El temor al ostracismo

Por Marcelo Aguaysol

19 Julio 2002
El termómetro político, financiero y social sigue calentándose en Tucumán. Cientos de desocupados rodean diariamente la Casa de Gobierno en busca de un plan asistencial o de un mísero bolsón.
De más está decir que Tucumán se convirtió en un satélite de la Nación desde el punto de vista financiero. El gobierno de Julio Miranda experimenta las mismas vicisitudes que la gestión de Eduardo Duhalde y la acompaña, sin un rumbo claro. La decisión presidencial de darle al Poder Ejecutivo una ayuda de $40 millones para sostener los bonos se contrasta con las dudas acerca del envío de esos fondos. Lo malo que le puede ocurrir al Gobierno es que el desagio del Bocade se dispare a un 25%. Allí ya no lo podrá controlar y por eso se explica la desesperada búsqueda de efectivo en la empobrecida Casa Rosada.
El dominio federal no es sólo económico. Miranda supo explotar su amistad con Duhalde, presentándose en la contienda del PJ nacional como un aliado suyo. Lo político pesa. Lo paradójico es que el gobernador está rodeado por funcionarios y punteros políticos a los que, al menos en un 90%, les atrae la figura de Carlos Menem. El petrolero aún no habló con el riojano. Sus colaboradores dicen que no es porque no quiera hacerlo, sino porque no puede. Indefectiblemente, también está condenado a seguir la ruta a Anillaco.

El voto castigo
Miranda quiere volver al Senado. Es la hipótesis lógica -aunque suene a contrasentido-, y se daría en noviembre, con un posible renunciamiento a la reelección. No lo hará antes porque una decisión apresurada en ese sentido le hará perder poder dentro de las filas justicialistas y, como consecuencia, pondría en riesgo la gobernabilidad.
Antes de que se consume ese hecho, el PE elevaría un proyecto a la Legislatura modificando la norma que declara la necesidad de reforma total de la Constitución. Pura y exclusivamente para garantizar la inamovilidad de los jueces. Es otra forma de tentar al electorado con la independencia del Poder Judicial y lograr que la actual gestión cumpla su mandato sin contratiempos.En el PJ local comparan al senador José Alperovich con Carlos Reutemann. Sus conspicuos dirigentes afirman que atrae el voto independiente, pero que el gran peligro es que, al no ser afiliado, condene al PJ al ostracismo como sucedió con Ramón Ortega. "El ?Ruso? nos hace falta, tal vez como candidato a intendente o como senador", arriesga un estrecho colaborador de Miranda. Pero las aspiraciones del ex radical están mucho más allá de esas posibilidades electorales.
El peronismo, entonces, está ante una encrucijada frente a una figura a la que acunó e hizo crecer. Sabe que si le da la espalda a Alperovich y no lo contiene, este se convertiría en un postulante extrapartidario a gobernador que arrastrará el voto castigo. Según las especulaciones mirandistas, esa circunstancia alimentaría las chances de que Antonio Bussi -si es que se lanza al ruedo- pueda convertirse en un rival político peligroso para las elecciones de junio de 2003.

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