23 Agosto 2005 Seguir en 
Corría el año 1927, cuando ese gran pionero industrial y filántropo que fue don Alfredo Guzmán, y su esposa, doña Guillermina Leston, resolvieron edificar una casa en su propiedad denominada Quinta Guillermina. Pensaron que de ese modo se agregaba un elemento más para embellecer ese sitio, que constituía una verdadera estación experimental de frutales y, a la vez, un soberbio muestrario de la vegetación tucumana.
El destacado arquitecto José Graña (a quien se le debe, por ejemplo, la actual sede de la Federación Económica de Tucumán) fue quien diseñó la casa. Desarrollada en dos plantas, los estudiosos han destacado el rol dinámico que juega la escalera, así como "el grupo de ventanas que acompaña el ascenso, enmarcadas por una rica y compleja combinación de jambas y alféizares de ladrillos y dinteles revocados". Además, "cenefas y viseras, decoradas con colores vivos y figuras de tratamiento fundamentalmente lineal, comparten temas de carácter prehispánico con otros".
En suma, una elegante casa de estilo "art déco bizarro", que integra de pleno derecho el patrimonio arquitectónico de Tucumán; ello además del valor que le agrega la significación de su propietario en nuestra historia económica y social.
Pero, como es frecuente entre nosotros, el edificio no recibió el cuidado que merecía. Al iniciarse los años 1970, y junto con la Quinta, pasó a pertenecer a la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. La casa estuvo cerrada durante varios años, y destinada a servir de depósito, hasta que, a fines del pasado decenio, se hizo cargo de ella la Fundación Amigos del Parque Guillermina.
La institución la decoró con elementos originales e inició en su ámbito un programa de exposiciones y actos de cultura. Pero no pudo evitar que el inmueble sufriera la acción de los delincuentes. Inclusive se lo dotó de un sistema de alarmas, pero sus cables fueron cortados.
El último robo ocurrió hace más de un mes, y se llevaron hasta muebles, una demostración de la falta de seguridad que rodea a la zona. Como informamos ayer, el hecho hizo que la Fundación renunciara a la administración de la casa, ya que, en las circunstancias actuales, se le hace imposible llenar ese cometido.
El hecho parece deplorable. Si se permitiera que quede como algo consumado, sería la demostración de que, en Tucumán, no es posible que un edificio, de propiedad oficial, pueda ser protegido de la acción de los malvivientes, y que la única posibilidad que queda es dejarlo librado a ese triste destino.Pensamos que el poder público municipal tiene que dar una respuesta adecuada a la cuestión que exponemos. En realidad, toda la zona de la Quinta Guillermina carece de la iluminación que correspondería a un paraje de esas características, en cuyas inmediaciones, además, existen numerosas viviendas.
No es necesario insistir en el obvio hecho de que la oscuridad constituye, desde siempre, el mejor apoyo para las actividades delictivas de cualquier índole. Y, junto con la iluminación, debe implementarse la vigilancia que corresponde, por parte de la Policía, en el inmueble al cual nos referimos.
Vigilancia que tiene que ser permanente, dada la reiteración de los robos que atentan contra ese patrimonio cultural. Ya se advierte que no resultan suficientes los recorridos permanentes que dice efectuar la seccional 3ª de la Policía.
Un edificio que es propiedad del Estado no puede continuar en esta situación de desamparo. Pensamos que debieran adoptarse las urgentes medidas protectivas y hacerse las diligencias para que, con esas nuevas condiciones, la Fundación reasuma la tenencia.
El destacado arquitecto José Graña (a quien se le debe, por ejemplo, la actual sede de la Federación Económica de Tucumán) fue quien diseñó la casa. Desarrollada en dos plantas, los estudiosos han destacado el rol dinámico que juega la escalera, así como "el grupo de ventanas que acompaña el ascenso, enmarcadas por una rica y compleja combinación de jambas y alféizares de ladrillos y dinteles revocados". Además, "cenefas y viseras, decoradas con colores vivos y figuras de tratamiento fundamentalmente lineal, comparten temas de carácter prehispánico con otros".
En suma, una elegante casa de estilo "art déco bizarro", que integra de pleno derecho el patrimonio arquitectónico de Tucumán; ello además del valor que le agrega la significación de su propietario en nuestra historia económica y social.
Pero, como es frecuente entre nosotros, el edificio no recibió el cuidado que merecía. Al iniciarse los años 1970, y junto con la Quinta, pasó a pertenecer a la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. La casa estuvo cerrada durante varios años, y destinada a servir de depósito, hasta que, a fines del pasado decenio, se hizo cargo de ella la Fundación Amigos del Parque Guillermina.
La institución la decoró con elementos originales e inició en su ámbito un programa de exposiciones y actos de cultura. Pero no pudo evitar que el inmueble sufriera la acción de los delincuentes. Inclusive se lo dotó de un sistema de alarmas, pero sus cables fueron cortados.
El último robo ocurrió hace más de un mes, y se llevaron hasta muebles, una demostración de la falta de seguridad que rodea a la zona. Como informamos ayer, el hecho hizo que la Fundación renunciara a la administración de la casa, ya que, en las circunstancias actuales, se le hace imposible llenar ese cometido.
El hecho parece deplorable. Si se permitiera que quede como algo consumado, sería la demostración de que, en Tucumán, no es posible que un edificio, de propiedad oficial, pueda ser protegido de la acción de los malvivientes, y que la única posibilidad que queda es dejarlo librado a ese triste destino.Pensamos que el poder público municipal tiene que dar una respuesta adecuada a la cuestión que exponemos. En realidad, toda la zona de la Quinta Guillermina carece de la iluminación que correspondería a un paraje de esas características, en cuyas inmediaciones, además, existen numerosas viviendas.
No es necesario insistir en el obvio hecho de que la oscuridad constituye, desde siempre, el mejor apoyo para las actividades delictivas de cualquier índole. Y, junto con la iluminación, debe implementarse la vigilancia que corresponde, por parte de la Policía, en el inmueble al cual nos referimos.
Vigilancia que tiene que ser permanente, dada la reiteración de los robos que atentan contra ese patrimonio cultural. Ya se advierte que no resultan suficientes los recorridos permanentes que dice efectuar la seccional 3ª de la Policía.
Un edificio que es propiedad del Estado no puede continuar en esta situación de desamparo. Pensamos que debieran adoptarse las urgentes medidas protectivas y hacerse las diligencias para que, con esas nuevas condiciones, la Fundación reasuma la tenencia.







