Los Bocade son la peor pesadilla de Julio Miranda. Son una bomba de tiempo presta a estallar. La mecha puede encenderse mañana si el Gobierno no consigue recursos para concretar el canje de bonos por pesos. Hasta hoy, esa moneda espuria vino sosteniendo gobiernos -aun el de Antonio Bussi, quien despectivamente hablaba de los "papeles pintados" y luego llegó a emitirlos-, por lo que el peligro no es poco.
La situación llegó a un punto crítico. El bono vale casi un 20% menos que el peso. Ese porcentaje es el que ayer mencionó el ministro de Gobierno, Fernando Juri, como posible pago en pesos a los municipales, en los próximos meses. Lo hizo para desactivar un foco de conflicto y evitar un desastre mayor: el inicio de la cuenta regresiva para una gestión que políticamente puede sucumbir por los efectos sociales del desagio del Bocade.
El gesto de Juri puede ser una señal oficial de preocupación ante un futuro incierto o, por el contrario, de optimismo por las gestiones que realiza en Buenos Aires el ministro de Economía, Joaquín Ferre, que persigue los millones salvadores no sólo para atender los sueldos sino, además, para el cumplimiento de la Operatoria FET. Pero, a no engañarse: en el oficialismo existen más temores que esperanzas.
Una contingencia
Para colmo de males del mirandismo, la discusión que se abre por el veto a la ley de canje de bonos alimentará el enfrentamiento político entre menemistas y no menemistas de la Legislatura y del PE. Así, la relación institucional sufrirá a causa de la enmarañada interna del justicialismo. El debate por la insistencia de la norma se transformará en una contingencia. Será la pantalla. Los intereses reales transitarán paralelos, pero en las sombras.
Lo central no pasará por la legalidad del régimen de cambio de bonos por efectivo, o por si conviene que se haga por decreto o por ley. Pasará por el triunfo político sobre el contrincante peronista, llámese como se llame "el compañero". La pelea será entre los que están abiertamente con Menem y los que no se han proclamado aún por un candidato a presidente del PJ a nivel nacional. Será la lucha por espacios con vista a la disputa electoral provincial de 2003. La campaña está en marcha y hay que posicionarse lo mejor posible. Cualquier escalón -léase batalla política- sirve para trepar.
Sufrimiento doble
En consecuencia, Miranda sufrirá a dos puntas. Por un lado, por los efectos sociales de la caída del bono y, por el otro, debido a los efectos políticos del debate sobre el mejor sistema para devolverles credibilidad a los Bocade. Una cosa se resuelve con efectivo, algo con lo que el Gobierno no cuenta y respecto de lo cual sólo recibió promesas del Gobierno nacional. La otra se supera con definiciones políticas.
Si Miranda se suma a Menem puede que la presión no asfixie tanto. Por ahora, el mandatario se limita a tender puentes con el ex presidente a través de un mensajero fantasma, un hipermenemista que prefiere el anonimato. El gobernador no tiene su candidato para la interna nacional del PJ -puede ser José Manuel de la Sota-, por lo que jugará en desventaja en el enfrentamiento tras bambalinas con los parlamentarios menemistas, ya que no suma adhesiones.
En ese juego de tiranteces y de reacomodamientos en el tablero peronista, el vicegobernador Sisto Terán quedará entre fuego cruzado y en una posición incómoda, ya que es un hombre leal a Miranda pero apostó por Menem. Y será quien tenga que conducir la sesión en la que se debatirá la insistencia de la ley de canje de bonos.
Las piezas estarán en el recinto, pero la partida se jugará desde afuera y con intereses distintos de los legislativos. Lo económico cederá ante lo político.







