Bush está perdiendo imagen

La guerra con Irak y la tardía respuesta frente a los daños que causó Katrina minaron la popularidad del presidente.

18 Septiembre 2005
Un ataque terrorista (a las Torres Gemelas, el 11 de setiembre de 2001), una guerra "preventiva" (la de Irak, en 2003) y el paso de un huracán (Katrina, por el sur de su país, en agosto de 2005), marcaron a fuego el gobierno del presidente, George W. Bush.
A cuatro años del primer desastre, provocado por el terrorismo, la catástrofe que destruyó gran parte de Nueva Orleáns y zonas aledañas demostró que el gobierno de Estados Unidos no aprendió cómo responder ante sucesos desgraciados o repentinos.
La grave falencia demostrada por su administración no hizo más que desgastar, prematuramente, la imagen del presidente Bush, ajada ya por la intervención bélica en Irak. El pretexto que llevó a iniciar esta guerra (la existencia de armamento nuclear en Irak) fue luego desmentido categóricamente y se conoció que, en verdad, el verdadero interés de EEUU y de sus aliados era controlar el petróleo iraquí.
La guerra, además, trastocó el orden internacional vigente desde 1945. La Unión Europea (UE), dividida frente al convite de EEUU a formar una coalición bélica para intervenir en Irak, perdió empuje y postergó el deseo de Alemania de aumentar el protagonismo internacional del Viejo Continente. Al mismo tiempo, el conflicto iraquí hizo trastabillar el hipersensible tablero de Medio Oriente.
Con todo lo sucedido -y si bien sigue siendo la primera y la más influyente economía a nivel mundial y el país militarmente más poderoso de la tierra-, el hasta el 11 de setiembre orgulloso líder del mundo democrático muy lejos está de aparecer ya como una potencia invulnerable.
De hecho, los estadounidenses se muestran temorosos, y su presidente, que llegó al poder pretendiendo ser el conductor ideal para un gran Estado, se muestra hoy lento de reflejos y hasta vacilante para encontrar respuestas.
"¿Somos capaces de afrontar un ataque grave? Es una pregunta muy importante, y los intereses nacionales requieren que descubramos qué sucedió para poder responder mejor", dijo Bush, poniendo en duda la fortaleza de su país frente a un próximo ataque terrorista.
Actualmente, con su popularidad en los niveles más bajos, Bush y sus asesores tratan de recomponer la imagen presidencial, con la esperanza de volver a los índices del 14 de setiembre de 2001. Entonces, a tres días del derrumbe de las Gemelas, mientras agradecía a los bomberos su labor en el escenario de la tragedia, el presidente alcanzaba su momento de mayor adhesión popular.
Al cumplirse el primer aniversario del ataque a las Torres de Nueva York, Bush intentó un nuevo golpe de efecto -dio a conocer los avances en la lucha contra el terrorismo- y su popularidad se mantenía. Cuando el 11 de mayo de 2003 anunció que terminaba la fase bélica de la guerra de Irak volvió a sumar puntos; lo propio ocurrió cuando anunció la captura de Saddam Hussein.
Lejos de esos impactos positivos, quizás ha llegado el momento de que Bush y su equipo de gobierno hagan una severa autocrítica y dejen de mirar de soslayo al resto del mundo.
Sólo recordar lo que dijo el 11 de octubre de 2000, entonces como candidato a la presidencia, y ponerlo a la práctica significaría un importante paso, tanto para el mandatario como para su país. "Si somos una nación arrogante, se resentirán con nosotros. Si somos una nación humilde pero fuerte, seremos bienvenidos", reconoció Bush, al expresar su visión sobre los asuntos internacionales durante el segundo debate con el demócrata Al Gore. La historia ha transcurrido demasido rápido desde aquellos días.

Obsesionado por la guerra
"Gran parte del fracaso del operativo realizado en la zona devastada por Katrina es el resultado de las políticas de la administración Bush, que en la práctica erosionaron las capacidades de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), principal responsable de enfrentar desastres. Obsesionado con la guerra contra el terrorismo y según su ideología de privatización de las funciones del gobierno, la administración socavó sistemáticamente la capacidad de largo plazo de la FEMA para prevenir desastres". (Terry Lynn Karl, gentileza de Nueva Mayoría)

La fase oculta de EEUU
La opinión de los canadienses sobre EEUU empeoró luego de la poco eficaz respuesta del presidente Bush a la catástrofe generada por el huracán Katrina y por la fase oculta de la sociedad estadounidense (la pobreza y el racismo), reveló ayer un sondeo. Un tercio de los canadienses encuestados por la firma The Strategic Counsel (TSC) dijo que su impresión de EEUU cambió negativamente. El 85% de los mil entrevistados expresó que su impresión de EEUU empeoró después de haber visto "la fase oculta de la sociedad estadounidense", en el estado de Louisiana.

Al desnudo por el viento
Cuatro años después del 11 del setiembre de 2001, el huracán Katrina demostró que EEUU no está preparado para enfrentar una catástrofe de gran envergadura en su propio territorio, al punto que las fuerzas armadas, utilizadas con prudencia por razones políticas, parecen ser el recurso a emplear en lo sucesivo. "El sistema de socorro en caso de catástrofe no estuvo a la altura de las circunstancias", admitió Bush, y ordenó una revisión de los planes de urgencia en todas las grandes ciudades de EEUU. Los servicios de socorro en Louisiana y en Mississippi se vieron desbordados por la tragedia.

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