Opaco final de la cumbre de la ONU

Los países latinoamericanos deploraron el fracaso de la asamblea más grande en décadas. Suma de intenciones. Los líderes mundiales renovaron compromisos. Se acordó celebrar una convención sobre terrorismo en 2006. Lucha contra la pobreza, pero sin obligaciones.

EL PLENARIO. La 60a Asamblea General fue la más numerosa en la historia del organismo internacional.
EL PLENARIO. La 60a Asamblea General fue la más numerosa en la historia del organismo internacional.
17 Septiembre 2005
NUEVA YORK.- Los líderes que asistieron durante tres días a la cumbre de Naciones Unidas (la mayor de la historia de la organización) acordaron ayer una declaración final de 35 páginas, considerada un acuerdo de mínimos, lejano a los ambiciosos objetivos propuestos por el secretario general, Kofi Annan. El documento de la 60a Asamblea General surgió de un compromiso de última hora, que obligó a rebajar las exigencias en cuestiones clave tales como la financiación del desarrollo, la lucha contra el terrorismo, el desarme y la no proliferación nuclear.
En la declaración apenas se menciona la planeada reforma del Consejo de Seguridad, donde Brasil, India, Alemania y Japón aspiran a ocupar un asiento permanente. Se renuevan compromisos ya adquiridos en la lucha contra la pobreza, pero sin ninguna obligación para aumentar la ayuda al desarrollo. También hay una condena del terrorismo y el anuncio de intenciones de celebrar en 2006 una convención sobre el tema.
Los países latinoamericanos se mostraron extremadamente críticos con el escaso impulso a la reforma de la ONU y reclamaron un esfuerzo extraordinario de renovación. En sus respectivos discursos, los mandatarios de esta la región expresaron su pesar por estas omisiones. Algunos hicieron de tripas corazón para declarar que se trata de un primer paso hacia adelante. "Seamos claros. No hemos avanzado lo que esperábamos cuando nuestra organización cumpliera sus sesenta años", reconoció el presidente chileno, Ricardo Lagos, tras subrayar: "un país pequeño, como el mío, aparece mejor protegido por un sistema multilateral eficaz". A su turno, el presidente mexicano, Vicente Fox, fue más optimista. "Yo creo que quien no quiera ver la importancia de la parte llena del vaso no está poniendo los pies en la realidad. No debemos estar satisfechos con este avance. No es la meta final, sino el punto de partida", declaró. El presidente paraguayo, Nicanor Duarte, llamó a la ONU a recuperar su rol articulador "para poner freno a las graves desigualdades e injusticias que afligen al planeta". Por su parte, el venezolano Hugo Chávez cargó contra la ONU. "Las Naciones Unidas han agotado su modelo. No sirve para nada y hay que decirlo", declaró. "El siglo XXI reclama cambios profundos que sólo serán posibles con una refundación de la ONU", añadió. El presidente del Parlamento de Cuba, Ricardo Alarcón, dijo que la ONU es víctima de un intento de manipulación de Estados Unidos "para convertirla en un instrumento de su dictadura global".
El jefe en Política Exterior y Seguridad Común de la Unión Europea (UE), Javier Solana, repartió responsabilidades al momento del balance de la cumbre. "Algunos países industrializados no han sido lo suficientemente audaces en materia de desarrollo, y algunos países en desarrollo han sido reticentes en el avance de las políticas de control de los derechos humanos", explicó. (Télam-SNI-Reuter-AFP-NA)

Tiempo perdido
Por Emilio J. Cárdenas, ex representante permanente dela Argentina ante la ONU
Los líderes que asistieron a la cumbre presumiblemente tenían claro que la pompa sería grande -como siempre-, pero que las circunstancias serían más bien minúsculas. Y así fue, porque el largo intento de reformar al organismo no ha tenido el éxito esperado.
El documento consensuado por la comunidad internacional es de poca significación, al menos comparado con lo que se pretendía. Quedó flotando la sensación de haber producido una declaración "lavada" en extremo. En el tintero quedaron nada menos que las pautas concretas para reformar el Consejo de Seguridad, el más importante organismo de la ONU. También quedó en el camino lo esencial para una reforma de la Comisión de Derechos Humanos, cuya politizada e inocua labor avergüenza a muchos.
Tampoco se avanzó, al menos como se esperaba, en la definición precisa del terrorismo. Países como el nuestro consideran que el terrorismo no es un crimen de lesa humanidad y se niegan a utilizar los criterios de definición que están claramente contenidos en el estatuto de la Corte Penal Internacional. Si, en cambio, se avanzó en la necesidad de apuntalar el estado de derecho y de contar con un clima adecuado para que las inversiones puedan materializarse en países que las necesitan.
En síntesis, estamos ante una lamentable desatención de lo que pudo haber sido una oportunidad histórica. (Exclusivo para LA GACETA)

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