26 Septiembre 2005 Seguir en 
Más allá de las protestas vecinales por la prostitución callejera, España se ha convertido bruscamente en un imán para las bandas que trafican con extranjeros destinados a explotarles en el mercado del sexo. De los controles policiales se deduce que tres de cada diez personas dedicadas a la prostitución proceden del este de Europa y una de África. El resto son latinoamericanas, además de una minoría de españolas. Un estudio del Instituto Europeo para la Prevención del Crimen estima el número de prostitutas en España entre 45.000 y 300.000.
Según consigna en su edición electrónica el diario El País, de España, noventa y cinco grupos de tráfico sexual fueron identificados en las operaciones policiales del primer semestre de 2005, período en el que hubo 518 arrestos por esa causa, según el Ministerio del Interior.
Unas 11.000 plazas hoteleras de prostitución funcionan a diario en zonas extraurbanas de este país, casi tantas como la capacidad hotelera de Sevilla. Sus ocupantes -que cambian con frecuencia- siguen siendo mujeres extranjeras en su mayoría, según fuentes de la Guardia Civil, que no observan cambios numéricos significativos en lo que va de año en relación a la población contabilizada el precedente (18.655 mujeres extranjeras y sólo 374 españolas) en 1.070 establecimientos inspeccionados. A toda esa oferta hay que agregar pisos y locales urbanos, la calle, algunos parques, cunetas; un portavoz de la policía dice que no hay estadísticas de esas áreas.
Según un informe de la Unidad de Policía Judicial de la Guardia Civil, poco más del 1% de mujeres controladas en lugares de prostitución presentan denuncia por haber sido traficadas o explotadas; "la mayoría de estas mujeres informan que han llegado a España para ejercer la prostitución voluntariamente", reza el informe. Sucede que la carga de la prueba recae sobre ellas. Después de dar ese paso, ni sus familias están a salvo, ni ellas tienen una garantía razonable de que los rufianes que las traen y las llevan, las venden y revenden, les pegan y les quitan el dinero, sean castigados con severidad.
Siempre según el informe citado de la Guardia Civil, cuando a las personas prostituidas se les plantea salir de esa situación, "las mujeres afectadas perciben esa posibilidad como muy poco realista, puesto que no hay inmediatamente disponible ninguna opción laboral suficientemente rentable, ni para saldar a corto plazo la deuda contraída con la organización que les trae ni para asegurar ingresos suficientes como para garantizar su subsistencia y a la vez ayudar a los familiares que han dejado en el país de origen", según las mismas fuentes. Por eso las denuncias de personas traficadas se limitan a situaciones absolutamente insoportables. (Fuente consultada: www.elpais.es).
Según consigna en su edición electrónica el diario El País, de España, noventa y cinco grupos de tráfico sexual fueron identificados en las operaciones policiales del primer semestre de 2005, período en el que hubo 518 arrestos por esa causa, según el Ministerio del Interior.
Unas 11.000 plazas hoteleras de prostitución funcionan a diario en zonas extraurbanas de este país, casi tantas como la capacidad hotelera de Sevilla. Sus ocupantes -que cambian con frecuencia- siguen siendo mujeres extranjeras en su mayoría, según fuentes de la Guardia Civil, que no observan cambios numéricos significativos en lo que va de año en relación a la población contabilizada el precedente (18.655 mujeres extranjeras y sólo 374 españolas) en 1.070 establecimientos inspeccionados. A toda esa oferta hay que agregar pisos y locales urbanos, la calle, algunos parques, cunetas; un portavoz de la policía dice que no hay estadísticas de esas áreas.
Según un informe de la Unidad de Policía Judicial de la Guardia Civil, poco más del 1% de mujeres controladas en lugares de prostitución presentan denuncia por haber sido traficadas o explotadas; "la mayoría de estas mujeres informan que han llegado a España para ejercer la prostitución voluntariamente", reza el informe. Sucede que la carga de la prueba recae sobre ellas. Después de dar ese paso, ni sus familias están a salvo, ni ellas tienen una garantía razonable de que los rufianes que las traen y las llevan, las venden y revenden, les pegan y les quitan el dinero, sean castigados con severidad.
Siempre según el informe citado de la Guardia Civil, cuando a las personas prostituidas se les plantea salir de esa situación, "las mujeres afectadas perciben esa posibilidad como muy poco realista, puesto que no hay inmediatamente disponible ninguna opción laboral suficientemente rentable, ni para saldar a corto plazo la deuda contraída con la organización que les trae ni para asegurar ingresos suficientes como para garantizar su subsistencia y a la vez ayudar a los familiares que han dejado en el país de origen", según las mismas fuentes. Por eso las denuncias de personas traficadas se limitan a situaciones absolutamente insoportables. (Fuente consultada: www.elpais.es).







