luego de vivir una terrible odisea cuando el tren que los traía desde Buenos Aires se quedó en Rafaela, Santa Fe, y debieron pasar casi 20 horas sin saber qué sería de su futuro.
Finalmente la mayoría llegó en ómnibus, contratados por la empresa NOA Ferrocarriles, pero con la convicción de iniciar acciones legales contra la firma.
"Realmente fue una experiencia increíble. Creo que el convoy directamente no debería haber salido de Buenos Aires. Eso por lo menos nos dijeron los empleados. Cuando se quedó ya no hubo nada que hacer; no iba ni para atrás ni para adelante", afirmó Humberto Mirabal, una de las víctimas de esta aventura. El hombre, su hija y su nieto tuvieron que alquilar una combi, junto con otros pasajeros, para poder llegar a Tucumán.
El tren sufrió un desperfecto a las 9 del sábado y desde ese momento empezó el sufrimiento. "Había muchos chicos. Imagínese lo que es quedar tirado, sin agua, sin calefacción y para peor sin saber qué iba a pasar", relató Mirabal. Los empleados les decían que les iban a mandar ómnibus para que siguieran el viaje, pero a las 18 no había novedades. "Ya desesperado, me tomé la combi. Hicimos la denuncia en Rafaela, y voy a ir a Tribunales. Esto es una falta de respeto. Soy jubilado ferroviario, y esta situación me da mucha pena", afirmó.

Los viajeros
Ayer a la mañana, comenzaron a llegar quienes esperaron los ómnibus. Cargados con bolsos y con fastidio, ninguno dejó de quejarse por lo que había pasado. "Esto es un insulto. No puede ser que nos hagan esto. Hemos pasado una de las peores jornadas de nuestras vidas", aseguró José Manuel Rivadeneira, quien estaba con su esposa, Mariel, y sus hijos.
"Nadie nos decía nada; nadie se hacía cargo. Es una burla. Si ya sabían que tal vez no llegaríamos a destino, ¿para qué nos vendieron los pasajes? Esta empresa ya debería estar cerrada", afirmó Pedro Monteros.
Los pasajeros se quejaron además de la falta de seguridad en el convoy. "Cuando nos paramos nos dijeron que sacáramos todo porque nos podían robar. La verdad es que prefiero pagar un poco más, pero llegar a mi casa", se quejó Daniel Gómez.
Hasta anoche, nadie de la empresa NOA Ferrocarriles, cuya gestión está siendo investigada por la Justicia, dio explicaciones acerca de lo que había pasado.

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