Scotland Yard seguirá disparando a matar

Están en marcha dos investigaciones por el incidente. El jefe de las unidades armadas dijo que en la lucha contra los terroristas las decisiones se toman en circunstancias aterradoras. Disculpa a los familiares.

DOLOR. Un familiar del brasileño muerto protestó con un cartel que reza: “cinco balazos en nuestros corazones, ¿Quién tiene la culpa?”
DOLOR. Un familiar del brasileño muerto protestó con un cartel que reza: “cinco balazos en nuestros corazones, ¿Quién tiene la culpa?”
25 Julio 2005
LONDRES.- La policía británica mantiene la consigna de "disparar a matar" contra los presuntos kamikazes, anunció ayer el jefe de Scotland Yard, Ian Blair, a pesar de que esta política le costó la vida a un brasileño al que las fuerzas del orden creyeron vinculado a los atentados.
El jefe de la policía británica explicó a la televisión que no tiene intención de modificar las instrucciones dadas a las unidades armadas de Scotland Yard.
"Otras personas podrían ser abatidas; espero que esto no vuelva a ocurrir. Nosotros hacemos todo lo posible para que las cosas sucedan correctamente, pero estas decisiones son tomadas en circunstancias aterradoras", declaró a la cadena de información Sky News.
"No sirve de nada disparar al pecho de alguien, porque es probablemente allí donde se encuentra la bomba. Tampoco sirve de nada disparar a otro lugar, porque si caen, activarán el artefacto", justificó Ian Blair.
"Es lo que demuestra la experiencia de otros países como Sri Lanka. La única manera de reaccionar es disparar a la cabeza", añadió, en referencia a lo que los especialistas llaman "tirar a matar".
El sábado, Scotland Yard reconoció que el hombre abatido el viernes en la estación de metro de Stockwell, al sur de Londres, era inocente. La víctima, cuya identidad fue revelada por Scotland Yard, que calificó su muerte de tragedia, era un electricista brasileño que vivía legalmente en Londres desde hacía tres años, según la prensa británica.
En su comunicado del sábado, Scotland Yard indicó que el muerto se llamaba Jean Charles de Menezes y que "salió de una vivienda de Tulse Hill vigilada por la policía en el marco de la investigación sobre los incidentes del 21 de julio". "Lo siguieron unos policías hasta el metro. Su atuendo y su comportamiento aumentaron las sospechas", agrega el texto.
La policía no detalló las circunstancias que condujeron a su muerte, y la operación está siendo objeto de dos investigaciones: una de los servicios internos y otra de una comisión independiente.

Responsabilidad
Ayer, el responsable de Scotland Yard presentó sus más sentidas disculpas por la muerte del ciudadano brasileño, a quien confundieron con un presunto terrorista suicida.
"La policía de Londres asume la plena responsabilidad", aseguró Ian Blair, que transmitió además, a la familia de Menezes, su sentido pésame por esta muerte.
De Menezes, que según sus allegados hablaba inglés e iba a tomar el metro para ir a trabajar, no respondió a las llamadas de los agentes de policía, que iban vestidos de civil. Según testigos, el brasileño entró rápidamente en el metro seguido por los policías hasta un andén, donde tropezó y cayó. Entonces, un policía disparó cinco balas sobre el cuerpo del hombre.
Mientras, en Brasil, familiares y amigos del electricista acribillado a balazos en Londres manifestaron ayer su perplejidad y acusaron de irresponsables a las autoridades británicas. (AFP-DPA-Reuter)

En Londres, Amorim reclamó explicaciones

LONDRES.- El canciller brasileño, Celso Amorim (foto), pidió explicaciones ayer a Gran Bretaña por la muerte del joven brasileño Jean Charles Menezes, a quien la policía acribilló a balazos por error, advirtiendo que aun en el combate antiterrorista debe respetarse la vida de personas inocentes.
"Vine a Londres a expresar la conmoción y perplejidad del gobierno y pueblo brasileños por la muerte de Menezes", indicó Amorim, tras una reunión en Londres con funcionarios de la cancillería británica.
"Está claro que Menezes era un ciudadano pacífico e inocente", dijo el canciller, quien viajó a la capital británica a pedir explicaciones a las autoridades británicas por la muerte del electricista.
El canciller reiteró que Brasil se solidariza con el Reino Unido, que sufrió dos series de atentados contra el sistema de transporte público el 7 de julio (con un saldo de 57 muertos) y el jueves (sin víctimas). Amorim viajó a Londres para entrevistarse personalmente con su par británico Jack Straw, pero sólo pudo conversar por teléfono con él.
Se entrevistó con el subsecretario de Estado de la cancillería británica, David Treisman, quien pidió disculpas por la muerte de Menezes y aseguró que el gobierno de Gran Bretaña hará una investigación completa de lo ocurrido. (AFP)

ANALISIS
"Guerra de nervios" y "estado de sitio"

LONDRES.- Los londinenses tienen los nervios a flor de piel. Tras los mortales atentados suicidas del 7 de julio, los fracasados ataques justo dos semanas después y ahora los disparos a matar de la policía contra un inocente, los habitantes de la metrópolis británica viven con un miedo constante. Los periódicos describieron ayer el ambiente como tenso e irreal; hablan de "guerra de nervios" y de "estado de sitio".
La gente no puede librarse de la siniestra sensación de poder convertirse en cualquier momento en blanco de los terroristas en los autobuses o en el metro. Y ahora, encima, piensan en la terrible posibilidad de cruzarse por error en el camino de la policía.
"Esto es una guerra contra los que toman el transporte público", escribe Frank Ferano, quien fue testigo de cómo miembros de la unidad antiterrorista SO19 de Scotland Yard abatían al electricista brasileño Jean Charles de Menezes en la estación de metro de Stockwell.
La BBC ha recibido miles de e-mails de preocupados londinenses. Muchos dejan en claro que ya no queda mucho de la tranquilidad por la que eran conocidos los habitantes de esta ciudad. "Sé que, como alguien que ha vivido toda su vida en Londres, no debería hablar así, pero tengo miedo", escribe Steve Mitchell, de 32 años. "No logro comprender esta atmósfera de temor e inseguridad que ahora late en las venas de mi ciudad", agregó.
Los terroristas han logrado su objetivo: hundir a Londres en un miedo permanente. Muchos ya no hacen caso de los llamamientos del gobierno británico de continuar con la vida normal.
"Se acabó la era de los Bobbies (los policías británicos) desarmados", describe la situación el "Mail on Sunday".
Después de los atentados, cientos de policías armados con pistolas y vestidos de civil patrullan el metro y el tren con la orden no de poner fuera de combate a posibles terroristas suicidas, sino, si es necesario, de abatirlos.
El riesgo de actuar contra un inocente es algo que no se puede excluir, tal como demuestran los mortales disparos del viernes. Los responsables están en el centro de las críticas, pero ellos tienen sus motivos para defender una estrategia de mano dura.
Un ex jefe de la policía escribió en el "News of the World": "vivimos en tiempos del mal y nos encontramos en guerra con un enemigo de una brutalidad indescriptible". Por ello, asegura que, pese a todos los riesgos, no caben dudas de que sólo hay un modo seguro de impedir a un terrorista suicida que cumpla su objetivo: destruir su cerebro de inmediato. (DPA)
Joerg Berendsmeier

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