El círculo peronista

Menem podría ser acompañado en la fórmula por Marín o Scioli.

21 Julio 2002
BUENOS AIRES. - La interna peronista se apoderó de la escena política argentina, donde se largó una confusa carrera hacia la presidencia de la Nación que parece no tener reglas claras de juego.
Mientras tanto, millones de argentinos siguen tironeados por la pobreza; la desocupación; el desamparo; el aumento de precios; la falta de crecimiento económico y los problemas provocados por el corralito bancario. A partir del momento en que Carlos Reutemann anunció su decisión de no pelear la interna peronista se desacomodó un complejo rompecabezas que la política argentina había comenzado a armar en torno de su figura. El justicialismo acusó el golpe y se produjo un doble efecto.
. Carlos Menem -y su conocido entorno- puso el pie en el acelerador para tratar de captar la adhesión de aquellos que dudan sobre quién tiene, hoy por hoy, verdadero poder en el PJ.
. El peronismo bonaerense se lanzó en la búsqueda del único candidato que puede hacer frente a Menem: el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, quien finalmente anunció que se sumará a la carrera electoral que rechazó Reutemann. "Voy a competir lealmente en las internas abiertas y aspiro a conquistar la confianza de los argentinos", dijo De la Sota al anunciar su precandidatura, en un mensaje que no sólo estuvo dirigido al peronismo sino también a los independientes, que son vitales en su lucha contra Menem.
Con el claro fin de diferenciarse de Menem y su entorno, el cordobés se mostró rodeado por toda su familia para hacer el esperado anuncio.

Sorpresa en la Rosada
Las palabras del gobernador sorprendieron a la Rosada y a la mayoría de los dirigentes peronistas. No porque hayan dudado de la decisión de De la Sota, sino porque esperaban que, previamente, el cordobés los llamaría por teléfono para avisarles.
Ahora, De la Sota espera que Reutemann y el gobernador bonaerense Felipe Solá lo apoyen públicamente, como ya lo hicieron en privado, para ratificar el eje de campaña que conforman Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Luego, tenderá puentes con las principales espadas del justicialismo para comprobar dónde está realmente parado.
De la Sota sabe que no será un camino fácil el que deberá recorrer para vencer a Menem y a sus aliados. Siempre guarda en su mente la derrota que sufrió cuando, acompañando en la fórmula a Antonio Cafiero, perdió frente al riojano y Eduardo Duhalde por la candidatura presidencial del 89.
Duhalde está hoy en la vereda de enfrente de Menem y hará todo lo posible para ayudar a De la Sota, aunque con la menor exposición posible. El cordobés no quiere que lo señalen como "el candidato" del Presidente, tal como le ocurrió a Reutemann. De la Sota espera una importante ayuda económica de la Nación para socorrer las arcas de una provincia donde su popularidad cayó al ritmo del crecimiento de las demandas sociales.También deberá hacer frente junto a Solá y Reutemann a los rebeldes que existen en sus provincias y que quieren tender puentes con Menem ante la posibilidad de que el ex presidente gane la pelea. Mientras esto sucede, Menem prepara su estrategia y mueve por todo el país a sus principales espadas. Ocurre que no puede trasladarse con facilidad.
Su imagen genera fuerte rechazo en importantes sectores de la sociedad.Menem, al igual que De la Sota, busca un compañero de fórmula. Ya pensó en el gobernador de La Pampa Rubén Marín o en el porteño Daniel Scioli.
Además quiere la adhesión de Mauricio Macri. El presidente de Boca competirá por la jefatura de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y desea encabezar un movimiento de centro-derecha.
El resto de los precandidatos es lo ya conocido. El gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner, quien piensa que la competencia por afuera del peronismo es una alternativa; el puntano Adolfo Rodríguez Saá que sigue dispuesto a dar lucha interna, al igual que el salteño Juan Carlos Romero, a quien no le disgustaría ser un compañero de fórmula.

Carrió, referente opositora
La oposición al peronismo sigue teniendo como principal referente a la diputada del ARI Elisa Carrió, quien busca alianzas para decidir su futuro.
Con Kirchner y el jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra la une un deseo de que se renueven todos los mandatos, aunque los separa su íntimo deseo de impulsar la abstención electoral.
En ese clima de poca claridad, el Gobierno nacional se apresta a iniciar contactos con la misión de "expertos" del FMI que llegará a la Argentina para avanzar en un plan económico coherente y sustentable, como reclaman ese organismo y Estados Unidos, a través del jefe del Tesoro, Paul O?Neill, quien prepara su visita al país.
Es esa economía que le sigue dando problemas al presidente Duhalde, sobre todo por el enfrentamiento que Roberto Lavagna mantiene con el titular del Banco Central, Aldo Pignanelli, quien desoyó al ministro de Economía y viajó a EE.UU. para reunirse con funcionarios del FMI.
Pignanelli tenía su propio plan para el corralito bancario, que incluía devolver hasta $10.000, pero se encontró con la negativa de Lavagna, quien pidió apoyo político a la Rosada cuando llovían las versiones sobre su renuncia y su reemplazo por Mario Blejer, el ex jefe del Central.
En esta parte de la pesadilla en que se convirtió la Argentina es como si el país se hubiera dividido entre los políticos, el mundo de la economía y el resto de los ciudadanos que reclama un mínimo de bienestar. (DyN)

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