Los políticos siguen más pendientes de la lógica circular del microclima en que viven que de las señales que da la sociedad. Y la prueba es que la deserción de Carlos Reutemann por la lucha presidencial -a la que hay que sumar la de Mauricio Macri y la pérdida de impulso de Ricardo López Murphy-, al tiempo que despejó el tablero hacia la Casa Rosada, provocó en los partidos el efecto despertador que no consiguieron ni los piqueteros ni los cacerolazos de los acorralados.
La virtual polarización de las presidenciales de marzo de 2003 entre Carlos Menem y Elisa Carrió, del ARI, activó a todos, por derecha y por izquierda. Como si la política fuera una ciencia exacta antes que una disciplina eminentemente social, están en marcha todo tipo de cálculos y de ecuaciones; algunos, inclusive, no tienen nada que envidiar a esa lógica borrosa tan característica de la matemática moderna. El espinazo de Fuerza Republicana, que sigue siendo el de los Bussi, ya está jugado por Menem. La estrategia será: muy cerca del riojano, muy lejos del peronismo tucumano. Y aunque para los grabadores, con pragmatismo, se disimule que el dilema Menem-Carrió no se resolvió por cuestiones ideológicas, hubo un alto componente político en la elección. "Entre una economía liberal de mercado, de centro-derecha, y otra socialista o de centro-izquierda, no hay mayores dudas", se escuchó tronar en el cuartel de FR. A ello hay que sumarle el fluido diálogo de Ricardo Bussi con Adrián Menem. Por esta razón, la estrategia de armar un bloque federal con otros 10 partidos provinciales, idea que entusiasma a Roberto Lix Klett y al ala más añeja de FR, se consolidará, pero sólo en los límites del Congreso nacional. Otro tanto le pasará al anhelo del senador Pablo Walter de consolidar una gran centro-derecha nacional en torno de las figuras de López Murphy y de Patricia Bullrich para captar a los que pretenden estabilidad con honestidad.
Si en la Nación apoyarán a Menem, en Tucumán, como es obvio, sostendrán a Bussi padre como eterno candidato a gobernador. Pero el objetivo, más allá de la reaparición del omnipresente Alberto Germanó, es rodearlo de caras jóvenes, como Ernesto Padilla, Miguel Brito, Adolfo Matías, Javier Mirande, José Costanzo y José Bulacio, entre otros, sin descartar las constantes idas y venidas de Walter. Bussi no volverá con la raída escoba, pero sí con el latiguillo de la reducción del costo político. "Esto es lo nuevo, a lo que hay que agregar los 120.000 votos que él, hasta retirado, aporta", razonan en FR.
El martirio radical
La excitación también llegó al radicalismo. El domingo, la convención autorizará a la mesa chica de la junta de gobierno a dialogar con otros partidos afines. Sueñan con un Frente para Tucumán, en el que quepan desde el Pueblo Unido de Gumersindo Parajón hasta el diputado Ricardo Falú, pasando por socialistas, democristianos y peronistas no menemistas antimirandistas, como Julio Díaz Lozano. "El objetivo es provincializar el exitoso ensayo del interbloque legislativo", se entusiasma un parlamentario que sabe mucho de álgebra.
Lo curioso es que, en el plano nacional, irán con fórmula propia. "Internamente nos recluiremos, nos psicoanalizaremos y haremos una profunda autocrítica, no sólo sobre nuestra razón de ser tras 110 años de vida política, sino también sobre nuestra incapacidad para gobernar", confiesan.
En el PJ, mientras muchos preparan una caravana hacia Santiago del Estero para darle el sí a Menem, otros esperan el próximo paso de Miranda, tras el resbalón que provocó la deserción de Reutemann. Otros, más rápidos de reflejos, como Jorge Lobo Aragón, ya hasta comieron en Anillaco. Por lo que se ve, las ventanas de los partidos siguen dando, real o imaginariamente, a los despachos del poder antes que a los frustrados anhelos de la sociedad.







