Los que se van

(Del prólogo de "Irse. Cómo y por qué los argentinos se están yendo del país", por Diego Melamed, Sudamericana, Buenos Aires).

03 Abril 2002
"La inmigración es siempre un proceso traumático. No importa si se realiza en condiciones de opulencia o indigencia, si es motivada por razones políticas o si se trata de un recurso extremo y desesperado para salvar la vida, hay algo esencialmente desgarrador en la decisión de abandonar lo propio, lo familiar, lo conocido, para radicarse en una realidad ajena.
Nadie emigra por placer. Si bien en el acto de partir con el propósito de empezar de nuevo hay implícita una esperanza, la nueva realidad raramente satisface. Todo resulta raro, foráneo, hostil. Los lugares no tienen resonancia, la gente parece distante, las costumbres resultan extrañas y uno se encuentra un buen día evocando melancólicamente lo que dejó atrás sin recordar las razones que lo impulsaron a irse.El primer gran síntoma es la indiferencia. Como no existe una historia común con ese nuevo mundo, nada de lo que le sucede importa. Por optimista que sea, es difícil sustraerse a la apatía que empuja a establecer una relación meramente utilitaria con el país adoptivo. Por necesidad, uno se junta con los que se parecen a uno y pasa de la normalidad al ghetto, de la mayoría a la minoría.
Desde fines del siglo XIX y hasta la Segunda Guerra Mundial, la Argentina fue un país de inmigración. Cuando declaró su independencia, en 1816, aproximadamente medio millón de personas habitaban en las provincias del Río de la Plata.
La realidad de que la nueva nación ocupaba un extenso territorio escasamente poblado no escapó a los revolucionarios de la Primera Junta, quienes lanzaron una invitación ?a los ingleses, portugueses y otros extranjeros no en guerra con nosotros? para que vinieran a la Argentina.
En 1812, Rivadavia prometió ?pleno disfrute de todos los derechos extendidos al hombre en la sociedad? para todo aquellos inmigrantes que deseasen establecerse en la Argentina, y en 1852 Juan Bautista Alberdi sentenció: En América, gobernar es poblar...(...)...
A fines de la primera década del siglo XX, el vizconde James Bryce, un escritor y viajero británico, visitó la Argentina y quedó maravillado. En su libro América del Sur: observaciones e impresiones, proclamó que en una generación la Argentina tomaría su lugar entre Francia, España e Italia y se convertiría en ?cabeza y campeona de las razas latinas en el Nuevo Mundo?.
Setenta años más tarde, en 1978, la revista inglesa The New Statesman admira que ?el fracaso de la Argentina como nación constituye el mayor misterio político de este siglo?.
La primera gran emigración argentina fue esencialmente política y se produjo durante los años de la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983...(...)...
La segunda gran emigración argentina está sucediendo en estos días y su causa es esencialmente económica. Como Diego Melamed lo describe con tanta penetración como crudeza, argentinos de todas las edades se ven obligados a marcharse ante la imposibilidad de ganar lo suficiente y vislumbrar un futuro para ellos o para sus hijos en su propio país.
La actual no es la peor crisis económica que haya atravesado el país ni se trata de la situación objetivamente más intolerable. Pero hay algo que distingue el momento presente y es una sensación generalizada de que la esperanza se ha agotado a la par de los recursos".

Tamaño texto
Comentarios