22 Julio 2002 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Así, de golpe, el señor Paul O?Neill, futuro visitante de Argentina, nos ha instalado en un escenario sórdido, aún más tenebroso que el ya consolidado. Pero un escenario realista en grado sumo a través del subconsumo y del extremo empobrecimiento, lo que nos lleva a preguntarnos si tenemos posibilidad de quebrar el designio que nos espera.
La ecuación es sencilla. De un ingreso per cápita de 8 a 9.000 dólares anuales antes de la devaluación hemos bajado (los argentinos promedio) a otro de 3 a 4.000 anuales, después de la devaluación que llevó el peso de 1 a 3,50, más todo el empobrecimiento en la sociedad que se venía produciendo desde antes de la devaluación, pero que se potenció posteriormente.
Pero hete aquí que el titular del Tesoro norteamericano, estando en la ex república soviética de Georgia, dijo: "si uno piensa en la situación de Georgia, donde el ingreso promedio por habitante es de un par de cientos de dólares por año, ¿cómo puede pensarse que eso es comparable con Argentina?" Y destacó que en Argentina el ingreso per cápita anual oscila entre 3.000 y 4.000 dólares, pese a la crisis. "¿Cuál de los dos países necesita más ayuda?" interrogó. Estas frases, si bien pronunciadas por un funcionario al que se califica de "bocón" -es decir, que dice lo que piensa espontáneamente pero sin consecuencia- en este caso sí tienen graves implicancias. Porque explican en gran medida el rol que EE.UU. y el Fondo Monetario Internacional, a través de su política de implacabilidad en las recomendaciones de ajustes y las constantes dilaciones para la firma de un acuerdo, aun de mínima, tienen reservados a la Argentina.
La idea es la de degradar a un país que ya ha sufrido mucho pero, desde la óptica de ellos, aun no lo suficiente. De tener un ingreso per cápita mensual de 200 a 300 dólares, hacerla bajar a otro nivel, de 10 a 20 dólares.
El camino para llegar a esa precarización no es difícil de recorrer. Entonces se puede pensar, o en sucesivas devaluaciones hasta igualar ese triste cuan impresionante récord de no ingresos, o bien conmociones a través de una inestabilidad política sin paralelo que nos haga retrogradar al status de India, Bangladesh o Indonesia, porque quizás sólo así se satisfarían las pretensiones de quienes quieren castigar a la Argentina, a la que ellos consideran irresponsable porque no devolvió los préstamos tomados.
La salida
Pero por otro lado, ellos se devanan los sesos pensando cuál puede ser la salida para la Argentina, o lo que se llama "plan sustentable para Argentina". Y en ese sentido tienen escasa imaginación porque incentivan únicamente la búsqueda de una mayor productividad exportadora a través de ventajas comparativas y de bajar el salario.
Es sabido que los países más productivos, desde cierto punto de vista estático pero prevaleciente en el mundo globalizado, son los que tienen menores ingresos per cápita y salarios ínfimos, casi gratis, porque son esos países que pueden exportar sus materias primas, en el caso argentino, granos y combustibles, casi sin competencia externa. Y con ello, ganar divisas genuinas.
Y como su mercado interno se ha reducido a su mínima expresión gracias a la caída de ingresos y nulo estándar de vida, entonces se cierra el círculo, ya que esos dólares o euros no se pueden gastar en el mercado doméstico sino que están disponibles para destinarlos al repago a los acreedores, sean bancarios o empresas, que experimentan una indignación tremenda a raíz de la falta de pago argentina.
Pero antes de que llegue O?Neill, la "comisión de notables" tendrá que apurar los estudios para un nuevo régimen monetario argentino, que sea "viable" y "anclable". Pero se descarta de plano la dolarización de la economía.
No hay nadie dispuesto a enviar barcos o aviones repletos de euros o de dólares a la Argentina, sino todo lo contrario, que cualquier suma de divisas se destine a pagarles a los acreedores.
La ecuación es sencilla. De un ingreso per cápita de 8 a 9.000 dólares anuales antes de la devaluación hemos bajado (los argentinos promedio) a otro de 3 a 4.000 anuales, después de la devaluación que llevó el peso de 1 a 3,50, más todo el empobrecimiento en la sociedad que se venía produciendo desde antes de la devaluación, pero que se potenció posteriormente.
Pero hete aquí que el titular del Tesoro norteamericano, estando en la ex república soviética de Georgia, dijo: "si uno piensa en la situación de Georgia, donde el ingreso promedio por habitante es de un par de cientos de dólares por año, ¿cómo puede pensarse que eso es comparable con Argentina?" Y destacó que en Argentina el ingreso per cápita anual oscila entre 3.000 y 4.000 dólares, pese a la crisis. "¿Cuál de los dos países necesita más ayuda?" interrogó. Estas frases, si bien pronunciadas por un funcionario al que se califica de "bocón" -es decir, que dice lo que piensa espontáneamente pero sin consecuencia- en este caso sí tienen graves implicancias. Porque explican en gran medida el rol que EE.UU. y el Fondo Monetario Internacional, a través de su política de implacabilidad en las recomendaciones de ajustes y las constantes dilaciones para la firma de un acuerdo, aun de mínima, tienen reservados a la Argentina.
La idea es la de degradar a un país que ya ha sufrido mucho pero, desde la óptica de ellos, aun no lo suficiente. De tener un ingreso per cápita mensual de 200 a 300 dólares, hacerla bajar a otro nivel, de 10 a 20 dólares.
El camino para llegar a esa precarización no es difícil de recorrer. Entonces se puede pensar, o en sucesivas devaluaciones hasta igualar ese triste cuan impresionante récord de no ingresos, o bien conmociones a través de una inestabilidad política sin paralelo que nos haga retrogradar al status de India, Bangladesh o Indonesia, porque quizás sólo así se satisfarían las pretensiones de quienes quieren castigar a la Argentina, a la que ellos consideran irresponsable porque no devolvió los préstamos tomados.
La salida
Pero por otro lado, ellos se devanan los sesos pensando cuál puede ser la salida para la Argentina, o lo que se llama "plan sustentable para Argentina". Y en ese sentido tienen escasa imaginación porque incentivan únicamente la búsqueda de una mayor productividad exportadora a través de ventajas comparativas y de bajar el salario.
Es sabido que los países más productivos, desde cierto punto de vista estático pero prevaleciente en el mundo globalizado, son los que tienen menores ingresos per cápita y salarios ínfimos, casi gratis, porque son esos países que pueden exportar sus materias primas, en el caso argentino, granos y combustibles, casi sin competencia externa. Y con ello, ganar divisas genuinas.
Y como su mercado interno se ha reducido a su mínima expresión gracias a la caída de ingresos y nulo estándar de vida, entonces se cierra el círculo, ya que esos dólares o euros no se pueden gastar en el mercado doméstico sino que están disponibles para destinarlos al repago a los acreedores, sean bancarios o empresas, que experimentan una indignación tremenda a raíz de la falta de pago argentina.
Pero antes de que llegue O?Neill, la "comisión de notables" tendrá que apurar los estudios para un nuevo régimen monetario argentino, que sea "viable" y "anclable". Pero se descarta de plano la dolarización de la economía.
No hay nadie dispuesto a enviar barcos o aviones repletos de euros o de dólares a la Argentina, sino todo lo contrario, que cualquier suma de divisas se destine a pagarles a los acreedores.







