26 Julio 2002 Seguir en 
"Todos los días hay robos y asaltos. La bicicleta, la ropa, la cartera o la casa y el negocio; por todos lados y casi a cualquier hora", afirmó Segundo Cajal, pero lo podría haber dicho casi cualquiera de sus vecinos del barrio 11 de Marzo. El miedo es otra de las características de la zona, y por ello casi nadie se anima a contar lo que le pasó o lo que sabe.
La inseguridad parace haberse adueñado de los barrios de la capital tucumana, y como respuesta los vecinos empezaron a organizarse o directamente a armarse individualmente para defenderse.
"A la siesta no se puede andar. Antes era sólo de noche, pero ahora, después de las 13, es imposible salir a la calle sin ser asaltado", comentó Walter Chanadu.
Detrás de las rejas
Nora Maizales tiene su almacén en Juan Padrós al 1.700 y, a pesar de tener un buen local, tiene que atender por una ventana, protegida por las rejas. "De otra manera no se puede trabajar. Hasta ahora no me asaltaron (se persigna) pero sé que a mis vecinos y a los repartidores los tienen locos", comentó.
José, un sodero que distribuye su producto en la zona, dijo que muchos de sus colegas sufrieron robos. "Hasta ahora me salvé. El otro día me crucé con tres chicos y justo los vecinos empezaron a gritarme y a hacerme señas y pude escaparme", contó.
Entre las víctimas, además de vecinos y vendedores, están los colectiveros de la línea 11, quienes tratan de no denerse en las esquinas para no ser asaltados. También en el CAPS de la zona son frecuentes los robos, y varias veces se llevaron hasta los sanitarios. El último fue en marzo.
Los que se animaron a hablar y a dar sus nombres lo hicieron porque son respetados por los delincuentes o porque están armados y se sienten seguros. "Son todos de la zona, los conocemos y nos conocen. Por eso no podemos dar la cara, tenemos miedo", dijo un hombre que atendió a LA GACETA a través de las rejas de la ventana de su casa.
Un par de escarmientos
"A mí nadie me toca, en el barrio saben que no tienen que meterse conmigo ni con mi familia. Ya les di un par de escarmientos y aprendieron", aseguró Cajal sin dar precisiones sobre lo que hizo.
Los vecinos, según dijeron, se sienten abandonados por la Policía. "No vienen nunca, no hacen rondas y cuando vamos a la comisaría (13ª) siempre nos dicen que no tienen vehículo o que no tienen nafta. Y para recibirnos la denuncia nos cobran", dijo Chanadu.
Cajal agregó que siempre ofrecen conseguir las cosas robadas y que piden plata... "debe ser que saben quiénes son los ladrones y dónde guardan las cosas robadas", concluyó.
La inseguridad parace haberse adueñado de los barrios de la capital tucumana, y como respuesta los vecinos empezaron a organizarse o directamente a armarse individualmente para defenderse.
"A la siesta no se puede andar. Antes era sólo de noche, pero ahora, después de las 13, es imposible salir a la calle sin ser asaltado", comentó Walter Chanadu.
Detrás de las rejas
Nora Maizales tiene su almacén en Juan Padrós al 1.700 y, a pesar de tener un buen local, tiene que atender por una ventana, protegida por las rejas. "De otra manera no se puede trabajar. Hasta ahora no me asaltaron (se persigna) pero sé que a mis vecinos y a los repartidores los tienen locos", comentó.
José, un sodero que distribuye su producto en la zona, dijo que muchos de sus colegas sufrieron robos. "Hasta ahora me salvé. El otro día me crucé con tres chicos y justo los vecinos empezaron a gritarme y a hacerme señas y pude escaparme", contó.
Entre las víctimas, además de vecinos y vendedores, están los colectiveros de la línea 11, quienes tratan de no denerse en las esquinas para no ser asaltados. También en el CAPS de la zona son frecuentes los robos, y varias veces se llevaron hasta los sanitarios. El último fue en marzo.
Los que se animaron a hablar y a dar sus nombres lo hicieron porque son respetados por los delincuentes o porque están armados y se sienten seguros. "Son todos de la zona, los conocemos y nos conocen. Por eso no podemos dar la cara, tenemos miedo", dijo un hombre que atendió a LA GACETA a través de las rejas de la ventana de su casa.
Un par de escarmientos
"A mí nadie me toca, en el barrio saben que no tienen que meterse conmigo ni con mi familia. Ya les di un par de escarmientos y aprendieron", aseguró Cajal sin dar precisiones sobre lo que hizo.
Los vecinos, según dijeron, se sienten abandonados por la Policía. "No vienen nunca, no hacen rondas y cuando vamos a la comisaría (13ª) siempre nos dicen que no tienen vehículo o que no tienen nafta. Y para recibirnos la denuncia nos cobran", dijo Chanadu.
Cajal agregó que siempre ofrecen conseguir las cosas robadas y que piden plata... "debe ser que saben quiénes son los ladrones y dónde guardan las cosas robadas", concluyó.







