10 Julio 2005 Seguir en 
En mayo, mediante Decreto de Necesidad y Urgencia, el Poder Ejecutivo de la provincia habilitó la construcción de viviendas evitando la licitación pública para su realización. Es altamente positivo que Tucumán tienda a reducir su déficit habitacional construyendo 3.000 viviendas por un valor de $ 250 millones. También es beneficioso para su economía, por el efecto multiplicador que tiene la actividad de la construcción, y en particular para la generación de empleo que es el único medio genuino de reducción de pobreza.
La contracara preocupante de esta iniciativa es el procedimiento establecido para concretarla. Con el argumento de falta de tiempo para un proceso de licitación pública, se afecta un elemento esencial para favorecer el clima de inversiones en la provincia, como es desvirtuar la competencia.
En momentos en los que el principal desafío de la economía argentina pasa por atraer inversiones, generar fuentes de trabajo de calidad, es decir empleo de alta productividad, construir confianza y visión de largo plazo, se juzga como un paso en falso lo ocurrido en Tucumán.
¿Qué se entiende por clima de inversiones? Es el conjunto de factores específicos de un lugar que configuran las oportunidades e incentivos de las empresas para realizar inversiones productivas, crear empleo y ampliar sus operaciones. Bajo el fenómeno de la globalización los parámetros para evaluar las condiciones de crecimiento de largo plazo de una economía, ponen énfasis en la empresa como motor del desarrollo. Porque son las empresas las que innovan y diferencian productos, mejoran procesos productivos y bajan costos para ganar mayores porciones de mercado, ya sea interno o externo. En esto el Estado juega un rol clave: de dos empresas iguales en dos países distintos, tendrá ventaja aquella en donde el país tenga las mejores instituciones y políticas económicas.
La mejor forma de atraer inversiones es mejorar constantemente el clima de inversiones en la región, y esto es lo que se juzga. Aunque el clima de inversión abarca muchos ámbitos de política económica, las empresas no sólo evalúan el conjunto de políticas sino también las acciones de las autoridades que puedan afectar los costos, los riesgos y las barreras a la competencia. Las presiones competitivas impulsan a las empresas a innovar y a incrementar su productividad en beneficio de los consumidores y los trabajadores. El dilema que se plantea es entre el corto y el largo plazo. En el corto plazo se reduce un problema, el déficit habitacional de la provincia, pero se afecta el largo plazo que es el que importa para alentar inversión productiva. Esta es en definitiva lo que permitirá que haya menores necesidades de que el Estado construya viviendas, porque crecerá el empleo y su productividad elevará los salarios, que haya mejoras sostenibles de las cuentas públicas, porque mejora la actividad productiva.
La contracara preocupante de esta iniciativa es el procedimiento establecido para concretarla. Con el argumento de falta de tiempo para un proceso de licitación pública, se afecta un elemento esencial para favorecer el clima de inversiones en la provincia, como es desvirtuar la competencia.
En momentos en los que el principal desafío de la economía argentina pasa por atraer inversiones, generar fuentes de trabajo de calidad, es decir empleo de alta productividad, construir confianza y visión de largo plazo, se juzga como un paso en falso lo ocurrido en Tucumán.
¿Qué se entiende por clima de inversiones? Es el conjunto de factores específicos de un lugar que configuran las oportunidades e incentivos de las empresas para realizar inversiones productivas, crear empleo y ampliar sus operaciones. Bajo el fenómeno de la globalización los parámetros para evaluar las condiciones de crecimiento de largo plazo de una economía, ponen énfasis en la empresa como motor del desarrollo. Porque son las empresas las que innovan y diferencian productos, mejoran procesos productivos y bajan costos para ganar mayores porciones de mercado, ya sea interno o externo. En esto el Estado juega un rol clave: de dos empresas iguales en dos países distintos, tendrá ventaja aquella en donde el país tenga las mejores instituciones y políticas económicas.
La mejor forma de atraer inversiones es mejorar constantemente el clima de inversiones en la región, y esto es lo que se juzga. Aunque el clima de inversión abarca muchos ámbitos de política económica, las empresas no sólo evalúan el conjunto de políticas sino también las acciones de las autoridades que puedan afectar los costos, los riesgos y las barreras a la competencia. Las presiones competitivas impulsan a las empresas a innovar y a incrementar su productividad en beneficio de los consumidores y los trabajadores. El dilema que se plantea es entre el corto y el largo plazo. En el corto plazo se reduce un problema, el déficit habitacional de la provincia, pero se afecta el largo plazo que es el que importa para alentar inversión productiva. Esta es en definitiva lo que permitirá que haya menores necesidades de que el Estado construya viviendas, porque crecerá el empleo y su productividad elevará los salarios, que haya mejoras sostenibles de las cuentas públicas, porque mejora la actividad productiva.







