18 Septiembre 2005 Seguir en 
La pérdida de imagen de Bush ante la ciudadanía de EEUU fue consecuencia de la crisis de Nueva Orleáns, porque la gente piensa que muchas de las secuelas que dejó esta catástrofe podían haberse evitado. Pero cuando se analizan los resultados objetivamente, se llega a la conclusión de que las pérdidas humanas resultan bajas frente a cualquier desastre natural similar ocurrido en otras partes del mundo, aunque se reconoce que hubo diversas fallas.
Los americanos no están acostumbrados a que las cosas salgan mal en este país, y, tal vez, con Katrina se reavivó un conflicto implícito entre el Estado de Louisiana y el gobierno federal que nunca se había resuelto: Lousiana quería que Washington pagara los arreglos de las represas y el gobierno federal contestaba que los habitantes de otros estados no tenían por qué financiar a Lousiana.
De todas maneras, no creo que lo ocurrido vaya a afectar al Partido Republicano en general. Sí es cierto que muchos americanos consideran que las tropas que ahora están en Irak tendrían que estar en territorio de EEUU, para atender las necesidades internas.
Como los estadounidenses tienen una idiosincrasia muy especial, ya están pensando más en quién podrá suceder a Bush que en cuestionar su gestión. En ese escenario, una de las figuras que aparece con buenas posibilidades para entrar en la carrera presidencial es la del republicano y ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani. Aunque lo hizo en forma velada, el hombre de la "tolerancia cero" ya reconoció que se presentaría como candidato en 2008.
Si bien a Bush le quedan aún tres años de gobierno, como todo presidente reelecto que se va comienza a perder fuerza. Y el fenómeno de Katrina anticipó ese desgaste.
Pese a todo, la pérdida de popularidad no resulta significativa para la futura gestión de Bush, menos aún si se tiene en cuenta en cuenta que no puede aspirar a otra reelección. Además, dentro de un año, cuando, Nueva Orleáns esté reconstruida y nadie se acuerde de lo sucedido, la popularidad del presidente va a volver, y se justificarán los errores cometidos al principio por el hecho de haber sido subsanados posteriormente.
En cuanto a las posibles repercusiones políticas o económicas sobre el resto del mundo, en general, y sobre la Argentina, en particular, de la caída de la popularidad de Bush, creo que serán ínfimas; inexistentes, quizás.
Los americanos no están acostumbrados a que las cosas salgan mal en este país, y, tal vez, con Katrina se reavivó un conflicto implícito entre el Estado de Louisiana y el gobierno federal que nunca se había resuelto: Lousiana quería que Washington pagara los arreglos de las represas y el gobierno federal contestaba que los habitantes de otros estados no tenían por qué financiar a Lousiana.
De todas maneras, no creo que lo ocurrido vaya a afectar al Partido Republicano en general. Sí es cierto que muchos americanos consideran que las tropas que ahora están en Irak tendrían que estar en territorio de EEUU, para atender las necesidades internas.
Como los estadounidenses tienen una idiosincrasia muy especial, ya están pensando más en quién podrá suceder a Bush que en cuestionar su gestión. En ese escenario, una de las figuras que aparece con buenas posibilidades para entrar en la carrera presidencial es la del republicano y ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani. Aunque lo hizo en forma velada, el hombre de la "tolerancia cero" ya reconoció que se presentaría como candidato en 2008.
Si bien a Bush le quedan aún tres años de gobierno, como todo presidente reelecto que se va comienza a perder fuerza. Y el fenómeno de Katrina anticipó ese desgaste.
Pese a todo, la pérdida de popularidad no resulta significativa para la futura gestión de Bush, menos aún si se tiene en cuenta en cuenta que no puede aspirar a otra reelección. Además, dentro de un año, cuando, Nueva Orleáns esté reconstruida y nadie se acuerde de lo sucedido, la popularidad del presidente va a volver, y se justificarán los errores cometidos al principio por el hecho de haber sido subsanados posteriormente.
En cuanto a las posibles repercusiones políticas o económicas sobre el resto del mundo, en general, y sobre la Argentina, en particular, de la caída de la popularidad de Bush, creo que serán ínfimas; inexistentes, quizás.







