26 Julio 2002 Seguir en 
El barrio Juan B. Terán se tranformó, por un lado, en un gran gueto, y por otro, en un pequeño búnker.
Rejas y alambres de púa (algunos electrificados) son ya parte del paisaje que la inseguridad causó en la zona. En casi todas las casas, además, hay al menos un arma.
"Desde que cerramos todo y contratamos seguridad privada estamos un poco mejor, pero sigue habiendo robos y tiroteos todas las noches", dijo un vecino que no quiso dar su nombre.
Duelos nocturnos
La familia de Hugo Valenti es tal vez un ejemplo de la situación que viven los vecinos de ese barrio ubicado al sur de la capital tucumana. Los cinco miembros del grupo tienen armas, cada uno posee un aerosol de gas paralizante, y convirtieron su quiosco en una jaula en la que se encierran ellos mismos para atenderlo, permitiendo el ingreso de los clientes por su seguridad. "Varias noches tuvimos que subirnos a los techos y tirotearnos con ladrones para defender a algún vecino", dijo Valenti, quien integró la Policía Federal.
Su hija se salvó de ser asaltada la semana pasada gracias al tubo de gas y a sus gritos, que pusieron en alerta a sus hermanos y la ayudaron. También en este barrio se quejaron por la falta de reacción de la Policía. "A veces mandan a alguno en moto o en caballo, a otros a pie, pero se juntan en una esquina a charlar y en la otra les están robando las carteras a las mujeres", se quejaron.Todos ellos saben que es peligroso, que pueden cometer errores insalvables, pero no quieren estar desprotegidos y prefieren dormir con el arma bajo la almohada o salir a hacer las compras con un revólver en la cintura.
Rejas y alambres de púa (algunos electrificados) son ya parte del paisaje que la inseguridad causó en la zona. En casi todas las casas, además, hay al menos un arma.
"Desde que cerramos todo y contratamos seguridad privada estamos un poco mejor, pero sigue habiendo robos y tiroteos todas las noches", dijo un vecino que no quiso dar su nombre.
Duelos nocturnos
La familia de Hugo Valenti es tal vez un ejemplo de la situación que viven los vecinos de ese barrio ubicado al sur de la capital tucumana. Los cinco miembros del grupo tienen armas, cada uno posee un aerosol de gas paralizante, y convirtieron su quiosco en una jaula en la que se encierran ellos mismos para atenderlo, permitiendo el ingreso de los clientes por su seguridad. "Varias noches tuvimos que subirnos a los techos y tirotearnos con ladrones para defender a algún vecino", dijo Valenti, quien integró la Policía Federal.
Su hija se salvó de ser asaltada la semana pasada gracias al tubo de gas y a sus gritos, que pusieron en alerta a sus hermanos y la ayudaron. También en este barrio se quejaron por la falta de reacción de la Policía. "A veces mandan a alguno en moto o en caballo, a otros a pie, pero se juntan en una esquina a charlar y en la otra les están robando las carteras a las mujeres", se quejaron.Todos ellos saben que es peligroso, que pueden cometer errores insalvables, pero no quieren estar desprotegidos y prefieren dormir con el arma bajo la almohada o salir a hacer las compras con un revólver en la cintura.







