15 Septiembre 2005 Seguir en 
PARIS.- Los ciclones o huracanes, como Ofelia, que se acerca actualmente a las costas del sureste de Estados Unidos, son fenómenos meteorológicos que se desarrollan de junio a noviembre en el Atlántico, nacen bajo forma de tormentas en los trópicos y se desplazan hacia el norte.
Capaces de desencadenar una potencia de 200 kilotones - diez veces la bomba de Hiroshima -, los huracanes se forman cuando la temperatura del mar es, al menos, de 27 grados Celsius sobre una profundidad de 80 metros, mientras el aire en la alta atmósfera es fría.
El aire caliente, más ligero, se eleva, aspirando la humedad del mar y creando nubes. Los vientos remontan entonces en altitud y otorgan a estas nubes un movimiento en espiral, alrededor de una zona relativamente en calma y llamada el "ojo del ciclón".
Llamadas tormentas tropicales en su nacimiento, estos fenómenos sólo se convierten en "ciclones" o "huracanes" a partir de una cierta intensidad.
Con una velocidad de 20 a 25 km/h, los ciclones tropicales poseen diámetros de entre 300 y 1.000 kilómetros. Su recorrido puede prolongarse sobre millares de kilómetros y, su tiempo de vida, es de cerca de una semana.
Alrededor de la zona de depresión, se forman vientos muy fuertes (hasta 300 km/h) y la humedad que absorben se bombea en altitud, se condensa y provoca lluvias intensas.
Seguido desde su nacimiento por satélites, la trayectoria de un huracán, sin embargo, no se puede prever con precisión. Depende de la circulación atmosférica general, pero también del mismo ciclón, porque crea su propia dinámica. Así, puede dibujar giros completos y volver a pasar por donde ya golpeó.
Los ciclones se clasifican según la escala de intensidad Saffir-Simpson, que se aplica en el océano Atlántico y el norte del Pacífico. Katrina, que golpeó Nueva Orleans, alcanzó el nivel máximo: 5.
Las tormentas tropicales sólo se bautizan - alternativamente con nombres masculinos y femeninos y por orden alfabético - a partir del momento cuyos vientos llegan a una cierta velocidad. Entre Katrina y Ofelia, el Atlántico soportó los asaltos de Lee, Maria y Nate. En cuanto al sucesor de Ophelia, se llamará Philip. (NA).
Capaces de desencadenar una potencia de 200 kilotones - diez veces la bomba de Hiroshima -, los huracanes se forman cuando la temperatura del mar es, al menos, de 27 grados Celsius sobre una profundidad de 80 metros, mientras el aire en la alta atmósfera es fría.
El aire caliente, más ligero, se eleva, aspirando la humedad del mar y creando nubes. Los vientos remontan entonces en altitud y otorgan a estas nubes un movimiento en espiral, alrededor de una zona relativamente en calma y llamada el "ojo del ciclón".
Llamadas tormentas tropicales en su nacimiento, estos fenómenos sólo se convierten en "ciclones" o "huracanes" a partir de una cierta intensidad.
Con una velocidad de 20 a 25 km/h, los ciclones tropicales poseen diámetros de entre 300 y 1.000 kilómetros. Su recorrido puede prolongarse sobre millares de kilómetros y, su tiempo de vida, es de cerca de una semana.
Alrededor de la zona de depresión, se forman vientos muy fuertes (hasta 300 km/h) y la humedad que absorben se bombea en altitud, se condensa y provoca lluvias intensas.
Seguido desde su nacimiento por satélites, la trayectoria de un huracán, sin embargo, no se puede prever con precisión. Depende de la circulación atmosférica general, pero también del mismo ciclón, porque crea su propia dinámica. Así, puede dibujar giros completos y volver a pasar por donde ya golpeó.
Los ciclones se clasifican según la escala de intensidad Saffir-Simpson, que se aplica en el océano Atlántico y el norte del Pacífico. Katrina, que golpeó Nueva Orleans, alcanzó el nivel máximo: 5.
Las tormentas tropicales sólo se bautizan - alternativamente con nombres masculinos y femeninos y por orden alfabético - a partir del momento cuyos vientos llegan a una cierta velocidad. Entre Katrina y Ofelia, el Atlántico soportó los asaltos de Lee, Maria y Nate. En cuanto al sucesor de Ophelia, se llamará Philip. (NA).
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