16 Septiembre 2005 Seguir en 
WASHINGTON.- Los niños que sufrieron el caos por el pasaje del huracán Katrina en Estados Unidos serán las víctimas más frágiles ya que podrían sufrir problemas psicológicos permanentes, depresiones o comportamientos riesgosos en el futuro, según los expertos.
Incluso en los miles de niños que se encuentran acompañados por sus familias, el traumatismo estará también presente: antes de ser evacuados, muchos vieron a sus seres queridos ahogarse en las calles inundadas de Nueva Orleans (Luisiana, sur), perder sus objetos más preciados o su mascota.
Otros pasaron días interminables de espera con el estomago vacío y la garganta seca, cuando no asistieron a escenas de robo o escucharon tiros en la ciudad inmersa en una total anarquía.
Luego, vivieron el exilio. Albergados en centros atiborrados de víctimas o evacuados en Estados a cientos de kilómetros de su mundo, muchos no tienen en su futuro más que un horizonte de incertidumbre. Todos sus parámetros psicológicos han desaparecido.
"Los niños son un grupo particularmente en peligro ya que no pueden comprender en su totalidad lo que sucede", explica Robin Gurwitch, miembro de la Asociación estadounidense de psicología (APA, por sus siglas en inglés).
Según este especialista en el tratamiento de niños víctimas de catástrofes, muchos de aquellos que sobrevivieron a Katrina podrían sufrir ansiedad, problemas al dormir, pesadillas recurrentes, irritabilidad o cambios bruscos en el humor, siempre y cuando no se sientan perseguidos por recuerdos de la catástrofe.
Todos estos síntomas corresponden al "síndrome de estrés postraumático", una patología común en los soldados o víctimas de violaciones, atentados, accidentes o catástrofes.Los síntomas pueden presentarse algunas semanas después del suceso y si duran más de un mes el sujeto, niño o adulto, es considerado como enfermo.
Un estudio realizado en 175 niños luego del paso del ciclón Andrew por Florida, en 1992, señala que muchos sufrieron esta experiencia por mucho tiempo. Un año después del suceso, 16,5% de las víctimas todavía sufrían síntomas del estrés postraumático, y 11,6% a 18 meses de la catástrofe.
Otra investigación entre 550 niños luego de Andrew muestra que 30% de ellos sufrían en grados moderados o elevados estrés postraumático un año después.
Para hacer frente a estos traumas, se debe recrear un ambiente de normalidad en la vida de estos niños: llevándolos nuevamente a la escuela y buscando establecer contacto nuevamente con sus amigos, explicó Courtland Robinson, del Instituto Johns Hopkins Bloomberg de salud pública.
Los padres deben jugar un papel preponderante, sobre todo al mantenerlos alejados de la televisión, que difunde imágenes de la catástrofe, estimó.
A su vez, se le puede aconsejar terapia al niño para que haga frente a la enfermedad. Sin embargo, con un sistema de salud pública quebrado, puede resultar difícil para los más pobres acceder a estas terapias.
Sin ayuda, "probablemente un gran número" de niños tendrán pobres resultados escolares y podrán sufrir más adelante de inestabilidad profesional y sentimental, o incluso de la dependencia al alcohol o a la droga, afirmó John Fairbank, del Centro nacional para el estrés postraumático infantil.
"La magnitud de este suceso genera problemas y desafíos a largo plazo en el sistema" para que este se haga cargo de los niños, concluyó. (NA).
Incluso en los miles de niños que se encuentran acompañados por sus familias, el traumatismo estará también presente: antes de ser evacuados, muchos vieron a sus seres queridos ahogarse en las calles inundadas de Nueva Orleans (Luisiana, sur), perder sus objetos más preciados o su mascota.
Otros pasaron días interminables de espera con el estomago vacío y la garganta seca, cuando no asistieron a escenas de robo o escucharon tiros en la ciudad inmersa en una total anarquía.
Luego, vivieron el exilio. Albergados en centros atiborrados de víctimas o evacuados en Estados a cientos de kilómetros de su mundo, muchos no tienen en su futuro más que un horizonte de incertidumbre. Todos sus parámetros psicológicos han desaparecido.
"Los niños son un grupo particularmente en peligro ya que no pueden comprender en su totalidad lo que sucede", explica Robin Gurwitch, miembro de la Asociación estadounidense de psicología (APA, por sus siglas en inglés).
Según este especialista en el tratamiento de niños víctimas de catástrofes, muchos de aquellos que sobrevivieron a Katrina podrían sufrir ansiedad, problemas al dormir, pesadillas recurrentes, irritabilidad o cambios bruscos en el humor, siempre y cuando no se sientan perseguidos por recuerdos de la catástrofe.
Todos estos síntomas corresponden al "síndrome de estrés postraumático", una patología común en los soldados o víctimas de violaciones, atentados, accidentes o catástrofes.Los síntomas pueden presentarse algunas semanas después del suceso y si duran más de un mes el sujeto, niño o adulto, es considerado como enfermo.
Un estudio realizado en 175 niños luego del paso del ciclón Andrew por Florida, en 1992, señala que muchos sufrieron esta experiencia por mucho tiempo. Un año después del suceso, 16,5% de las víctimas todavía sufrían síntomas del estrés postraumático, y 11,6% a 18 meses de la catástrofe.
Otra investigación entre 550 niños luego de Andrew muestra que 30% de ellos sufrían en grados moderados o elevados estrés postraumático un año después.
Para hacer frente a estos traumas, se debe recrear un ambiente de normalidad en la vida de estos niños: llevándolos nuevamente a la escuela y buscando establecer contacto nuevamente con sus amigos, explicó Courtland Robinson, del Instituto Johns Hopkins Bloomberg de salud pública.
Los padres deben jugar un papel preponderante, sobre todo al mantenerlos alejados de la televisión, que difunde imágenes de la catástrofe, estimó.
A su vez, se le puede aconsejar terapia al niño para que haga frente a la enfermedad. Sin embargo, con un sistema de salud pública quebrado, puede resultar difícil para los más pobres acceder a estas terapias.
Sin ayuda, "probablemente un gran número" de niños tendrán pobres resultados escolares y podrán sufrir más adelante de inestabilidad profesional y sentimental, o incluso de la dependencia al alcohol o a la droga, afirmó John Fairbank, del Centro nacional para el estrés postraumático infantil.
"La magnitud de este suceso genera problemas y desafíos a largo plazo en el sistema" para que este se haga cargo de los niños, concluyó. (NA).







