25 Julio 2002 Seguir en 
WASHINGTON.- A pocas horas de un crucial voto en el Congreso sobre la política comercial de Estados Unidos hacia América Latina, analistas y diplomáticos en Washington se muestran pesimistas sobre la posibilidad de un acuerdo. La Casa Blanca quiere que el Congreso vote mañana, antes de entrar en receso, sobre si le otorga al Ejecutivo la facultad para negociar tratados de libre comercio que posteriormente puedan ser aprobados o rechazados -pero no modificados- por los legisladores. Sin esa autorización, conocida como "vía rápida", no podría haber negociaciones serias por temor que el Congreso modifique posteriormente los acuerdos.
La autorización del Congreso es un paso importante para que el presidente estadounidense, George W. Bush, pueda cumplir con su promesa de instalar una zona de libre comercio de las Américas antes de 2005. Además, Bush necesita demostrar a sus aliados latinoamericanos que no los ha abandonado, una sensación muy difundida entre los países de la región tras los atentados del 11 de setiembre.
Presión tardía
Bush y sus funcionarios de mayor rango han aumentado su presión ante el Congreso esta semana, pero muchos observadores interregionales piensan que ya se les acabó el tiempo. Un difícil entorno político rodea el proyecto. Muchos congresistas demócratas no quieren otorgarle a Bush una victoria a pocos meses de las elecciones de noviembre. Además, los sindicatos estadounidenses, que tienen fuerza entre los demócratas, dudan de los beneficios del libre comercio, mientras que los empresarios -aliados naturales de una mayor apertura- no ven los beneficios de la liberalización como algo tan inminente que les amerite involucrarse en el debate. (Reuter)
La autorización del Congreso es un paso importante para que el presidente estadounidense, George W. Bush, pueda cumplir con su promesa de instalar una zona de libre comercio de las Américas antes de 2005. Además, Bush necesita demostrar a sus aliados latinoamericanos que no los ha abandonado, una sensación muy difundida entre los países de la región tras los atentados del 11 de setiembre.
Presión tardía
Bush y sus funcionarios de mayor rango han aumentado su presión ante el Congreso esta semana, pero muchos observadores interregionales piensan que ya se les acabó el tiempo. Un difícil entorno político rodea el proyecto. Muchos congresistas demócratas no quieren otorgarle a Bush una victoria a pocos meses de las elecciones de noviembre. Además, los sindicatos estadounidenses, que tienen fuerza entre los demócratas, dudan de los beneficios del libre comercio, mientras que los empresarios -aliados naturales de una mayor apertura- no ven los beneficios de la liberalización como algo tan inminente que les amerite involucrarse en el debate. (Reuter)







