Miles de millones

(De "Miles de millones", por Carl Sagan, Ediciones B, Madrid).

19 Julio 2002
"Jamás lo he dicho. De verdad. Bueno, una vez afirmé que quizá haya 100.000 millones de galaxias y 10.000 trillones de estrellas. Resulta difícil hablar sobre el cosmos sin emplear números grandes.Es cierto que pronuncié muchas veces la frase miles de millones en la popularísima serie televisiva Cosmos, pero jamás dije miles y miles de millones; por una razón: resulta harto impreciso. ¿Cuántos millares de millones son miles y miles de millones? ¿Unos pocos? ¿Veinte? ¿Cien? Miles y miles de millones es una expresión muy vaga. Cuando adapté y actualicé la serie me entretuve en comprobarlo, y tengo la certeza de que nunca he dicho tal cosa.
Quien sí lo dijo fue Johnny Carson, en cuyo programa he aparecido cerca de treinta veces en todos estos años. Se disfrazaba con una chaqueta de pana, un jersey de cuello alto y un remedo de fregona a modo de peluca. Había creado una tosca imitación de mi persona, una especie de Doppelgänger que hablaba de miles y miles de millones en la televisión de altas horas de la noche.
La verdad es que me molestaba un poco que una mala reproducción de mí mismo fuese por ahí diciendo cosas que a la mañana siguiente me atribuirían amigos y compañeros (pese al disfraz, Carson -un competente astrónomo aficionado- a menudo hacía que mi imitación hablase en términos verdaderamente científicos).
Por sorprendente que parezca, lo de miles y miles de millones cuajó. A la gente le gustó cómo sonaba. Aun ahora me paran en la calle, cuando viajo en un avión o en una fiesta y me preguntan, no sin cierta timidez, si no me importaría repetir la dichosa frase.
-Pues mire, la verdad es que nunca dije tal cosa -respondo.
-No importa -insisten-. Dígalo de todas maneras.
Me han contado que Sherlock Holmes jamás contestó: Elemental, mi querido Watson (al menos en las obras de Arthur Conan Doyle), que James Cagney nunca exclamó: Tú, sucia rata, y que Humphrey Bogart no dijo: Tócala otra vez, Sam. Pero poco importa, porque estos apócrifos han arraigado firmemente en la cultura popular.
Todavía se pone en mi boca esta expresión tontorrona en las revistas de informática (?Como diría Carl Sagan, hacen falta miles y miles de millones de bits?), en la sección de economía de los periódicos, cuando se habla de lo que ganan los deportistas profesionales y cosas por el estilo.
Durante un tiempo tuve una reticencia pueril a pronunciar o escribir esa expresión por mucho que me lo pidieran, pero ya la he superado, así que, para que conste, ahí va.
Miles y miles de millones. ¿Por qué resulta tan pegadizo eso de miles y miles de millones? Antes, la expresión más corriente para referirse a un número grande era millones: los enormemente ricos eran millonarios; la población de la Tierra en tiempos de Jesús sumaba quizás unos 250 millones de personas; había casi cuatro millones de estadounidense en la época de la Convención Constitucional de 1787 -al comenzar la Segunda Guerra Mundial eran 132 millones-; hay 150 millones de kilómetros de la Tierra al Sol; unos 40 millones de personas hallaron la muerte en la Primera Guerra Mundial y 60 millones en la Segunda; un año tiene 31,7 millones de segundos (como puede comprobarse fácilmente); y a finales de la década de los ochenta los arsenales nucleares globales contenían un poder explosivo suficiente para destruir un millón de ciudades como Hiroshima. A casi todos los efectos, y durante largo tiempo, millón fue la quintaesencia de un número grande".

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