20 Julio 2002 Seguir en 
Es común que, con motivo de la crisis, regresen situaciones que se pensaba relegadas en el pasado. En estos últimos tiempos, se podría confeccionar una larga lista para documentar tal afirmación. Uno de esos rubros elegido al azar, es el problema de los carros de tracción a sangre circulando a su antojo por las calles céntricas de San Miguel de Tucumán.
Hace aproximadamente cuatro décadas que una explícita ordenanza prohibió terminantemente esa presencia, y tal norma no ha sido derogada, que sepamos.
Sin embargo y a pesar de nuestras reiteradas puntualizaciones, es un hecho no sólo que los carros se desplazan libremente por la ciudad, sino que cada día aparece una cantidad mayor de los mismos. Todas las noches llegan hasta las peatonales, para cargar cartones, sin que agente municipal alguno se moleste en impedirlo.
Permitir que carros tirados por caballos ingresen en el casco céntrico no solamente es algo que retrotrae el progreso de la ciudad a muchos años atrás.
Es, también, insistimos, una flagrante violación de esas normas vigentes, que la autoridad tiene deber de hacer respetar.
Hace aproximadamente cuatro décadas que una explícita ordenanza prohibió terminantemente esa presencia, y tal norma no ha sido derogada, que sepamos.
Sin embargo y a pesar de nuestras reiteradas puntualizaciones, es un hecho no sólo que los carros se desplazan libremente por la ciudad, sino que cada día aparece una cantidad mayor de los mismos. Todas las noches llegan hasta las peatonales, para cargar cartones, sin que agente municipal alguno se moleste en impedirlo.
Permitir que carros tirados por caballos ingresen en el casco céntrico no solamente es algo que retrotrae el progreso de la ciudad a muchos años atrás.
Es, también, insistimos, una flagrante violación de esas normas vigentes, que la autoridad tiene deber de hacer respetar.







